Cómo afecta a la extinción de las mariposas la desaparición de las granjas de Europa

Tanto las explotaciones agrícolas industriales como las abandonadas repercuten de forma negativa para la supervivencia de las mariposas. En Cataluña, varios investigadores españoles intentan combatir esta tendencia con "microrreservas".

Por Bridget Huber
Publicado 19 nov 2021 14:16 CET
Prado de flores silvestres en el Pirineo catalán

En los Pirineos está surgiendo un prado de flores silvestres que atrae a las mariposas en 40 000 metros cuadrados de campos de cultivo abandonados. El prado fue creado por una organización sin ánimo de lucro llamada Paisatges Vius (Paisajes Vivos), que recogió las semillas de otros prados cercanos.

Fotografía de Paisatges Vius

CASTELLÓ D'EMPÚRIES, GIRONA - Cada semana, durante los últimos 25 veranos, el biólogo Constantí Stefanescu ha recorrido los campos de Cataluña contando mariposas. El pasado mes de julio, en un día soleado, cerca de la desembocadura de los Pirineos en el Mediterráneo, se adentró en lo que antaño fue el prado más rico en mariposas de todos. En los primeros años, podía contar fácilmente 50 o 60 mariposas azules plateadas, junto con muchos otros polinizadores, todos atraídos por una alfombra de altramuces, tréboles y otras flores silvestres.

El prado era tan acogedor porque lo mantenía un agricultor que hacía las cosas a la antigua usanza, segando el campo sólo una o dos veces al año y utilizando el heno para alimentar a sus animales durante el invierno. Pero unos años después de que Stefanescu empezara a mantener un control de las mariposas, el agricultor abandonó el campo. Pronto, las zarzas ahogaron las flores silvestres, luego vino la maleza y finalmente surgió un bosque. Llegaron algunas especies de mariposas adaptadas a los bosques. Pero la rica diversidad que Stefanescu había contabilizado antes había desaparecido.

"Si miro los registros de hace 25 años, es un shock", dice Stefanescu, que dirige el Plan de Seguimiento de Mariposas de Cataluña, que rastrea las poblaciones de mariposas de la región en más de 140 lugares, con la ayuda de docenas de científicos ciudadanos.

Alrededor del 90% de las especies de mariposas de Cataluña viven en espacios abiertos y prosperan en praderas ricas en flores, como ocurre en la mayoría de los climas templados. Pero estas mariposas están sufriendo un enorme declive en toda Europa. Según uno de los índices más completos de la Unión Europea, la abundancia de mariposas de pradera se redujo en un 39 por ciento entre 1990 y 2017. Cataluña es un ejemplo extremo de esta ola de pérdida de biodiversidad en todo el continente: en los últimos 25 años, las poblaciones de las especies de pradera más comunes han disminuido aquí un 71 por ciento.

(Relacionado: ¿Por qué se están desplomando las poblaciones de insectos?).

Las mariposas, al igual que otros polinizadores, están siendo exprimidas por partida doble: en algunos lugares, a medida que las pequeñas explotaciones ganaderas dan paso a la agricultura industrial, los prados aptos para las mariposas se están agregando a campos mucho más grandes de un solo cultivo, como el maíz o los girasoles. Y en otros, los pastos y los campos están siendo abandonados y se están convirtiendo lentamente en bosques. Ambas tendencias son una amenaza crítica para las mariposas.

De pie, a la sombra del bosque, con una red en una mano y un portapapeles en la otra, Stefanescu dice que hay pocas posibilidades de que este lugar vuelva a ser el hábitat de primera calidad para las mariposas de pradera que era hace una generación. Por el contrario, espera que se deteriore aún más. "Este es el comienzo de la extinción local", dice.

Un declive en todo el continente

En toda Europa existen programas de seguimiento de mariposas, como el que coordina Stefanescu, algunos de los cuales se remontan a décadas. Dado que todos ellos utilizan una metodología similar, los investigadores y los ciudadanos científicos han generado un sólido conjunto de datos que proporciona información crucial sobre la situación de las mariposas. Esta información sirve cada vez más como indicador aproximado de la salud de otros polinizadores, como las abejas, y del medio ambiente en general. Y lo que los datos señalan es preocupante.

Una de cada cinco mariposas europeas se considera amenazada o casi. Los Países Bajos han perdido la mitad de sus mariposas desde 1990. Y las poblaciones de insectos en general se están desplomando, según un creciente conjunto de investigaciones, la más famosa de las cuales es el estudio de Krefeld de 2017, que descubrió que la abundancia de insectos en las reservas naturales alemanas se redujo en un 75 por ciento en un período de 27 años.

En una "microrreserva de mariposas" de Cataluña, una hormiguera de lunares (Phengaris arion) extrae el néctar del tomillo silvestre. La reserva la gestiona Paisatges Vius de acuerdo con el propietario del terreno. También preserva el hábitat de una mariposa afín, la maculinea alcon (Phengaris alcon).

Fotografía de Paisatges Vius

Las aves de campo, que comparten muchos de los mismos hábitats que las mariposas y se alimentan de orugas, también han disminuido drásticamente. Francia, por ejemplo, ha perdido un tercio de estas especies en los últimos 30 años.

El hábitat que sustenta a muchas de estas especies de insectos y aves también está en peligro. Más de las tres cuartas partes de los pastizales de la Unión Europea (UE) se encuentran en un estado de conservación "desfavorable", una designación amplia que puede significar cualquier cosa, desde la necesidad de mejora hasta la pérdida total. En el Reino Unido y los Países Bajos, por ejemplo, queda menos del 5 por ciento de los pastizales seminaturales.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la agricultura se considera el principal factor de pérdida de especies en todo el mundo. Pero cuando se trata de proteger los pastizales y las mariposas, pájaros y otros insectos que los habitan, la agricultura puede ser una fuerza positiva o negativa, dependiendo de cómo se practique.

La agricultura intensiva es claramente perjudicial para la biodiversidad. Pocas plantas y animales silvestres pueden sobrevivir a prácticas como la plantación de vastos campos de un solo cultivo, el uso de pesticidas y la siega y los arados frecuentes. La contaminación por nitrógeno, procedente tanto de los fertilizantes como de las explotaciones ganaderas concentradas, favorece el crecimiento de hierbas que desplazan a las plantas que necesitan las mariposas.

Pero, como contrapartida, la escasa intervención humana también perjudica a estos ecosistemas de praderas -como muestran los datos de Stefanescu- y, por tanto, a las poblaciones de mariposas. "La invasión de los bosques es una de las razones de este colapso", dice, "pero la intensificación es la otra cara".

Cuando Stefanescu termina su recuento de mariposas, conduce durante unos minutos por una carretera que serpentea entre campos de maíz y girasoles, tierras que antes eran praderas de heno. Se detiene junto a un campo de maíz, en el que el susurro de los tallos llega hasta el borde de la carretera. "Los bordes han desaparecido por completo", dice.

Parte de la razón por la que los paisajes agrícolas tradicionales menos intensivos son tan biodiversos es porque son un mosaico: los campos, las parcelas de bosque y los huertos están bordeados por muros de roca, setos y márgenes sin cultivar. Los diferentes usos humanos dejan espacio a las plantas y animales silvestres, que encuentran refugio en estas zonas intersticiales. El resultado es una especie de desierto domesticado.

Una densa alfombra de helechos crece en un terreno que, hasta que fue abandonado hace 15 años, era un prado recorrido por la gran mariposa azul y otras mariposas, cerca del macizo del Montseny, provincia de Barcelona. Paistges Vius está intentando restaurar el lugar.

Fotografía de Paisatges Vius

Pero la mecanización y las subvenciones agrícolas han animado a los agricultores a fusionar parcelas más pequeñas en campos grandes y uniformes y a meter más animales en espacios más reducidos. Y aunque la UE ha fijado objetivos concretos de protección de la biodiversidad, reconoce que estos programas han fracasado en gran medida. Para hacer frente al papel de la agricultura en la crisis de la biodiversidad, ha adoptado recientemente medidas como la estrategia "De la granja a la mesa" y la estrategia de biodiversidad. Sin embargo, lo que realmente determina la forma de producir alimentos en Europa es el programa de subvenciones agrícolas, llamado Política Agrícola Común (PAC), que costó unos 62 000 millones de euros en 2019 y representa más de un tercio del presupuesto de la UE.

En lugar de incentivar a los agricultores para que dejen espacio a la vida silvestre, ese programa sigue fomentando en gran medida la expansión de los monocultivos, como el gigantesco campo de maíz que Stefanescu se ha detenido a mostrarme.

"Este es un hábitat único", dice, señalando el mar de tallos verdes. "Y es uno hostil".

Los pastizales también almacenan carbono

Además de ser focos de biodiversidad, las praderas y sabanas almacenan enormes cantidades de carbono: unos 660 000 millones de toneladas en todo el mundo. En América del Norte, los pastizales pueden retener en su suelo tanto carbono como los bosques tropicales en forma de biomasa. Y sin embargo, son uno de los ecosistemas menos protegidos del planeta, mantenidos en gran medida por agricultores y ganaderos. A menudo se subestima la antigüedad de los hábitats de pastizales, pero muchos son anteriores a los humanos modernos. Fueron moldeados por los glaciares, los herbívoros gigantes extinguidos hace tiempo y el fuego.

Irene Figueroa, de Paisatges Vius, recoge semillas de hierba y flores silvestres en un prado de Pardines (Cataluña). Para compensar al propietario del terreno por segar lo suficientemente tarde como para permitir la recogida de semillas, le proporcionó doce balas de heno de otro prado.

Fotografía de Paisatges Vius

Algunas hierbas comunes de las praderas pueden vivir cientos o incluso miles de años. Pero, a diferencia de los bosques antiguos, la riqueza y el potencial de almacenamiento de carbono de las praderas antiguas se esconden bajo tierra en vastos sistemas de raíces, dice Joseph Veldman, profesor adjunto de ecología y biología de la conservación en la Universidad A&M de Texas (Estados Unidos).

Últimamente ha surgido una nueva amenaza para los pastizales: las campañas de plantación de árboles. Hace dos años, Veldman fue uno de las muchas voces críticas contra un artículo muy difundido que calificaba la plantación de árboles como la forma más eficaz de mitigar el cambio climático y afirmaba que se podría plantar un billón de árboles en la Tierra. El estudio era "inexacto y engañoso", según Veldman, y el esfuerzo de plantación de árboles que implicaba habría "amenazado gravemente" las praderas y sabanas.

Desde entonces, los autores del estudio han corregido su contenido y se han retractado de sus afirmaciones más amplias. Pero la idea de que plantar árboles nos salvará persiste, dice Veldman, y es especialmente atractiva para los líderes de la industria y los responsables políticos que no quieren reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

(Relacionado: ¿Es la quema de pellets de madera una opción de energía renovable que respeta el medio ambiente?)

Mientras tanto, en lugares como España y el prado cubierto de vegetación donde Stefanescu cuenta mariposas, las tierras de cultivo abandonadas se están convirtiendo en bosques. Tras décadas de despoblación rural, una cuarta parte del país está cubierta de bosques, tres veces más que en 1900.  La cubierta forestal, que incluye las plantaciones, aumenta una media de un 1% al año, sobre todo gracias a la regeneración natural.

Para algunos conservacionistas, esto parece una victoria: es una oportunidad de ceder a la naturaleza tierras marginales no deseadas. Las especies de aves de los bosques y los grandes mamíferos, como los lobos y las cabras montesas, ya están reapareciendo en España.

Pero dejar que las tierras de labranza no utilizadas se vuelvan salvajes no es la solución, dice Deli Saavedra, responsable de paisajes de Rewilding Europe. La repoblación forestal -un movimiento para restaurar los hábitats, a menudo mediante la introducción de depredadores y grandes herbívoros, como los caballos asilvestrados, en paisajes degradados- ha ganado adeptos en toda Europa en los últimos años. Los animales de pastoreo mantienen los paisajes "funcionales", dice Saavedra, al mantener los pastizales abiertos y reducir el riesgo de incendios.

El grupo de Saavedra está en las primeras fases de un proyecto que reintroduciría animales de pastoreo semisalvajes en más de dos millones de hectáreas de pastos abandonados en el sistema Ibérico, que se extiende a lo largo de la ribera oeste del río Ebro. "Hay una pieza que falta, y son los herbívoros", dice.

Protección emergente

En lo alto de los Pirineos, cerca de la frontera entre Francia y España, se está llevando a cabo otro esfuerzo, mucho más ágil, para intentar salvar una de las mariposas más emblemáticas de Cataluña: la de montaña azul (también conocida como Maculinea alcon o Phengaris alcon), que tiene grandes alas azules y beige. Los biólogos Irene Figueroa y Guillem Mas suben a toda velocidad por una empinada pista de tierra en un camión con tracción a las cuatro ruedas al que llaman “Tete”, un término catalán para referirse a un hermano. Al llegar a un remoto pastizal donde las flores silvestres crecen a la altura de la cadera, Figueroa descubre la planta huésped de la Maculinea alcon, la cruz de genciana.

(Relacionada: El cambio climático en España: impacto y consecuencias)

Al apartar sus robustas flores azules, encuentra los huevos de la mariposa -diminutos puntos blancos del tamaño de la cabeza de un alfiler- depositados cerca de un capullo. Las mariposas de montaña azul están amenazadas en Europa y han disminuido en gran parte de su área de distribución. Parte del problema de esta mariposa, la azul de montaña, es que sólo prospera en un hábitat muy estrecho, que se ha reducido drásticamente, y depende de una única planta huésped para reproducirse. Las mariposas azules también tienen una relación parasitaria con ciertas especies de hormigas. Mediante el uso de feromonas y sonido, las mariposas engañan a las hormigas para que alberguen sus orugas en sus colonias durante el invierno. "Hay muy pocos sitios que cumplan todos los criterios", dice Figueroa.

Figueroa y Mas se especializan en lo que podría llamarse protección de la naturaleza emergente. En lugar de acudir a los canales gubernamentales oficiales para proteger las especies, lo que puede llevar años, buscan plantas y animales amenazados, e incluso hábitats como praderas en flor. Como parte de su organización sin ánimo de lucro de conservación y restauración, Paisatges Vius (Paisajes Vivos en castellano), crean microrreservas para proteger rápidamente a las especies en peligro en los fragmentos de tierra en los que se encuentran.

Pero eso no significa que haya que cercar a los humanos, sino que negocian directamente con los propietarios cómo gestionar el paisaje. En el mejor de los casos, se trata de un simple acuerdo para que sigan haciendo lo que han estado haciendo, y la promesa de ponerse en contacto con Figueroa y Mas si piensan hacer algún cambio. En otros casos, piden a los propietarios que modifiquen sus prácticas, y les compensan por las pérdidas que ello pueda suponer.

En esta pradera, por ejemplo, han pedido a un ganadero que retrase y reduzca la siega. Esto permitirá a la mariposa de montaña azul vivir todo su ciclo vital, y también permitirá a Figueroa y Mas recoger semillas de flores silvestres que utilizarán para restaurar las praderas degradadas de los alrededores, con lo que se espera ampliar el hábitat de la mariposa. Para compensar al agricultor por segar menos, le compran heno de otras granjas. Y para consolidar la buena voluntad de los agricultores locales, han reparado recientemente algunos de los caminos que atraviesan los pastos. 

(Relacionado: ¿Qué es el calentamiento global?)

No es un trabajo rápido ni fácil, dice Mas. Los ecologistas y los agricultores suelen tener confrontaciones, e incluso algunos de los agricultores con los que colaboran piensan que lo que les piden no merece la pena, por lo molesto, comparado con el valor de los resultados que se obtienen. La conservación es cada vez más compleja, dice Mas. "Antes era sólo la pérdida de hábitat, pero ahora son muchas cosas: plantas invasoras, cambio climático, productos químicos... incluso si lo haces todo bien, puede haber un factor como el cambio climático que lo cambie todo".

La hormiga de la que depende la mariposa de montaña azul es sensible a los cambios de temperatura del suelo, por ejemplo.

"Esto es algo que realmente no podremos controlar en el futuro", dice Mas, y se queda sin palabras.

En ese momento, de pie en la ladera mientras las mariposas y las abejas se alimentan de las flores azules y púrpuras, el trabajo parece tan desalentador: recoger semillas, replantar praderas, alimentar alianzas con ganaderos reticentes con fardos de heno y charlas de ventanilla a ventanilla de camión en carreteras de montaña llenas de baches. Pero tal vez en esto consiste la búsqueda del equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza sobre el terreno.

"En estos antiguos paisajes que han sido utilizados por los humanos durante siglos o incluso milenios, el mayor nivel de diversidad se alcanza cuando hay colaboración", dice Stefanescu.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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