Más de un siglo de parques nacionales en España: nuestros espacios protegidos continúan amenazados

Desde los tupidos bosques de Garajonay hasta los valles de origen glaciar de Sierra Nevada, la belleza de algunos de los parques nacionales de España alberga además un gran valor ecológico. Sin embargo, muchos ecosistemas continúan gravemente amenazados.

Por Cristina Crespo Garay
Publicado 26 mar 2022, 10:01 CET
El hábitat natural de los flamencos son los humedales de aguas salina, ya sean costeros o ...

El hábitat natural de los flamencos son los humedales de aguas salina, ya sean costeros o del interior de la península. A lo largo de todo el litoral mediterráneo, así como en algunos puntos concretos del este y el sur, encontramos colonias de gran tamaño. Su mayor presencia la encontramos en la reserva natural de la Laguna de Fuente de Piedra, en Andalucía, así como en el Parque Nacional de Doñana, Andalucía, y en el Parque Natural del Ebro, Cataluña, o las Salinas de Santa Pola, en la Comunidad Valenciana. Actualmente se está intentando introducir la especie en Cabo de Gata, Odiel y la Bahía de Cádiz.

 

Fotografía de Bruno Durán, Fundación Global Nature

España se sitúa a la cabeza en conservación de la biodiversidad en Europa con más de 1600 áreas naturales, 152 parques naturales y 16 parques nacionales, la mayor concentración de espacios protegidos terrestres del continente. Nuestro país cuenta con un 36 por ciento de su superficie terrestre protegida y un 12 por ciento de la marina, siendo el país europeo que más aporta a la Red Natura 2000 y el que más reservas de la biosfera tiene del mundo, con 53.

“Nuestro país alberga la mayor biodiversidad de Europa y el mayor porcentaje de espacios protegidos”, afirma Antonio López Lillo, presidente de honor de Europarc. Actualmente, además de los parques nacionales y naturales, cuenta con 291 reservas naturales, 359 monumentos naturales, 61 paisajes protegidos y dos áreas marinas. Desde el año 2019 se han declarado 31 nuevos espacios.

“Los espacios naturales protegidos son indispensables dentro de las políticas ambientales, sociales y económicas de cualquier país”, afirma Ignacio Jiménez, coordinador del programa Espacios Protegidos, portavoz de Fundación Global Nature y explorador de National Geographic.

España alberga el 85 por ciento de las especies de plantas y el 50 por ciento de animales de la Unión Europea. “Estos espacios actúan como herramientas esenciales de conservación de nuestro patrimonio natural y cultural, ofrecen numerosas oportunidades de empleo y negocios, generan espacios de ocio, entretenimiento, promueven nuestra salud física y mental, lo cual se ha visto especialmente en tiempos de pandemia, juegan un papel crucial en la producción, depuración y almacenamiento del agua, reducen el impacto del cambio climático, y sirven como espacios científicos y educativos de primer orden”, explica Jiménez.

Dentro de las áreas protegidas, adquieren un tono especialmente importante los parques nacionales por su alto valor ecológico y cultural. Estas áreas poco transformadas por la actividad humana alcanzan un alto rango de singularidad ecológica, geológica o de paisajes, a menudo ligado a un alto interés científico, cultural y educativo.

La Red de Parques Nacionales cuenta con 16 espacios situados en 12 comunidades autónomas qué representan el 0,8 de la superficie de España las últimas ampliaciones han supuesto 80 000 hectáreas más Parque Nacional del Archipiélago de La Cabrera en el año 2019 y el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves en 2021 anteriormente declarado Reserva de la Biosfera y parque natural.

Cronología de la protección medioambiental

Los inicios de la protección legal de la naturaleza en nuestro país se remontan a 1973, cuando se creó la Federación de Parques Naturales y Nacionales de Europa, pero cabe destacar que el primer parque nacional se creó en 1918, en el valle de Ordesa y Monte Perdido (Aragón).

Hoy en día, este parque “recibe casi 600 000 visitas al año”, afirma el alcalde de Aynsa, Enrique Pueyo, habitante del territorio del Parque de Ordesa. “Uno de los principales motivos por los que se proclamó parque nacional fue el buen trato del territorio por parte de ganaderos y agricultores, un hecho significativo a la hora de recibir este galardón”.

En este enclave, la protección del quebrantahuesos ha sido un éxito rotundo, pero otras especies como la rana pirenaica, no han logrado desarrollarse del mismo modo en el parque. “No por el hecho de declarar un parque nacional consigues que las especies puedan subsistir, sino que hay que hacer una buena gestión”, afirma Pueyo. “Hasta hace unos años el parque era como un lugar aparte, desligado del territorio, pero ahora ha cambiado”.

La Caldera de Taburiente, El Teide y Aiguas Tortas

Más tarde, en el año 1954, se declararon como parques naturales el Teide, en Tenerife, y La Caldera de Taburiente, en La Palma. El Teide es el mayor y más antiguo de los parques de Canarias y en 2007 fue también declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y uno de los 12 Tesoros de España. Entre las peculiaridades que hacen de este parque un enclave único, se encuentra el hecho de que es el tercer volcán de base oceánica más grande del mundo y la décima isla más alta.

Su paisaje único navega entre cráteres, volcanes y ríos de lava petrificada que rodean el volcán de El Teide, que se alza hasta los 3718 metros de altitud. Además de tener un importante significado espiritual para los guanches y los aborígenes canarios, la importancia del parque también pasa por los numerosos yacimientos arqueológicos que se han descubierto.

Además, el parque alberga una biodiversidad única donde destaca el tajinaste rojo, el rosal del guanche, la hierba pajonera o el lagarto tizón. Este sensible ecosistema se ha visto amenazado por la actividad humana y las especies invasoras. Su similitud geológica con el planeta Marte ha hecho de este lugar uno de los puntos de referencia para los estudios relacionados con el planeta rojo. Por su parte, el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente - también Reserva de la Biosfera de la UNESCO - es la mayor atracción turística de la Isla Bonita y alberga el conocido Observatorio del Roque de los Muchachos.

Más adelante, en 1955 se declaró parque nacional el enclave de Aiguas Tortas y Lago de San Mauricio, en Cataluña. “Su principal seña de identidad corresponde a los más de 200 lagos o estanys, "a los impresionantes riscos de "ls Encantats y a sus característicos meandros de alta montaña (las aigüestortes)”, afirma la Red de Parques Nacionales. “Es un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza: lagos, torrentes, cascadas, turberas, canchales, agrestes picos y frondosos bosques de pino negro, abeto, pino silvestre, abedul y haya, constituyen el hogar de multitud de interesantes plantas y fascinantes animales de origen alpino o boreal”.

El desastre ecológico de los humedales

En 1969 el Parque Nacional de Doñana, en Andalucía, se convirtió en una de las áreas de conversación conservación más conocidas de Europa también declarada Reserva de la Biosfera de la UNESCO y Patrimonio Mundial. Sin embargo, Jiménez denuncia el estado de conservación de este lugar emblemático a pesar de su etiqueta. Parte de su gran importancia reside en las muchas especies icónicas que habitan este ecosistema, incluidos el águila imperial, el lince ibérico, el pato de cabeza blanca o la cerceta de mármol.

Sin embargo, “a pesar de todo este reconocimiento y protección, se trata de un ecosistema víctima de de la agricultura intensiva y de los pozos ilegales”, declara el informe Por un planeta vivo de WWF. “Su acuífero se seca y los arroyos ya casi no llevan agua a las marismas. La causa es el crecimiento sin control de la agricultura intensiva en los últimos años y, sobre todo, las más de 3000 hectáreas de cultivos ilegales y los más de 1000 pozos ilegales que están llevando al acuífero a una situación crítica”.

Según denuncia la organización, desde el pasado enero de 2022 el parque se encuentra aún más amenazado, debido a que las autoridades pretenden amnistiar los regadíos ilegales.

En situación parecida se encuentra el Parque Nacional de Tablas de Daimiel, en Castilla-La Mancha, que fue declarado como tal en 1973. Este humedal es único en Europa por ser el último ejemplo de las llamadas tablas fluviales, antes características de la llanura central en nuestro territorio.

“El drama de Las Tablas no es que estén casi secas en verano, eso es lo natural; el problema es que lo están así todos los meses y desde hace mucho tiempo, ante la mirada impasible y la falta de autocrítica de las comunidades locales sobre el origen del problema”, denuncia Alberto Fernández Lop, del programa de agua de WWF España.

“Constituye una importante zona para la conservación de la naturaleza por su vegetación y riqueza en poblaciones de aves acuáticas migratorias”, afirma. “Para su supervivencia, estos magníficos humedales dependen del agua que les suministran los acuíferos de la cuenca alta del Río Guadiana”.

Según explica el experto, las Tablas de Daimiel “eran un auténtico delta de interior, similar a emblemático Delta del Okavango en África, de aguas cristalinas y extensas praderas sumergidas de carófitos y una abundante y rica población de aves acuáticas que nublaban el cielo a su entrada y salida del humedal”.

Sin embargo, hoy en día la realidad es muy distinta. El humedal “es un sistema eutrófico, profundamente degradado y últimamente sin agua, fruto de una mantenida secuencia de degradación de sus aportes hídricos”.

Timanfaya y Garajonay, La Cabrera y Cabañeros

En 1974 se declaró el Parque Nacional del Timanfaya, en Lanzarote, un ecosistema único que cuenta con más de 25 volcanes, siendo algunos emblemáticos, tales como las Montañas del Fuego, Montaña Rajada o la Caldera del Corazoncillo. Siete años más tarde fue declarado el de Garajonay, en La Palma. “A escasa distancia de las desérticas costas saharianas, a lo largo de las agrestes cumbres de la isla Canaria de la Gomera, se refugia uno de los bosques más singulares y emblemáticos del Estado Español”, afirma la Red de Parques Nacionales. “Estas espléndidas y misteriosas selvas, [son los] últimos vestigios supervivientes de las ancestrales selvas subtropicales que hace millones de años poblaron el área mediterránea”.

Entrando en la década de los 90, el archipiélago de la Cabrera fue el siguiente ecosistema que obtuvo la distinción de parque nacional. Este conjunto de islotes de las Baleares debe su gran valor natural al aislamiento que sufrió a lo largo de la historia, llegando hasta nuestros días prácticamente intacto.

Cuatro años más tarde, Cabañeros en Castilla-La Mancha, continuó ampliando el listado. Su gran importancia reside en que es ejemplo viviente del bosque mediterráneo español, tanto por su conservación como por los sistemas ecológicos que lo forman. Además, este ecosistema, bautizado en honor a los refugios que se utilizaban durante las labores en el campo, alberga especies en peligro de extinción como el águila imperial o el lince ibérico.

Sierra Nevada, Monfragüe y Sierra de las Nieves

Declarado en 1999, el Parque Nacional de Sierra Nevada, en Granada, es uno de los más conocidos de España. “Sus empinadas cimas, a la vez que dominan un inmenso horizonte, matizado de pueblos y de caseríos, con praderas llenas de verdura, están cubiertas de nieve y de hielos, que a la altura de 9180 pies [2800 metros] son perpetuos, a pesar del apacible clima del país pintoresco que las rodea”, afirma la RPN.

El Parque Nacional de Monfragüe fue el primer espacio protegido de Extremadura. Declarado en primer lugar parque natural en 1979, fue finalmente declarado como parque nacional en el año 2007. Desde entonces y hasta hoy, Monfragüe se ha consolidado como uno de los mejores santuarios para la observación de aves.

Cada año, miles de turistas se acercan a la zona para disfrutar del avistamiento de cigüeñas negras, alimoches, buitres o el águila imperial. Uno de los lugares más emblemáticos de la Reserva de la Biosfera es el Salto del Gitano, una curiosa formación geológica que parece representar la figura de un guardia civil con su tricornio, leyenda que ha dado origen a su nombre.

El último ecosistema declarado como parque nacional es el de Sierra de las Nieves, en la zona más elevada de la Serranía de Ronda, en Málaga, constituyendo las montañas más elevadas de la Andalucía occidental, con los 1919 metros de altura del Pico Torrecilla. Nombrado en honor a la nieve que se acumula en sus cumbres, su estratégica ubicación geográfica, unida a sus características geológicas y orográficas, crean una diversidad vegetal única.

30 por ciento para 2030

A pesar de ser considerados un emblema de nuestro territorio, muchos de estos lugares arrastran grandes problemas medioambientales cuya protección legal no ha sido capaz de atajar. “A pesar de estos datos, la opinión pública española no termina de valorar la importancia de estos espacios o de sentir orgullo por nuestro liderazgo global. Tampoco considera la necesidad de invertir en su cuidado y mantenimiento. Como resultado, la inversión pública en nuestros espacios naturales ha disminuido sustancialmente en los últimos años, según refleja la inversión en nuestros parques nacionales”, manifiesta Ignacio Jiménez.

El último informe del estado de la Red Natura 2000 coincide en que, a pesar de la declaración de estos territorios como enclaves únicos, muchas zonas de alta montaña y humedales siguen estando gravemente amenazados.

Además, cada vez hay más evidencias del papel que juegan las áreas protegidas como contribuidoras clave para mantener la salud de los territorios, los ecosistemas y la salud de las personas, además de para afrontar el cambio climático y hacer viable la sostenibilidad.

“Estamos inmersos en una crisis climática en la que existe una necesidad urgente de reducir drásticamente las emisiones de carbono y también revertir la pérdida de biodiversidad y mejorar la resiliencia de los ecosistemas de carbono azul”, afirma Rosa Mendoza, directora del proyecto Life Natura. Entre estos sumideros de carbono, los humedales se encuentran entre los lugares más estratégicos para frenar el cambio climático.

Según el último informe Protected Planet, existen más de 260 000 áreas protegidas en el mundo, que representan un 15 por ciento de la superficie de la tierra y un 8 por ciento del mar. Sin embargo, este estudio afirma que el 34 por ciento de las zonas clave para la biodiversidad aún carecen de protección legal.

La estrategia de la Unión Europea sobre la biodiversidad de aquí a 2030 propone proteger al menos el 30 por ciento de las zonas marinas y terrestres de los países que componen la Unión Europea. De acuerdo a los datos extraídos en el documento, en la actualidad, España alcanza el 36,2 por ciento de la superficie terrestre protegida y el 12,3 por ciento de la superficie marina. Por tanto, nuestro país uno de los pocos que cumplen con esta meta europea en el aspecto terrestre, pero aún queda mucho camino por delante.

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