Golpes de frío: la amenaza desconocida de las zambullidas veraniegas

Que haya una ola de calor no significa que el agua esté caliente. Esto es lo que los navegantes y bañistas deben tener en cuenta antes de darse un chapuzón en pleno verano

Por Laura Hautala
Publicado 22 may 2023, 11:36 CEST
Buceadores de acantilado se alinean a lo largo del río Clackamas en High Rocks Park

Buceadores de acantilado se alinean a lo largo del río Clackamas en High Rocks Park durante una ola de calor en junio de 2021 en Portland, Oregón.

Fotografía de Nathan Howard, Getty Images

No hay nada mejor en un día sofocante de verano (o primavera, como ha ocurrido este año) que zambullirse en agua helada. Mientras una ola de calor impropia de la época se apodera del noroeste del Pacífico en Estados Unidos, parecida a la que pasó por la Península a principios de mayo de 2023, multitud de personas se dirigen a los ríos, lagos y vías fluviales. Pero el agua fría preocupa a los expertos en salud pública y a los socorristas.

En la costa oeste de Estados Unidos las temperaturas del aire superaron los 32 grados centígrados en algunos lugares, pero las masas de agua naturales se quedaron entre los cuatro y los 10 grados. En esas condiciones, incluso los nadadores más expertos corren el riesgo de ahogarse. ¿Por qué? El agua fría desencadena reflejos involuntarios en el cuerpo, lo que provoca jadeos, hiperventilación, desorientación y falta de control muscular.

Este riesgo de muerte en regiones con agua fría aumentará a medida que el cambio climático traiga olas de calor más frecuentes y extremas.

"Sin duda, estamos muy pendientes de ello", afirma Carly Kovacik, meteoróloga del Servicio Meteorológico Nacional de Seattle. La agencia publicó recientemente un aviso en las redes sociales recordando a la gente que "el aire puede estar caliente, pero el agua está fría".

El Lago del Cráter, en el Parque Nacional del Lago del Cráter, al sur de Oregón, es el lago más profundo de Estados Unidos. No hay ríos que alimenten el lago, que se llena con las precipitaciones anuales y el deshielo. Durante los meses de invierno, la temperatura del agua ronda los 3°C, y la de la superficie sólo sube a 15°C en verano.

Fotografía de Phil Schermeister, Nat Geo Image Collection

Posibles consecuencias de tirarse al agua fría

Para quienes ignoran medidas de seguridad como llevar chaleco salvavidas, una zambullida repentina y helada suele producir un choque frío, que provoca jadeos reflejos e hiperventilación. Si estás sumergido, los pulmones se llenarán de agua. También puedes desorientarte y perder la noción espacial. Al cabo de unos dos minutos, empezarás a perder el control muscular de las extremidades. Todo se combina para impedir que te salves.

La mayor amenaza durante una ola de calor es el propio calor, que puede elevar la temperatura corporal central a niveles peligrosos, provocando insolación y la muerte. Pero las olas de calor también pueden provocar un aumento de una categoría de muertes que los epidemiólogos denominan "muertes por lesiones". En ella se incluyen los ahogamientos, así como las muertes por accidentes de tráfico, actos de violencia o crisis de salud mental.

Investigadores de la Universidad de Washington (Estados Unidos) descubrieron que durante un episodio de calor extremo que azotó el noroeste del Pacífico y el oeste de Canadá en 2021, se produjeron en el estado de Washington 159 muertes por lesiones más de las que normalmente se habrían esperado para esa época del año. Al menos cuatro muertes se debieron a ahogamientos. Entre ellos, un navegante que se zambulló en el lago Washington después de que su hija cayera por la borda. Un amigo lo describió en un reportaje como un "nadador perfecto".

Gene y Sandy Ralston, pareja de Idaho, han participado como voluntarios en la búsqueda de víctimas de ahogamiento desde principios de la década de 1980. En 2019, utilizaron GPS y sonar para buscar el cuerpo de una víctima de ahogamiento no recuperada en el lago Billy Chinook Reservoir, en Oregón. Los Ralston bautizaron su embarcación, Kathy G, con el nombre de una joven cuyo cadáver recuperaron en 2007. No cobran a las familias por su tiempo ni por el uso de la tecnología, sino sólo por los gastos de desplazamiento.

Fotografía de Leah Nash, Guardian, eyevine, Redux

La utilidad real de los chalecos salvavidas

Los ahogamientos en aguas frías ya se producen con sombría regularidad en la mitad occidental de Washington, cuando la gente se siente tentada a salir al exterior en los primeros días cálidos del año. A medida que el calor extremo atrae a más gente hacia el agua, los gobiernos fomentan el uso de chalecos salvavidas.

Los chalecos salvavidas mantienen la cabeza por encima del agua, lo que permite a la gente aguantar los minutos de jadeo e hiperventilación incontrolables con un riesgo mucho menor de ahogarse. También evita que se hundan una vez que sus extremidades ya no pueden funcionar. El resultado es que el impulso de saltar al agua fría tiene menos posibilidades de ser fatal.

"Puedes hacerlo con un chaleco salvavidas", afirma Kristie Ebi, profesora del Centro de Salud y Medio Ambiente Global de la Universidad de Washington. "Puede matar no hacerlo".

Ebi investiga los riesgos para la salud asociados a un clima cambiante. Conseguir que la gente se tome en serio el riesgo de ahogamiento es un reto, dice, porque la mayoría tiende a pensar que estará a salvo aunque sepa que existe un riesgo.

Cualquier región con agua fría (piensa en lagos que acaban de descongelarse o ríos alimentados por el deshielo) presenta un riesgo de golpe de frío y ahogamiento. El calor extremo de finales de primavera o principios de verano podría aumentar los ahogamientos en aguas frías en Canadá y el norte de Estados Unidos, así como en Escandinavia y el resto del norte de Europa.

El Reino Unido, que sufrió una ola de calor sin precedentes en 2022, tiene aguas costeras frías todo el año. Un departamento de bomberos del condado de Lincolnshire, en el extremo oriental de Inglaterra, publicó un vídeo en YouTube en 2020, explicando el riesgo de golpe de frío e instando a la gente a tener cuidado en un embalse local.

"Sin lugar a dudas", los gobiernos de todas las regiones de aguas frías esperan que el problema empeore a medida que sigan subiendo las temperaturas a principios del verano, afirma Ashley Massey, responsable de información pública de la Junta Marina Estatal de Oregón.

La agencia de Massey inició a mediados de mayo una campaña en las redes sociales para la Semana Nacional de la Navegación Segura, instando a la gente a llevar chalecos salvavidas. Pero la inesperada ola de calor se adelantó al mensaje.

En una vista aérea, un nadador se refresca en el lago Carey durante las altas temperaturas el 28 de julio de 2022 en Ellensburg, Washington. El noroeste del Pacífico sigue sufriendo una ola de calor que está batiendo récords de temperatura en algunas zonas.

Fotografía de David Ryder, Getty Images

Un ahogamiento rápido

Según Gordon Giesbrecht, catedrático de Kinesiología de la Universidad de Manitoba (Canadá), para que la advertencia cale hondo, los organismos públicos deben insistir en que un nadador desprotegido puede ahogarse mucho más deprisa por un golpe de frío y pérdida de control muscular que por hipotermia. Llevar un flotador protege al nadador durante los 30 minutos que puede tardar la temperatura corporal en descender por debajo de los 35 grados.

"Tendrías suerte de vivir lo suficiente para morir de hipotermia", afirma Giesbrecht.

El mayor riesgo no significa que no puedas meterte nunca en agua fría. Los participantes en zambullidas con osos polares así lo afirman. Pero Giesbrecht recomienda sumergirse lentamente y mantener la cabeza fuera del agua. Evita la inmersión total, sobre todo de golpe.

Y si vas a ir en barca o saltar al agua, usa un flotador, dice Ebi, experto en salud climática de la Universidad de Washington: "Lánzate al agua. Disfrútala. Ponte un chaleco salvavidas".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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