¿Cómo funcionan las tormentas de verano?

El tiempo cálido y húmedo puede crear las condiciones perfectas para una tormenta vespertina sorpresa, pero dónde y cuándo se produzca puede cambiar a medida que el planeta se calienta.

Por Kieran Mulvaney
Nubes de tormenta

El calor y la humedad son dos ingredientes cruciales que pueden hacer que el tiempo soleado se vuelva tormentoso.

Fotografía de Babak Tafreshi, Nat Geo Image Collection

Para muchos de nosotros, los meses cálidos son una época para relajarse, tomar el sol y hacer un picnic. Pero, ¿quién de nosotros no ha experimentado alguna vez el pavor de ver cómo se forman nubes de tormenta como salidas de la nada en una tarde calurosa, seguidas de una loca carrera en busca de cobijo cuando de repente se desata la lluvia?

¿Por qué las tormentas parecen ser más frecuentes en verano?

La razón es sencilla: el tiempo estival suele ofrecer las condiciones perfectas para que se formen tormentas. Las temperaturas cálidas permiten que la atmósfera retenga más humedad, y esa humedad es un requisito previo para la formación de nubes (específicamente, las altas y amenazadoras nubes cumulonimbos que producen truenos y relámpagos).

Pero esto no es así en todas partes. Y como el cambio climático hace que el mundo sea cada vez más cálido, algunas partes del mundo están viendo este tiempo tormentoso con cada vez más frecuencia.

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Cómo el calor cocina una tormenta

A medida que el sol calienta el suelo, el aire sobre él se eleva de forma natural hasta que choca con una capa superior de aire frío, creando inestabilidad atmosférica, el componente necesario para una tormenta.

Con la bomba así de cargada, todo lo que se necesita es un detonante, algo que haga que el aire caliente siga subiendo. Puede ser, por ejemplo, un frente (que es esencialmente una colisión entre dos masas de aire) o una cadena montañosa que crea una barrera que obliga al aire a ascender.

A medida que el aire cálido y húmedo sigue ascendiendo, las nubes cumulonimbos crecen cada vez más, llegando más arriba hasta que las gotas de humedad se convierten en partículas de hielo que rebotan entre sí, creando cargas eléctricas que acaban descargándose en forma de rayos, que calientan y expanden el aire circundante para producir truenos. Sólo un 10% de los relámpagos llegan al suelo; el resto se descarga de nube en nube.

Se calcula que cada año se producen 16 millones de tormentas eléctricas en todo el mundo, de las cuales unas 2000 están en curso en un momento dado. Sólo en Estados Unidos se producen unas 200 000 al año, y alrededor del 10% de las tormentas se clasifican como "severas", es decir, con granizo de al menos una pulgada de diámetro o vientos de al menos 58 millas por hora.

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¿Dónde son más frecuentes las tormentas de verano?

Según Matthew Elliott, meteorólogo del Centro de Predicción de Tormentas del Servicio Meteorológico Nacional en Norman (Estados Unidos), hay varias zonas en Estados Unidos donde las tormentas son especialmente frecuentes y severas.

Una de ellas es la costa atlántica media hasta los estados del Golfo, donde las tormentas se alimentan del calor y de la humedad del Océano Atlántico y el Golfo de México.

Otra se encuentra al oeste de las Rocosas, en las zonas más elevadas de California y Colorado, donde las montañas hacen que el aire caliente se eleve, provocando tormentas casi a diario y sobre todo por la tarde, después de que las condiciones de tormenta hayan tenido la oportunidad de formarse.

Por el contrario, en algunas partes de Estados Unidos, las condiciones parecen conspirar para suprimir las tormentas durante largos periodos del verano. En grandes franjas de Texas y Oklahoma, "hace mucho calor y hay mucha humedad, pero no hay actividad diaria de tormentas", dice Elliott.

La razón, dice, es que una capa de aire cálido, que generalmente se desplaza hacia el norte desde las mesetas septentrionales de México, actúa como una "tapa" que impide que el aire inferior, caliente e inestable, se eleve y choque con el aire frío de encima. Como la topografía de la región es en general llana, "no tenemos un mecanismo de elevación en la zona, per se", que ayude a romper esa tapa, explica. Las tormentas suelen rodear esa capa de aire cálido y se forman a lo largo de su periferia septentrional, en lugares como Kansas y Dakota del Norte y al este del valle del Ohio.

Y aunque Oklahoma no es ajena a las tormentas graves (es el epicentro mundial de los tornados y las supertormentas), la temporada alta de estos fenómenos suele ser abril y mayo, antes de que se asiente la "tapa" de aire cálido del verano.

Esto, por supuesto, no significa que los habitantes de Oklahoma no tengan que preocuparse por el granizo o las tormentas en verano, o que los estados "más húmedos" nunca experimenten periodos de sequía.

Elliott subraya que "el tiempo severo puede ocurrir en cualquier lugar, en cualquier momento, pero hay ciertas áreas y temporadas pico".

En España, "el mayor número de tormentas se concentran en el nordeste. Aragón, Cataluña y la Comunidad Valenciana es donde hay más actividad. Especialmente en los Pirineos y en el sur del Sistema Ibérico es donde más suelen aparecer, con una media de más de 30 días de tormenta al año", afirmó el meteorólogo Marc Redondo en 2018. "El mayor número de tormentas lo encontramos principalmente en zonas montañosas y en lugares con temperaturas que suelen ser muy altas en verano". 

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¿Qué consecuencias tendrá el cambio climático?

No está claro si estas pautas se mantendrán a medida que el cambio climático distorsione los patrones meteorológicos.

Dado que el aire caliente puede retener más humedad, es probable que un planeta caliente produzca un tiempo más lluvioso cuando se produzcan tormentas. Según un estudio reciente, en los escenarios de calentamiento previstos, la costa este de EE.UU. podría sufrir hasta nueve días más de tormentas, mientras que en el suroeste podría aumentar la densa capa de aire caliente que las suprime.

Sin embargo, Elliott insiste en señalar que los fenómenos meteorológicos se producen a escalas muy pequeñas, en comparación con la gran extensión del cambio climático mundial, y que las pequeñas perturbaciones del entorno local pueden afectar al desarrollo de las tormentas y a la forma en que se producen, lo que dificulta la predicción precisa de los cambios.

"No es tan sencillo [predecirlo] como en el caso de los huracanes, las inundaciones o los incendios", afirma. "Las relaciones [con un clima cambiante] no son tan directas".

En general, sin embargo, dice que es razonable suponer que las tormentas se producirán con mayor frecuencia en zonas y momentos que generalmente se han considerado al margen de su alcance: después del pico del verano y en otoño, o más al norte de lo habitual, por ejemplo. Cita como ejemplo el hecho de que en diciembre de 2021 se produjeran tornados tanto en Minnesota como en Kentucky, fuera de su área de distribución y periodo más habituales.

La mayor diferencia, sin embargo, será probablemente que un sistema ya caótico lo será más, y aumentará la imprevisibilidad.

Esto podría significar, por ejemplo, que las zonas que normalmente no ven tormentas de verano severas muy a menudo podrían empezar a hacerlo. Del mismo modo, las zonas que suelen sufrir algunas tormentas fuertes cada verano podrían volverse más templadas.

"Tenemos unos 50-60 años de datos sólidos en total, pero los primeros 50 años no son tan consistentes como los últimos 10", explica. "Así que creo que en los próximos cinco a diez años podremos decir mucho más a medida que empecemos a comprender mejor cuáles serán los cambios".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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