Este país está restaurando y protegiendo su océano

Belice fue objeto de críticas por poner en peligro sus impresionantes arrecifes de coral y otros recursos marinos. El país ha respondido con soluciones innovadoras.miércoles, 11 de abril de 2018

Por Tik Root - National Geographic
Un mero negro nada por un jardín de coral en Belice. El país está tomando nuevas medidas para proteger este frágil recurso para el futuro.
National Geographic ha producido este contenido en el marco de su colaboración con Rolex para promover la exploración y la conservación. Las organizaciones unirán fuerzas en iniciativas que apoyen a exploradores veteranos, ayuden a exploradores emergentes y protejan las maravillas de la Tierra..

La empresa de helicópteros Astrum despega desde una base a menos de 8 kilómetros del lugar donde la ciudad de Belice se une con el Caribe. En el asiento de atrás, a mi izquierda, está la senadora de Belice Valerie Woods. Frente a nosotras hay dos representantes de Oceana, la organización internacional para la protección del océano que ha organizado el vuelo. La secretaria de Estado del país, Carla Barnett, se sube al asiento delantero.

«Hacía tiempo que no viajaba en helicóptero», murmura, poniéndose los cascos. Las puertas se cierran y despegamos.

A medida que nos elevamos sobre los árboles, la ciudad de Belice empieza a desplegarse ante nosotros. Pero ese no es nuestro destino. Bordeamos el centro y nos dirigimos hacia el mar, donde se encuentra el verdadero tesoro.

El monumento natural del cayo Half Moon se encuentra en medio del arrecife mesoamericano, de más de 250 kilómetros, el segundo arrecife de coral más grande del mundo.

El arrecife mesoamericano se extiende unos 1100 kilómetros desde la península mexicana de Yucatán, atravesando Guatemala hasta las Islas de la Bahía de Honduras. A lo largo de 297 kilómetros, el arrecife atraviesa las aguas de Belice. Junto con las lagunas y los atolones a ambos lados del arrecife principal, este conjunto se conoce como el Sistema de Reservas de la Barrera del Arrecife de Belice.

Una vez sobre el agua, sobrevolamos casi de inmediato una reserva de manatíes. La directora nacional de Oceana, Janelle Chanona, intenta señalar a alguno, pero lo pasamos de largo. Tras sobrevolar el arrecife —un grueso lazo turquesa— llegamos al atolón Turneffe, una de las siete áreas marinas protegidas del país. En medio del anillo de coral se encuentra un lago de aguas más oscuras. Chanona explica que los taninos de los manglares circundantes son los causantes de este color, pero están talando los árboles a un ritmo acelerado.

El piloto da un giro de 360 grados sobre Turnuffe y continúa su camino. «Ahora vamos a llegar al atolón del arrecife Lighthouse», anuncia Chanona, señalando también el atolón del arrecife Glover en la distancia. A medida que nos acercamos al atolón del arrecife Lighthouse, el agua está tan clara que podemos ver un grupo de rayas águila y tiburones nodriza nadando por debajo de nosotros. «El comité oficial de bienvenida», bromea.

En su libro Coral Reefs of The World, Charles Darwin describía a Belice como el hogar «del arrecife más impresionante de las Indias Occidentales». A medida que nos adentramos en el mar, el turquesa se alterna con varias tonalidades de azul. Pueden verse las formaciones coralinas y rocosas a través del agua. Es un mosaico hipnótico.

«Los colores me sorprenden cada vez que vengo», afirma Chanona, contemplando el Caribe. Desde el asiento delantero, Barnett está de acuerdo. «Es precioso».

En 1966, la UNESCO declaró al Sistema de Reservas de la Barrera del Arrecife de Belice un lugar Patrimonio de la Humanidad, y la antigua colonia británica era la responsable de protegerlo. Es una obligación que el país ha tenido dificultades a la hora de cumplir. Para 2009, el lugar estaba en la lista de Patrimonio Mundial en Peligro de la UNESCO, y la organización declaró que el país debía poner en marcha una gestión y unas garantías mejores. Pero desde ese bajón, Belice ha estado trabajando para darle la vuelta a la situación. Y según los observadores de la conservación del océano, han realizado avances impresionantes. De ahí el vuelo en helicóptero, una especie de vuelta de honor.

El pasado diciembre, Belice se convirtió en el primer país del mundo que impuso una moratoria sobre toda la prospección y perforación petrolífera en alta mar. Oceana había organizado el vuelo en helicóptero para dar a los políticos una idea de lo que habían protegido y lo que todavía queda por hacer. «Tengo muchas ganas de que salgamos de la lista de patrimonio en peligro», afirmó Chanona.

Un arrecife más sano

Un día antes del vuelo en helicóptero, la Healthy Reef for Healthy People Initiative (HRI) publicó su informe más reciente sobre el estado del arrecife mesoamericano. El informe emplea cuatro parámetros para evaluarlo: el coral vivo, las macroalgas carnosas, la pesca comercial y los peces herbívoros. En diez años desde la publicación del informe, la salud general del arrecife mesoamericano ha mejorado entre un 2,3 y un 2,8 por ciento. Actualmente, Belice también registra un 2,8 por ciento. Sin embargo, esa escala es sobre 5,0.

Bancos de peces jóvenes pululan entre los manglares de Belice, donde encuentran la protección que les permite crecer. El país ha tomado medidas para proteger dichas áreas de cría.

Hay quien dice que esa mejora debería ser más rápida. Pero los arrecifes de todo el mundo se enfrentan a amenazas sin precedentes, del desarrollo humano al cambio climático. Por eso el lento avance del país es, en muchos sentidos, un paso adelante. «Todavía nos queda mucho por hacer», dijo Chanona cuando Barnett le preguntó acerca del informe. «Pero es mejor que ir en la dirección contraria».

Muchos de los avances de Belice son tangibles. Por ejemplo, hay impuestos medioambientales especiales destinados directamente a la conservación, así como un mercado de ecoturismo en auge. En 2008, cuando la Sociedad Internacional para el Estudio de los Arrecifes recomendó que los países del arrecife mesoamericano debería proteger mejor al pez loro en el arrecife, Belice fue el primero en responder (menos de un año después) con una ley que restringía su captura. Este cambio ya aparece en los datos de la HRI.

Además, en 2009, el país aprobó una ley para reducir la tala de los manglares, ya que estos árboles suelen ser un hábitat de cría fundamental para los organismos marinos. Belice también ha intentado cortar de raíz la pesca con trampas y las incursiones de arrastreros extranjeros, aunque garantizar el cumplimiento de la ley sigue siendo difícil en muchas de estas zonas. El mes pasado, Belice triplicó el tamaño de sus zonas de pesca sin capturas, del 3 al 10 por ciento, para permitir que la vida marina se recuperara. El gobierno también anunció que planea prohibir el plástico de un solo uso y los productos de espuma de poliestireno (bolsas, cubiertos, etc.) para el Día de la Tierra de 2019.

El referéndum del petróleo

Pero quizá la mayor victoria de Belice hasta ahora sea la nueva prohibición que afecta al petróleo. Y también la más reñida.

En abril de 2010, el pozo petrolífero de Deepwater Horizon explotó, matando a 11 personas y vertiendo crudo en el golfo de México. Ese flujo duró 87 días y vertió 4,9 millones de barriles. El impacto medioambiental fue devastador y los habitantes de Belice lo notaron.

«Somos conscientes de que hemos tenido suerte de que no ocurriera nada [aquí]», afirmó Chanona.

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Alentada por ese vertido, la comunidad medioambiental de Belice empezó a supervisar el escenario petrolífero del país. Los defensores medioambientales descubrieron un mapa enterrado en el registro público que mostraba las concesiones petrolíferas del país. Según Chanona, se sorprendieron al descubrir que «todo —el total del territorio marino— había sido bloqueado y vendido».

Esto aceleró la lucha, con Oceana y un colectivo de grupos de conservación al frente. En 2011, los activistas reunieron más de 20.000 firmas que exigían que esta cuestión se sometiera a un referéndum nacional. Pero el gobierno inhabilitó 8.000 firmas argumentando que eran ilegibles y se canceló la votación oficial. Así que los activistas organizaron su propia versión no oficial.

Para 2012, la comunidad medioambiental se había desplegado por todo el país para promover lo que denominaban «referéndum del pueblo». Sería un voto sencillo de sí o no en el que se preguntaría a la gente si permitirían la perforación o la prospección petrolífera en alta mar.

Mark Henry dirige un servicio de taxis en la ciudad de Belice y recuerda haber oído hablar de la campaña en las noticias. Él votó en contra de la actividad petrolífera. También lo hizo aproximadamente el 96 por ciento de los 29.235 participantes totales. «No me interesa tener más petróleo», dijo Henry. «No hay nada que me puedan decir que despierte mi interés por poner en peligro los océanos».

En 2013, el Tribunal Supremo de Belice invalidó los contratos y las concesiones petrolíferas del país porque las evaluaciones de impactos medioambientales eran inadecuadas. Unos años después, el primer ministro declaró que el gobierno había aprobado una moratoria contra la perforación en torno al arrecife y los lugares protegidos. Aunque no es una prohibición total, para muchos conservacionistas las medidas fueron un avance. Después aparecieron los barcos.

A finales de octubre de 2016, Belice avistó lo que finalmente se identificó como un buque sísmico frente a la costa, preparándose para explorar el lecho oceánico. «La única razón para recopilar información sísmica es el petróleo», dijo Chanona. Y aunque los planes eran de dominio público, no se habían anunciado. Según ella, se enteró en una llamada telefónica nocturna. «Eso demostraba lo real que era la amenaza», dijo.

La comunidad medioambiental se puso manos a la obra. Esta vez, querían una ley.

Cambiar la ley

Llevó más de un año de tira y aflojas hasta que la medida llegó al gobierno de Belice. Chanona afirmó que la mujer del primer ministro, Kim Barrow, era una activista especialmente fuerte. («Cuando algo me apasiona, me hago oír», afirmó la señora Barrow. «Y sin duda, [la medida] necesitaba presión».) El 30 de diciembre del año pasado, se aprobó la Ley de Operaciones petrolíferas.

Un tiburón nodriza explora un pasto marino en el cayo Half Moon.

La nueva legislación exige «una moratoria sobre la prospección y la explotación petrolífera y otras operaciones relacionadas con el petróleo en la zona marítima de Belice». Algunos conservacionistas están un poco decepcionados por la elección de la palabra moratoria en lugar de prohibición. «Por definición, una moratoria es temporal», afirmó la abogada medioambiental y activista Candy González. Y casi todo el mundo coincide en que la ley siempre puede cambiarse en el futuro. Pero, en general, los medioambientalistas lo vieron como un paso positivo y pionero.

Aunque otros países tienen legislaciones con un alcance más limitado, como la prohibición mexicana de actividades petroleras en Yucatán, Belice probablemente sea el primer país que ha prohibido la prospección petrolífera y la perforación en su mar territorial, según Oceana. Además, el gobierno de Belice aprobó la legislación sin saber exactamente a cuánto petróleo estaban renunciando.

Belice descubrió petróleo en tierra en 2005 en un lugar conocido como Spanish Lookout. Eso dio pie a la inauguración de la única empresa petrolera del país —Belize Natural Energy (BNE)— y a una capacidad de producción de unos cuantos miles de barriles al día. Algunos activistas medioambientales afirman que incluso dichas pequeñas cantidades suponen una amenaza en forma de posibles vertidos o contaminación. Pero todos, BNE incluida, están de acuerdo en que las operaciones en alta mar aumentarían esos riesgos de manera exponencial. Y los precios bajos del petróleo hacen que sea una apuesta imposible para los inversores en este momento.

Teniendo en cuenta las dudas, en Belice no ha existido una cartografía de alta mar significativa, por no hablar de la perforación, durante décadas. El senador Woods cree que así debería seguir, incluso si un cambio de precios de petróleo genera un nuevo interés. «No importa cuántos estudios me traigan», afirmó Woods. «El riesgo no vale la pena».

Aunque otros se han resignado a la nueva legislación, algunos discrepan con la forma en la que se tomó la decisión. Andre Cho, director del Departamento de Geología y Petróleo en el Ministerio de Desarrollo Económico, Petróleo, Inversiones, Asuntos Mercantiles y Comerciales, dice que, como todos, oyó las noticias de la moratoria en la tele. «No hubo debate, ni evaluación, ni discusión, ni revisión técnica», dijo Cho. «Nada».

Incluso algunos de los defensores de la moratoria, entre ellos la ministra Barnett, argumentan que, como mínimo, sería útil recopilar más datos. «Si hubiera podido elegir, habría querido saber cuánto petróleo hay», afirmó Barnett. Woods y ella representan a partidos políticos opuestos. «[Pero] es agua pasada».

Un azul imposible

El agujero azul de Belice, en el arrecife Lighthouse es una atracción turística popular. Un sumidero natural crea el increíble efecto de color.

Después de Turneffe, pasamos sobre un naufragio. A continuación, el helicóptero se dirige hacia la atracción principal del vuelo, un sumidero de 124 metros de profundidad a casi 80 kilómetros de la costa. El denominado agujero azul se encuentra cerca del centro del atolón del arrecife Lighthouse y es una de las atracciones turísticas más conocidas de Belice. «Mira eso», dice Barnett desde el asiento delantero a medida que nos acercamos. «Mira eso».

El círculo de agua de color azul oscuro está rodeado por coral duro como una roca y de tonos caribeños, azules y verdes más claros. Dos barcos turísticos están detenidos sobre el agujero azul. Los buzos se despliegan a un lado, los esnorquelistas a otro. El piloto gira hacia a la izquierda para rodearlo desde arriba. Damos unas cuantas vueltas en sentido contrario a las agujas del reloj a 150 metros. Después, unas cuantas vueltas en el sentido de las agujas del reloj a 300 metros. Sacan los teléfonos, suena el clic de las cámaras de fotos y el sol brilla en un día despejado. Todos estamos boquiabiertos, hasta el piloto, que ha hecho este viaje cientos de veces. «Siempre es una vista impresionante», señala Chanona.

Tras el último pase alrededor del agujero azul, nos dirigimos de vuelta hacia tierra, viendo en el camino otro popular lugar turístico, el cayo Half Moon. A medida que nos acercamos a la orilla, las islas empiezan a estar salpicadas de hoteles, nuevas obras y otras estructuras artificiales. Chanona cuenta que, en un momento dado, alguien propuso construir una pasarela directamente sobre el arrecife.

Peces ángel grises se alimentan en el arrecife Lighthouse.

A unos 8 kilómetros, sobrevolamos más cruceros. El nombre Mein Schiff [Mi Barco] está garabateado sobre un buque alemán. Los turistas de playa, como los que se dispersan sobre la cubierta del buque, y otras formas de turismo suponen aproximadamente el 15 por ciento del PIB de Belice (una cifra que va en aumento). Pero el desarrollo vinculado a la industria también es una entre una miríada de amenazas a las que todavía se enfrentan el arrecife y aquellos que pretenden protegerlo. La pesca con redes de enmalle, los peces león invasores y la contaminación por escorrentía son también problemas significativos.

Chenona todavía no está segura de cuál será el próximo objetivo. Todavía se está debatiendo. Pero espera que estos problemas puedan abordarse de forma más sencilla, ahora que la moratoria ha relegado a un segundo plano el tema del petróleo. «[El petróleo era] una amenaza fundamental», afirmó. «Ahora que tenemos esta moratoria, podemos llevar las labores de conservación allí donde sean necesarias».

La perspectiva global

Los conservacionistas de Belice esperan que su esfuerzo sirva como modelo para otros países del mundo. «Cuando los países con arrecifes de coral se reúnen, consideran a Belice un líder», afirmó Melanie McField, fundadora y directora de HRI. La científica de Oceana Tess Geer, que trabaja en la sede de la organización en Washington D.C., está de acuerdo en que Belice tiene una posición estratégica única. «Muchas cuestiones importantes relativas al océano tienen lugar a una escala inferior en Belice», afirmó. «Como es un país pequeño, es más fácil ver todas las piezas al mismo tiempo».

Larry Epstein, del Fondo para la Defensa del Medio Ambiente, señala que los programas de acceso controlado a la pesca y la prohibición del petróleo son ejemplos del liderazgo del país. Según él, Belice ya ha compartido su experiencia con grupos de Indonesia, Cuba y las Filipinas, entre otros.

Una tortuga boba se alimenta en una pradera marina en la reserva marina de Hol Chan.

Los grupos de Belice afirman que este tipo de compromiso global es importante, ya que muchas piezas del puzle de la conservación se encuentran fuera del control del país. Un vertido de petróleo en otra parte —como Guatemala u Honduras, por ejemplo— podría afectar también a Belice. La pesca ilegal externa es una amenaza constante. Y, por supuesto, está también el cambio climático.

La HRI anunció los resultados de su informe en el hotel Radisson, en el centro de la ciudad de Belice. Entre los diversos ponentes estaba Lisa Carne, bióloga marina y fundadora de la ONG Fragments of Hope, dedicada a la restauración de los corales. Había ido expresamente para poner al día al grupo sobre el blanqueo de los corales. En la última década, según ella, el blanqueo se había convertido en un fenómeno casi anual, y 2017 fue uno de los peores años de la historia. Contó que el pasado otoño, las temperaturas del agua anormalmente altas afectaron a más del 40 por ciento del coral en diez lugares de estudio.

«No creo que vaya a ser nunca más un fenómeno aleatorio. Necesita formar parte de nuestro plan anual», afirmó Carne, que también instó al grupo a priorizar el problema general de la dependencia de los combustibles fósiles.

Gran parte del daño que sufren los arrecifes podría ser irreversible, algo a lo que Carne hizo alusión. «Si nos ponemos como objetivo el aspecto del arrecife hace 50 años, sería una causa perdida», afirma Les Kaufman, ecólogo en la Universidad de Boston que ha trabajado en Belice durante décadas. «El objetivo apropiado es el aspecto que tendría el arrecife si dejáramos de atropellarlo con un cuatro por cuatro».

De vuelta a la base, pasamos de nuevo sobre la barrera de coral. Se extiende a lo largo de kilómetros en todas las direcciones y se pierde en el horizonte. Chanona espera que los vuelos como el nuestro contribuyan a ralentizar la «paliza» que está soportando, demostrando a los políticos el valor de las medidas de protección, como la moratoria del petróleo. Mientras el helicóptero aterriza y las hélices se detienen, reitera su mensaje a Barnett y Woods. Se ha convertido en una especie de mantra.

«Lo que le ocurra al arrecife nos ocurrirá a nosotros», afirmó Chanona. «No podemos matar a la gallina de los huevos de oro».

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