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Una osa polar y su cría buscan comida desesperadamente

Travis Wilkinson y su familia navegaban por el archipiélago de Svalbard, en Noruega, al norte del círculo polar ártico. A finales de julio de 2015, viajaban por el estrecho de Hinlopen, al oeste de la isla más grande, Spitsbergen, una ruta imposible en algunos veranos, cuando el hielo impide el paso. Pero ese verano, el hielo era especialmente escaso, y cazar era más difícil para los osos polares. Estos superdepredadores aguardan al borde del hielo marino, sorprendiendo a las focas cuando se acercan. Unos días antes, la familia Wilkinson había estado más al norte, cerca del hielo. Allí los osos tenían un aspecto sano. Pero la escena tras la medianoche del 23 de julio era desesperada. Una madre y su cría tienen dificultades y están muy delgados. Según Jon Aars, del Instituto Polar Noruego, el osezno de 7 u 8 meses probablemente iba a morir si su madre no comía pronto. Probablemente no estaba lactando. Wilkinson vio al oso olfateando y detectando algo de su interés. La delgada hembra no podía atacar a una morsa sana y grande. Un cadáver resolvería su problema. Si la morsa estuviera débil o enferma, la depredación sería una opción. Pero la morsa estaba viva y en buen estado. La situación era inviable. Ambos siguieron buscando comida.

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