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Tablas japonesas de deseos y oración, un bello símbolo de esperanza

Colgadas en templos y santuarios de todo el país, estas pequeñas placas de madera con inscripciones aligeran las almas agobiadas por las preocupaciones.

Publicado 3 ene 2022 12:30 CET
Santuario Jishu Jinja de Kioto (Japón)

El santuario Jishu Jinja de Kioto (Japón) es uno de los muchos que hay en el país donde la gente cuelga placas ema con oraciones a los dioses para pedirles ayuda y deseos en cuestiones que van desde la salud hasta las relaciones sentimentales.

Fotografía de coward_lion, Alamy Stock Photo

Durante todo el año (aunque especialmente en Año Nuevo) las oraciones se acumulan en los santuarios sintoístas y en los templos budistas de todo Japón. Escritas en placas de madera, llamadas ema, estas píldoras de esperanza e ilusión flotan hacia el cielo en forma de deseos.

"Encuéntrame. Ámame. Cásate conmigo", reza una placa firmada por TXQ, dirigida al "Señor Perfecto" y dejada en el santuario Jishu Jinja de Kioto, dedicado a Okuninushi-no-mikoto, el dios japonés de la búsqueda de pareja.

"Reza para que pronto llegue a nuestra familia un bebé feliz y sano", escriben Andy y Suri en un ema en el templo Hozenji de Osaka, que rinde homenaje a Fudo Myoo, uno de los cinco guardianes del budismo japonés.

Durante más de un milenio, los japoneses han utilizado estas placas para pedir a los dioses amor, riqueza, larga vida o éxito académico. En los últimos dos años, ha surgido una nueva petición de ema: protección contra la COVID-19.

Muchos ema están ahora adornados con mensajes sobre la pandemia, o con imágenes de Amabie, un ser sobrenatural que aleja las plagas en el folclore japonés. El santuario Kasuga Taisha de Nara vende incluso ema contra el coronavirus decorados con personajes de dibujos animados.

Las linternas iluminan el santuario Kasuga Taisha en Nara, Japón, durante el festival Chugen Mantoro en 2020. El evento anual de verano pone de relieve la importancia de la salud y la seguridad, una preocupación que se ha vuelto especialmente acuciante en estos tiempos de pandemia.

Fotografía de The Yomiuri Shimbun, AP Images

La pandemia ha reforzado el papel crucial de las ema, afirma Jennifer Robertson, antropóloga y profesora emérita de antropología e historia del arte de la Universidad de Michigan (Estados Unidos), que ha investigado estas placas durante 40 años. Las ema sirven de desahogo crucial para los miedos y ansiedades en un país donde más de 1,7 millones de personas han contraído la COVID-19 desde enero de 2020. Ayudan a aligerar el alma lanzando deseos a la brisa, de forma similar a las banderas de oración tibetanas, las tablillas votivas budistas y las linternas flotantes de Asia.

Los ema, que cuestan unos 3,5 euros cada uno, ayudan a financiar los templos y santuarios. Al visitar estos lugares sagrados, los visitantes pueden colgar placas cargadas con sus propias esperanzas y ambiciones.

El ema, explicado

Las primeras versiones de ema en el siglo VIII representaban caballos, los animales vivos que se sacrificaban a las deidades y a los líderes fallecidos durante las ceremonias sintoístas, dice Robertson. (Ema se traduce como "imágenes de caballos").

Hoy en día, estas placas representan criaturas, flores, geishas, corazones, árboles y cascadas. Cuelgan de bastidores hechos a propósito, algunos de los cuales contienen miles de ema. Pueden comprarse pre-decoradas o en blanco y embellecidas con imágenes dibujadas a mano, antes de que el devoto escriba su mensaje en el lado sin adornos.

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Estas peticiones son inspeccionadas por un sacerdote mayor del templo o santuario, que reza para que sean concedidas. "La mayoría de los ema suelen quemarse a intervalos en los rituales de los santuarios o templos llamados ema kuyō", dice Robertson. "La quema supuestamente libera el mensaje, la oración o la petición para que se actúe posteriormente en el reino de los kami [los espíritus y dioses de Japón]". Si su petición es atendida, algunas personas dejan otro ema en agradecimiento, añade.

Las placas de madera llamadas ema adornan varios estantes de exposición en el santuario Kitano Tenmangu, de 1.000 años de antigüedad, en Kioto.

Fotografía de Didier ZYLBERYNG, Alamy Stock Photo

Ema se traduce como "imágenes de caballos" porque las primeras versiones representaban a los animales que se sacrificaban a los dioses. Hoy en día, los ema se decoran de múltiples maneras y llevan oraciones para pedir, por ejemplo, que se aprueben los exámenes o se consigan embarazos.

Fotografía de Engelhorn, laif / Redux

Ofrecer emas sigue siendo un elemento central de la cultura japonesa. Representa la profunda relación del país con sus dos religiones principales, el sintoísmo y el budismo, que están fuertemente entrelazadas, hasta el punto de que muchos japoneses profesan ambas creencias.

Pero las inscripciones ema no sólo se dirigen a deidades y espíritus, subraya Robertson. Muchas pretenden provocar una respuesta emocional en los seres humanos. Al incluir su nombre, edad y dirección, los peticionarios esperan que la gente absorba su mensaje y reaccione con simpatía o empatía.

"Muchos de los que leen el ema de otros se dan cuenta de que sus problemas no son exclusivos de ellos; todos estamos en el mismo barco", dice Robertson. Es "algo así como utilizar Internet para buscar un problema -un conflicto familiar, un jefe egocéntrico, dolores y molestias- y encontrar literalmente miles, si no millones, que comparten tu problema".

Las ema, las banderas de oración, las tablillas votivas y las linternas flotantes pueden ofrecer a los fieles un consuelo crucial en medio de la adversidad, afirma Donald Saucier, profesor de psicología de la Universidad Estatal de Kansas (Estados Unidos). Estos objetos no sólo proporcionan un canal a los dioses, sino que recuerdan a la gente la red de apoyo humano que les rodea. "Cosas como amuletos y talismanes pueden ser un recordatorio de las conexiones sociales de larga duración que pueden proporcionarnos consuelo en momentos difíciles", afirma.

La pandemia de coronavirus es sólo la última de una historia de catástrofes a las que se han enfrentado los ema, añade Robertson. "Históricamente, los ema se han ofrecido en respuesta a plagas, hambrunas, pestilencias, epidemias y otras dificultades experimentadas colectivamente", dice.

Guía del viajero para el ema

Esta antigua costumbre japonesa no está prohibida para los turistas. Los extranjeros son bienvenidos a mostrar el ema en los lugares religiosos de todo el país, dice Takakazu Machi, que ha trabajado como guía turístico en Japón durante 18 años. Antes de la pandemia, llevaba regularmente a los viajeros a admirar o dejar ema en el santuario Kitano Tenmangu de Kioto, de 1000 años de antigüedad. Dice que los turistas pueden colgar las placas de forma respetuosa siguiendo las instrucciones en inglés que suelen aparecer junto a los estantes de ema.

Mujeres vestidas con kimonos se hacen un selfie delante de los expositores de ema en el templo Kiyomizu-dera de Kioto, el 24 de abril de 2017. Los viajeros pueden hacer ofrendas ema respetuosas siguiendo las traducciones al inglés disponibles en muchos templos y santuarios de todo Japón.

Fotografía de Benny Marty, Alamy Stock Photo

Los extranjeros suelen utilizar emas en el santuario Meiji Jingu de Tokio, el templo Shitennoji de Osaka y el santuario Fushimi Inari de Kioto. Los viajeros también pueden visitar santuarios o templos relacionados con su deseo específico. Los padres en duelo que han sufrido un aborto involuntario cuelgan tradicionalmente el ema en el templo Zojoji de Tokio, donde se encuentra el Jardín de los Niños No Nacidos. Los estudiantes que rezan por el éxito académico se dirigen al Yushima Tenjin de Tokio, el santuario de los eruditos. Los que buscan bendiciones románticas dejan placas en el Tsuyu no Tenjinja de Osaka, o Ohatsu Tenjin, escenario de una famosa historia de amor.

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Algunos turistas incluso utilizan el ema por motivos políticos, dice el veterano guía turístico de Kioto Naoki Doi. Antes de las elecciones presidenciales de 2012 en Estados Unidos, uno de sus clientes de Texas visitó Fushimi Inari y dejó un ema que decía simplemente: "No más Obama". Como pudo comprobarse poco después, fue este un deseo que los dioses ignoraron.

Doi dice que ha tenido mucha más suerte con los ema. A sus 76 años, recuerda vívidamente dos peticiones que escribió a las deidades en su juventud. Agobiado por el estrés y anhelando un futuro próspero, utilizó placas para pedir ayuda para aprobar primero los exámenes de la escuela secundaria y después los de la universidad. "Me funcionó muy bien", dice. Como millones de japoneses antes que él, Doi confió en esta antigua costumbre. Ahora, en medio de la persistente pandemia, muchos más siguen su ejemplo. Los ema son más valiosos que nunca.

Ronan O'Connell es un periodista y fotógrafo independiente australiano que vive entre Irlanda y Tailandia. Puedes encontrarle en Twitter.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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