El río griego hacia el "inframundo" que es un sueño para los turistas en busca de aventuras

El Aqueronte, la mítica vía fluvial hacia el Hades, es cada vez más popular para la observación de aves, el senderismo fluvial y la tirolina pero, ¿es sostenible?

Por Maria Atmatzidou
Publicado 23 feb 2022, 11:08 CET
El río Aqueronte atraviesa muchos pueblos pintorescos de Grecia, como Glykí, donde corre por un impresionante ...

El río Aqueronte atraviesa muchos pueblos pintorescos de Grecia, como Glykí, donde corre por un impresionante desfiladero.

Fotografía de Harris Dro, Loop Images/Universal Images Group/Getty Images

En la época de los dioses y los monstruos, los titanes luchaban contra los olímpicos por el control del universo. Durante los 10 años que duró la Titanomaquia, los titanes se fortalecieron bebiendo del río Aqueronte. Enfadado por esta acción, Zeus maldijo el río, volviéndolo negro y amargo, un destino apropiado para uno de los cinco ríos de la mitología griega que se dice que conducen al inframundo.

Al menos, así es como lo narra una versión del origen del río. En la vida real, el Aqueronte dista mucho de su antigua reputación mitológica de "río de los males". Esta vía fluvial de 51 kilómetros de longitud situada en Épiro, una región del noroeste de Grecia, rebosa de vida y encanta a los excursionistas con su ecosistema biodiverso de majestuosas gargantas, estanques y cascadas. En los pueblos de la ribera, los amantes de la naturaleza pueden observar una fauna poco común, conocer la historia de la zona y, por supuesto, bañarse por el histórico río.

Con sus aguas cristalinas y su historia de origen mitológico, el río Aqueronte se ha hecho cada vez más popular entre los turistas en los últimos años.

Fotografía de Salvatore Laporta, Kontrolab/LightRocket/Getty Images

Sin embargo, el reciente aumento en la afluencia de público está encendiendo la ira de los residentes y de los funcionarios de las autoridades de ciudades turísticas como Ammoudiá y Glykí. Algunos visitantes incluso dejan basura, dañan la flora y perturban las zonas de anidación de las aves. Ahora, con la temporada turística de primavera en el horizonte, las autoridades buscan formas de equilibrar el aumento de las visitas con la sostenibilidad. Están en riesgo tanto los animales en peligro de extinción como los espacios naturales de la zona, que los lugareños están decididos a preservar para las generaciones futuras.

Mitos, historia y más allá

El Aqueronte nace en las montañas de Tomaros, en la prefectura de Ioannina, y fluye hacia el oeste hasta el pueblo pesquero de Ammoudiá, donde se abre en un delta antes de desembocar en el mar Jónico. Muchos pueblos a lo largo del camino ofrecen acceso al río, pero la mayoría de los viajeros fijan sus itinerarios en Ammoudiá, Mesopótamos y Glykí.

De las tres, Mesopótamos es la más vinculada a la mitología del río. Situada a sólo cinco kilómetros al este de Ammoudiá, la aldea alberga lo que fue el lago Aquerusia, que durante mucho tiempo se creyó que era una entrada al Hades. Entre 1958 y 1977, el profesor de arqueología de la Universidad de Ioannina, Sotirios Dakaris, excavó en la orilla noroeste del lago y descubrió unas ruinas que databan del periodo helenístico (entre finales del siglo IV y finales del III a.C.). Las ruinas fueron identificadas como el Necromanteion (también conocido como el Necromantío de Aqueronte o el Oráculo de los Muertos).

Hace milenios, el Necromanteion aparecía en el poema griego épico de La Odiseael relato de Homero sobre la navegación de Odiseo hacia el Hades, donde se reunió brevemente con las almas de muchos, incluida su madre, en las orillas del Aqueronte. Al igual que el héroe Homero, los antiguos peregrinos griegos hacían el arduo viaje al oráculo para comunicarse directamente con los difuntos.

"El mundo de los muertos se consideraba bastante peligroso", afirma Anthi Aggeli, director del Eforato de Antigüedades de Preveza, experto en la historia del lugar. "Por ello, los peregrinos debían estar limpios en cuerpo y alma. Tenían que seguir una ceremonia de limpieza específica".

Los peregrinos solían permanecer en el Necromanteion "durante un mes lunar", dice Spyros Raptis, presidente de los Amigos del Nekromanteion y el Aqueronte y guía turístico del lugar durante 35 años. Comían alimentos específicos (incluyendo plantas alucinógenas) y realizaban rituales en la oscuridad. Durante su estancia, los creyentes afirmaban ver sombras de seres queridos fallecidos.

Los expertos debaten si el lugar es el legendario Necromanteion o una antigua granja, pero sigue fascinando, sobre todo después de que las pruebas de sonido realizadas entre 1997 y 2008 por los investigadores de la Universidad Aristóteles de Tesalónica concluyeran que la cámara subterránea es, en efecto, "totalmente silenciosa". Aunque no se trate del antiguo Necromanteion, "sin duda es una de las primeras cámaras anecoicas construidas hace 2700 años", afirma Panagiotis Karampatzakis, uno de los investigadores.

(Estas "obras maestras" griegas son en realidad ingeniosas copias legales)

Los viajeros de hoy pueden combinar una parada en las ruinas con una visita a Ammoudiá, donde las excursiones en barco exploran los humedales a lo largo del río, con sus nenúfares, caballitos de mar esmeralda y árboles decorados con nidos de pájaros moscones. Es fascinante, dice el guía Giorgos Bitzios, un moderno barquero de Ammoudiá.

A unos 19 kilómetros río arriba de Ammoudiá, Glykí es conocida por sus aventuras de infarto, como el barranquismo y el senderismo fluvial, una actividad muy popular en Asia que combina la natación y la escalada de rocas, hasta llegar a un desfiladero comúnmente llamado el Estrecho.

El pueblo de Glykí se ha convertido en un destino popular para el rafting y el senderismo fluvial en el Aqueronte.

Fotografía de Droneworx TS, Alamy Stock Photo

En este grabado del siglo XVIII, Plutón y Perséfone (arriba, a la izquierda) supervisan el Hades, el inframundo de la mitología griega. Caronte, el barquero de los muertos, surca con su barca el río Estigia, mientras el perro de tres cabezas Cerbero vigila la entrada al país de los muertos.

Fotografía de Ann Ronan Picture Library, Heritage Images/Getty Images

Otros se lanzan al cielo en tirolinas en lugares como Zipline Greece, y se deslizan a lo largo de 320 metros a velocidades de hasta 50 kilómetros por hora sobre las aguas turquesas. Pero no todo es aventura. "El Aqueronte es un río suave [en verano]", dice Vivi Markou, que puso en marcha su negocio de excursiones, Riverdream, con dos barcos de rafting y dos caballos. "El rafting aquí [en Glykí] se adapta a todos los niveles de experiencia. Es ideal tanto para familias como para personas mayores".

Naturaleza y desafíos

Además de la gran cantidad de actividades al aire libre, el Aqueronte alberga hábitats únicos que dan cobijo a animales y plantas raros y en peligro de extinción en la región. Aves vulnerables como las águilas reales, los buitres leonados, las águilas perdiceras y los alimoches anidan en el Estrecho de Glykí, mientras que las espátulas euroasiáticas, las cigüeñas negras y los patos ferruginosos se refugian en los humedales de Ammoudiá. En total, las 11 440 hectáreas que abarcan el Estrecho y los humedales forman parte de la red de áreas protegidas NATURA 2000 de la Comisión Europea.

Izquierda: Arriba:

Buitre leonado (Gyps fulvus): gran buitre marrón de cabeza blanca del Viejo Mundo y África.

Derecha: Abajo:

Águilas perdiceras (Hieraaetus fasciatus), Creta.

fotografías de Age of Stock, Alamy Stock Photo

El turismo no fue una actividad económica viable en la región hasta 2006, cuando la construcción de complejos turísticos cercanos y autopistas facilitó el acceso a pueblos aislados como Glykí. En 2019, 50 000 personas visitaron la región, sobre todo de abril a septiembre, impulsando a Glykí como un destino clave para el turismo del Aqueronte. Con la mejora de las oportunidades, la mayoría de los jóvenes ahora deciden quedarse en el pueblo para trabajar en negocios locales.

(Cómo la escalada deportiva está ayudando a revitalizar esta isla griega)

La popularidad de la región parece ir en aumento. El verano pasado, durante la pandemia, las visitas a la región crecieron hasta casi 2000 visitantes diarios, "algo muy prometedor para la próxima temporada", dice Giorgos Ntagkas, teniente de alcalde de cultura, deportes y comercio del municipio de Souli. "Nuestro objetivo es ampliar la temporada turística y desarrollar más las actividades al aire libre, mejorar las rutas de senderismo, abrir rutas de ciclismo de montaña y fluvial, y promover el parapente".

Sin embargo, las autoridades deben lidiar ahora con los efectos secundarios negativos del aumento de la afluencia de visitantes. Los turistas se alejan cada vez más de los senderos establecidos, dejan basura, acampan y encienden fuegos. Recientemente, las ramas cortadas de los plátanos los volvieron vulnerables a un peligroso hongo.

(Relacionada: Así está reinventando Grecia su sector turístico)

Para agravar el problema, algunos proyectos de construcción de restaurantes en Glykí están afectando al lecho del río, mientras que las cantinas junto a la playa (negocios tipo snack bar) en Ammoudiá han provocado la destrucción de las dunas de arena y la tala de enebros y arbustos.

Los funcionarios no pierden de vista estos problemas a la hora de planificar el futuro. "Hemos estado estudiando la capacidad de carga [en el Estrecho y sus alrededores]... para que el ecosistema no se deteriore", dice Alexandros Konstantinis, gestor medioambiental y físico del Organismo de Gestión de Kalamas-Acheron-Corfú.

Como el estudio está en curso, es demasiado pronto para decir con certeza qué cambios se aplicarán este año. Mientras tanto, las autoridades aseguran estar aplicando la normativa existente y concienciando a la población en los centros de información de Ammoudiá y Glykí y en los actos educativos que se celebran en toda la región para destacar el patrimonio histórico y natural del Aqueronte.

Con el tiempo, las autoridades esperan que las nuevas iniciativas sensibilicen a un público más amplio para que la preciada biodiversidad del río no se convierta en un mito.

"Queremos que los visitantes vengan por la belleza de este paisaje", subraya Ntagkas, teniente de alcalde de Souli. "Desde luego, no pretendemos sacrificar la naturaleza por el beneficio".

Maria Atmatzidou es una escritora afincada en Atenas que cubre temas de viajes y arqueología. Anteriormente fue redactora jefe de las ediciones griegas de las revistas National Geographic y National Geographic Kids. Síguela en Instagram.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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