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Danza hula de Hawái: una historia de apropiación, corrupción y renacimiento

Así fue cómo este ritual sagrado hawaiano fue cancelado, comercializado y, finalmente, revivido.

Por Rachel Ng
Publicado 23 mar 2022, 12:13 CET
Bailarines de hula en el festival Merrie Monarch, una competición anual y escaparate cultural en la ...

Bailarines de hula en el festival Merrie Monarch, una competición anual y escaparate cultural en la isla de Hawai. La antigua tradición hawaiana se recupera y se celebra en museos, lūʻau y centros turísticos de las islas.

Fotografía de Photo Resource Hawaii, Alamy Stock Photo

Con su corona de flores y su falda de hierba, la chica del hula ha sido todo un símbolo sinónimo de la hospitalidad hawaiana desde que los cruceros atracaron por primera vez en Honolulu en la década de 1920. Incluso hoy en día, las imágenes exóticas de estas bailarinas tradicionales aparecen en toda página web de viajes, en los bares de temática tiki y hasta como muñecos bailarines en el salpicadero de los coches.

En los últimos dos siglos, la apreciada danza hawaiana ha pasado de ser una práctica religiosa sagrada a convertirse en una atracción turística. Por el camino, ha sido presa de la apropiación cultural y casi de su eliminación. 

Una multitud se reúne en torno a un espectáculo de hula en la playa de Waikīkī en Honolulu, Hawái.

Fotografía de Cannon Photography LLC, Alamy Stock Photo

"La gente rechazaba el antiguo estilo de hula y miraba a los bailarines como si fueran paganos", dice Micah Kamohoali'i, un kumu hula (profesor de hula) y embajador cultural de la isla de Hawai. "Entonces nuestro hula se convirtió en una especie de espectáculo de Hollywood. Nunca hemos bailado con faldas de celofán y sujetadores de coco".

Para los hawaianos, el hula es un archivo vivo de su historia y sus relatos. Preservarlo es su kuleana (responsabilidad). "El hula es nuestra máxima expresión de lo que somos. Es nuestra lengua puesta en movimiento", dice Māpuana de Silva, una kumu hula que lleva enseñando hula en O'ahu desde 1976. "Las historias abarcan no sólo nuestra forma de vivir, sino nuestra existencia, nuestro mundo".

Las organizaciones culturales hawaianas están recuperando y salvaguardando una versión más auténtica del hula, tanto para los residentes como para los visitantes. "La gente es hoy buscadora de historia", dice Kumu Kamohoali'i. "Quieren saber la verdad y anhelan algo más auténtico".

He aquí una mirada a la historia, la marginación, el legado y la renovación del hula en la cultura hawaiana.

Las raíces del hula

Antes del contacto con Occidente en 1778, el hula formaba parte de la vida hawaiana desde hacía cientos de años. Los bailarines se movían al ritmo de los cánticos en las ceremonias de los templos en honor a los dioses y jefes, o contaban historias que explicaban temas como los patrones climáticos, las estrellas y el movimiento de la tierra y la lava.

En esta foto del siglo XIX, unas bailarinas de hula actúan para el público frente al Palacio de ʻIolani' en Honolulu. El palacio es ahora un museo que alberga demostraciones regulares de hula.

Fotografía de Michael Maslan, Corbis/VCG/Getty Images

Los mitos hawaianos relatan múltiples historias sobre los orígenes del hula, a menudo protagonizadas por Pele, la diosa del volcán y del fuego. Las leyendas -y los movimientos que inspiran- varían según la región y la geografía. "Si eres de Puna (en la isla de Hawai), la danza tendrá un canto rimbombante, que casi suena como el crujido de la lava y el rugido de un volcán", dice Kumu Kamohoali'i. "En Kaua'i, donde tienen playas vírgenes, sus estilos son melódicos y fluidos como el océano".

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Antes de la década de 1820, no existía la lengua escrita en Hawai, por lo que el hula era una forma de que los residentes transmitieran sus conocimientos de generación en generación. Pero durante el siglo XIX, la danza sagrada fue despreciada a medida que la influencia de los misioneros cristianos se extendía por las islas. Las representaciones públicas del hula, consideradas un vulgar ritual pagano, fueron prohibidas. El hula pasó a la clandestinidad, aunque las hālau hula (escuelas de hula) siguieron funcionando en los pueblos rurales. 

"Los miembros de mi familia bailaban en cuevas y campos de caña de azúcar. Practicaban hasta altas horas de la noche cuando no había nadie", dice Kumu Kamohoali'i. "Era importante seguir enseñando estas antiguas danzas".

El resurgimiento del hula comenzó en 1883 con el rey David Kalākaua, que organizó su extravagante coronación en el recién construido Palacio de ʻIolani, ahora un museo en Honolulu. Conocido como el Monarca Merrie por su mecenazgo de la cultura tradicional, el rey Kalākaua llenó la celebración de dos semanas con tradiciones hawaianas antes prohibidas: actuaciones de hula, música y un lūʻau.

La fuerte presencia misionera cristiana en las islas cambió el hula. Sus cantos se volvieron más melódicos y se asemejaron a los himnos cristianos. Sus danzas honraban a los monarcas hawaianos, no a los antiguos dioses. "Ya no hablábamos del nacimiento de la isla", dice Kumu Kamohoali'i. "En su lugar, hablábamos de las flores, la lluvia y el rey y la reina".

El renacimiento duró poco. El hula volvió a ser rechazado después de que la reina Liliʻuokalani, sucesora del rey Kalākaua, fuera derrocada por empresarios estadounidenses en 1893. Estados Unidos anexionó Hawai en 1898; se convirtió en territorio estadounidense dos años después.

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La corrupción del hula y como pasó a ser un estereotipo

En el continente, muchos estadounidenses conocieron la cultura hawaiana en la Exposición de Panamá-Pacífico de 1915 en San Francisco. El evento puso en marcha una moda hawaiana y la versión blanqueada del hula (con faldas de celofán y sujetadores de cáscara de coco) que impregnó toda la cultura popular: desde las películas de Hollywood a los bares tiki y los espectáculos de vodevil.

Cuando los cruceros marítimos se hicieron populares a finales de la década de 1920, miles de turistas procedentes de Estados Unidos navegaron hasta Honolulu. A lo largo de las blancas arenas de la playa de Waikīkī surgieron hoteles, como el Royal Hawaiian.

Izquierda: Arriba:

Los carteles publicitarios vacacionales de mediados de siglo, como este de Clipper Travel, codificaban a las bailarinas de hula como chicas pin-up de la Polinesia.

Derecha: Abajo:

Un cartel de época de Pan American Airlines con una imagen estilizada de una falda hula.

fotografías de Potter and Potter Auctions, Gado/Getty Images

Tras el éxito de los "días del barco", en los que los lugareños recibían a los turistas con leis y hula, en 1937 se inauguró el espectáculo gratuito Kodak Hula Show en Waikīkī. "Espectáculos como ése pusieron el hula en primer plano y fueron vistos como parte del encanto de las islas", dice Kainoa Daines, director senior de marca de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Hawai. "Por desgracia, los estereotipos y las ideas erróneas evolucionaron, y el hula se vio como un mero baile de entretenimiento que mueve las caderas y los brazos".

La identidad hawaiana siguió corrompiéndose a lo largo del dominio territorial, y justo después de que Hawai se convirtiera en estado en 1959. La lengua hawaiana no se enseñaba en las escuelas, y a menudo se castigaba a los niños por hablarla. Como resultado, la lengua estuvo a punto de extinguirse. Con la pérdida de la lengua, el hula, que siempre va acompañado de cantos en hawaiano, corría el riesgo de quedar obsoleta.

El renacimiento del hula

La de mediados del siglo XX fue una época de rápidos cambios, entre los que destaca el movimiento por los derechos civiles que tanto mejoró la vida de los negros estadounidenses en la década de 1960 e influyó en el Renacimiento Hawaiano de la década de 1970. "Nuestra gente dijo: 'Tenemos que cambiar las leyes. Necesitamos poder dar a nuestros hijos nombres hawaianos. Necesitamos poder hablar nuestra propia lengua", dice Kumu Kamohoali'i. En 1978 se modificó la constitución del estado para incluir el hawaiano como una de las dos lenguas del estado y para obligar a las escuelas públicas a enseñar la cultura, la lengua y la historia hawaianas, incluida la danza.

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La población local también reivindicó el hula. En la isla de Hawai, la ciudad de Hilo puso en marcha el Festival Merrie Monarch en 1964. En la actualidad, el festival anual de primavera atrae a los mejores grupos de hula de las islas y de la parte continental de EE.UU. Conseguir entradas para esta "Olimpiada del hula" puede ser difícil. Otros espectáculos más accesibles son el Hula O Nā Keiki de Maui, para jóvenes bailarines; el Prince Lot Hula Festival de O'ahu; y los desfiles que celebran el Día del Rey Kamehameha.

"A medida que el hula evoluciona y se hace popular en todo el mundo, me veo envuelta constantemente en la batalla del recuerdo contra el olvido", dice Kumu de Silva, que dirigirá su escuela Hālau Mōhala ʻIlima en el festival de este año. "El hula, los cantos, las historias y todo lo que recibimos (la razón por la que se nos dio fue para que sobrevivieran). Vamos a Merrie Monarch para que nuestra línea de hula y nuestro apego a la tradición queden registrados año tras año."

Del escenario al complejo turístico

En los últimos años, los intérpretes de lū'au más jóvenes también han devuelto la tradición a sus raíces. Cuando los padres de Afatia Thompson iniciaron Tihati Productions en 1969, el lū'au que producían en el Hotel Royal Hawaiian era típico de la época, un batiburrillo de bailes, canciones y trajes de toda la Polinesia. 

"Por aquel entonces, la gente que montaba espectáculos lū'au no sabía realmente que había diferencias entre esas culturas", dice Thompson. "Sólo querían que los espectáculos fueran bonitos y sonaran bien".

Cuando Thompson y su hermana se hicieron cargo del lū'au en 2007, cambiaron su programación para centrarse en las historias, los relatos y el contexto de las danzas. Su espectáculo destaca el hula y las habilidades tradicionales hawaianas, como el golpeo de poi. "Vamos más allá de la superficie del mero entretenimiento y enseñamos a nuestros invitados la historia", dice.

Además de los lūʻaus, los turistas pueden ver actuaciones de hula en el Bishop Museum de Honolulu, en el Hulihe'e Palace de Kailua-Kona y en centros comerciales. 

Aunque parezca inverosímil, los grandes centros turísticos (que en su día dieron importancia al hula) se han volcado en su preservación cultural. Muchos de ellos ofrecen actuaciones y clases de hula dirigidas por embajadores culturales hawaianos que supervisan la programación educativa. 

El Outrigger Reef Waikīkī Beach Resort inauguró recientemente su nuevo Centro Cultural A'o, que incluye una exposición de obras de arte hawaiano, historia de las canoas y clases de hula, dirigidas por la directora de experiencia cultural Luana Maitland. 

"Para mí, compartir mi cultura con los demás es como respirar: es algo automático, es como me crié", dice Maitland. "Es importante que la comunidad de nativos hawaianos sepa que el sector de la hostelería proporciona a nuestros visitantes información sobre la historia de Hawái y respeta nuestro hogar isleño".

Wendy Tuivaioge comenzó en el Four Seasons Resort Maui at Wailea como conserje en 2011, donde era la persona a la que acudían los huéspedes y el personal con preguntas culturales. En 2019, el complejo creó un nuevo papel de embajadora cultural para ella; ahora supervisa actividades que incluyen la fabricación de lei y clases de baile hula. 

"Es nuestra kuleana, nuestra responsabilidad, asegurarnos de hacerles llegar esta información. Me encanta que los huéspedes puedan experimentarlo aprendiendo el hula", dice Tuivaioge. "Yo enseño a todo el que quiera aprender la cultura. Hubo un tiempo en que todo era clandestino. Si no lo enseñamos, podría volver a desaparecer".

Rachel Ng es una escritora hawaiana especializada en viajes, cultura y gastronomía. Síguela en Instagram.
Algunas fotos y pies de foto de este artículo han sido actualizados.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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