Estas momias mexicanas reabren el debate sobre si es correcto exponer restos humanos

Explotadas y apreciadas a la vez, las momias de Guanajuato están en el centro de un debate sobre la exhibición de restos humanos.

Por Jennifer Barger
Publicado 24 oct 2022, 14:23 CEST
Un bebé momificado en el Museo de las Momias de Guanajuato (México) está vestido de santo, ...

Un bebé momificado en el Museo de las Momias de Guanajuato (México) está vestido de santo, una práctica habitual en los entierros de niños en América Central y del Sur. El cuerpo se encuentra entre un centenar de momias de los siglos XIX y XX conservadas de forma natural y expuestas en el popular museo.

Fotografía de Michael James Wright

Guanajuato (México) está inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1988, gracias a su arquitectura colonial española, su historia de extracción de plata y sus lugares relacionados con la Revolución Mexicana. Sus iglesias barrocas, sus estrechas calles empedradas y sus casas de color caramelo son de postal, pero la mayor atracción turística de esta ciudad del centro de México es más oscura y truculenta que todo eso: un museo subterráneo de 100 momias.

Hombres de mandíbula caída, niños de piel curtida y otros cadáveres llevan más de un siglo atrayendo a los viajeros curiosos. Los visitantes primero pagaban unos pocos pesos para ver las momias en una cripta subterránea. Desde 1969, se exponen bajo espeluznantes focos en el Museo de las Momias.

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Muchos de los cuerpos del Museo de las Momias de Guanajuato se exponen de pie, lo que, según algunos estudiosos, interfiere en su conservación.

Fotografía de Robert Harding, Alamy Stock Photos

Estos cadáveres conservados de forma natural (aquí no hay vendas ni embalsamamiento) de los siglos XIX y XX son un generador de ingresos y una fuente de orgullo local para esta ciudad situada a una hora en coche al oeste de San Miguel de Allende. "Las momias de Guanajuato suponen el mayor ingreso económico para el municipio después del impuesto sobre bienes inmuebles", afirma el antropólogo mexicano Juan Manuel Argüelles San Millán. "Su importancia es difícil de exagerar".

Las momias también son controvertidas. A los viajeros de otras culturas les cuesta entender por qué una de las ciudades más bellas de México exhibe macabros restos humanos. Algunos estudiosos creen que los cuerpos están mal almacenados y mal etiquetados. A principios de este año, los planes para un nuevo y deslumbrante museo de momias se desecharon después de que los académicos y los representantes de la UNESCO se opusieran a su ubicación en un centro comercial propuesto en el centro de la ciudad.

Todo esto ha hecho que se vuelva a prestar atención a estos frágiles restos. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) acaba de lanzar un estudio, dirigido por San Millán, para determinar la identidad de los cuerpos, en su mayoría anónimos. Una exposición de fotografías de las momias, realizadas con gran sensibilidad por el artista local Michael James Wright, se presentará en el prestigioso Festival Internacional Cervantino de Guanajuato, del 13 al 30 de octubre, y luego saldrá de gira por México y el extranjero. "Estos proyectos pueden dignificar a los muertos y convertirlos en algo educativo en lugar de un espectáculo", dice Wright.

Aquí desvelamos cómo surgieron las momias y su museo y por qué todo esto sigue atrayendo a multitudes a Guanajuato.

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Cómo nacieron las momias (y los mitos)

A pesar del espectacular centro histórico de Guanajuato, el museo de las momias, situado en las afueras de la ciudad, suele ser el primer lugar que visitan los turistas. "Voy a ver a las tías", bromean los mexicanos que se dirigen a Guanajuato. La gente hace cola durante horas para entrar en el museo, codo con codo con vendedores ambulantes que venden charamusca, un dulce local de azúcar y canela con forma de, cómo no, momias.

Una foto de 1911 muestra las momias de Guanajuato en su espacio de exposición original, una cripta bajo el cementerio de la ciudad. Los cuerpos conservados de forma natural fueron desenterrados cuando sus familias dejaron de pagar el coste de las tumbas.

Fotografía de Classic Image, Alamy Stock Photos

Los turistas mexicanos suelen aceptar los cadáveres expuestos con una mezcla de interés y respeto, pero no con repugnancia; después de todo, ésta es la cuna de los Días de los Muertos. "Pero para los viajeros de otras partes del mundo, hay que contextualizar el museo", dice Dante Rodríguez Zavala, guanajuatense y guía de México Street Food Tours. "Para los mexicanos, esto no es extraño o raro. Nos sentimos cómodos con la muerte: llevamos comida a nuestros seres queridos en el Día de los Muertos e invitamos a los mariachis al cementerio".

En los alrededores de Guanajuato se oyen susurros fantasmagóricos sobre el origen de las momias: algunas fueron enterradas vivas, otras murieron en un brote de cólera, todas se conservaron gracias a un suelo rico en minerales. "Además, para que la gente se interesara por ver las momias, los trabajadores del cementerio empezaron a contar historias sobre ahorcamientos, forajidos y brujas", dice Gerald Conlogue, profesor emérito de diagnóstico por imagen de la Universidad de Quinnipac (Estados Unidos) que ha estudiado ampliamente las momias.

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La verdad es más simple e indicativa de la actitud de México hacia la muerte. Al igual que muchos cementerios públicos, el Pantéon Santa Paula de alrededor de 1861 tenía una política en la que las familias pagaban un impuesto anual por mantener los restos de sus seres queridos enterrados en sus tumbas o nichos en la superficie. En 1865, los trabajadores del cementerio empezaron a retirar los cuerpos de las personas cuyos familiares no podían pagar las tasas o que no tenían familia viva.

Al abrir las tumbas, los trabajadores esperaban encontrar huesos polvorientos. En lugar de ello, encontraron muchos cuerpos todavía notablemente intactos, con piel, pelo e incluso lenguas. El ambiente cálido y seco resultó ser ideal para conservar los restos humanos. "Si el sol golpea los nichos todo el día, como es el caso de Santa Paula, hace que los cuerpos se deshidraten rápidamente", dice María del Carmen Lerma Gómez, antropóloga forense que trabaja en el estudio del INAH.

Surge una espeluznante atracción turística

Se corrió la voz sobre estas momias milagrosas, que los enterradores apuntalaron a lo largo de las paredes en un osario subterráneo. Algunas aún llevaban sus ropas de enterramiento, zapatos de tacón alto o etiquetas que indicaban sus nombres y fechas de muerte. Rápidamente se convirtieron en una curiosidad y una fuente de ingresos para los trabajadores del cementerio.

Un cadáver conservado de forma natural en el museo de momias de Guanajuato parece gritar, resultado de la liberación de los músculos de su mandíbula tras la muerte.

Fotografía de Diego Jesus Sanchez Torres, Alamy Stock Photos

"Por una pequeña cuota, el encargado admitirá al visitante en la 'cámara de los horrores'", puede leerse en un artículo de viaje de la revista National Geographic en julio de 1916. "Una escalera de caracol conduce a la cripta, donde los espantosos restos momificados están colocados en una fila fantasmal, sonriendo con resentimiento a los curiosos".

A lo largo de los años, los turistas robaron las etiquetas con los nombres de las momias como recuerdo, despojando a la mayoría de los cuerpos de sus identidades. Los guías del museo y los lugareños llenaron el vacío con nuevos nombres y relatos mágicos: un cuerpo femenino deformado por una grave escoliosis llamado La Bruja, otro cadáver conocido como El Ahogado.

Un nuevo estudio sobre las momias de Guanajuato pretende identificar los restos de los siglos XIX y XX y determinar cómo conservarlos mejor.

Fotografía de Craig Lovell, Eagle Visions Photography, Alamy Stock Photos

Se convirtieron en embajadores culturales de la ciudad, tanto en atracciones de la vida real como en musas de la ficción. Las momias se enfrentaron a luchadores enmascarados y con capa en un par de películas de terror de los años 70 y persiguieron a un matrimonio estadounidense con problemas en el cuento de Ray Bradbury de 1955, The Next in Line. El próximo año se estrenará en México una nueva serie en streaming, Pinches Momias.

Qué hacer con las momias

El estudio del INAH se inició en febrero, impulsado por las quejas sobre el nuevo museo propuesto y el supuesto maltrato de las momias. Los críticos se mostraron contrarios a que el Gobierno de la ciudad transportara los frágiles cuerpos a convenciones fuera de la ciudad y a que, de forma escandalosa, los expusiera en uno de los túneles subterráneos de Guanajuato durante un rally automovilístico.

En el proyecto del INAH, el equipo de San Millán está escarbando en los certificados de defunción de los siglos XIX y XX, en documentos eclesiásticos y en periódicos para identificar las momias. Los métodos forenses (radiografías, análisis de ADN de pelo, dientes o piel) podrían incluso relacionar los restos con los guanajuatenses actuales.

"Hay que tratarlos como cuerpos humanos", dice San Millán. Esto significa, dice, que si una momia hasta ahora desconocida resulta ser el tatarabuelo de alguien y los descendientes desaprueban que esté expuesta, será reintervenida "inmediatamente y sin ningún problema".

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Los académicos del INAH y otros expertos esperan que el nuevo estudio mejore la forma de exponer las momias y les dé un nuevo reconocimiento como artefactos culturales. La actualización del control climático del museo y el almacenamiento de los cuerpos en posición horizontal en lugar de vertical también podrían ayudar a su conservación.

"Se trata de personas normales que son depositarias de información sobre la época en la que vivieron", dice Conlogue. "Caminaban por estas calles, iban al antiguo mercado. No deberían ser un espectáculo de fenómenos".

Jennifer Barger es una editora senior de viajes en 'National Geographic' que escribió su primera historia sobre momias en la escuela primaria. Síguela en Instagram.

Susannah Rigg contribuyó a la investigación de este artículo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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