Animales

Esto es lo que ocurre durante los días posteriores a la muerte de un elefante

Los grandes animales desempeñan papeles descomunales en sus ecosistemas, incluso muertos. Miércoles, 12 September

Por Erika Engelhaupt - National Geographic

Un elefante africano puede pesar hasta siete toneladas y vivir hasta 70 años. Cuando uno de estos gigantes mueren, lo lloran. Pero la muerte de un elefante también implica la supervivencia de otros animales, como algunas especies amenazadas o en peligro de extinción. Una horda de animales hambrientos acude a toda velocidad para reducir su cadáver a huesos, consumiendo millones de calorías en pocos días.

Hace poco, un equipo de rodaje de Safari Live, producido por WildEarth Media para National Geographic, captó un increíble escenario de acción carroñera en Sudáfrica. Un elefante macho había resultado herido en una pelea con otro macho y el animal falleció por las heridas. Tras grabar a los elefantes atravesando un periodo de duelo junto al cadáver, el equipo decidió quedarse para comprobar qué ocurría a continuación.

Lo que presenciaron fue un cuadro sangriento, con grupos de buitres que se sumergían en su interior y luchaban por los restos. Pero si la observas durante un tiempo, esta carnicería es sorprendentemente ordenada. Todos tienen una tarea y, hasta cierto punto, aguardan su turno para llevarla a cabo.

Los buitres avistan un animal muerto en cuestión de minutos u horas después de su muerte, pero sus picos no pueden atravesar la dura piel de un elefante, de forma que se quedan cerca a la espera de que los afilados dientes de hienas o leones «abran» el cadáver y derramen sus entrañas, según explica Joyce Poole, experta en elefantes y codirectora del grupo de conservación ElephantVoices.

En el caso del macho grabado en vídeo, varias hienas manchadas abrieron el cadáver a una bandada de buitres dorsiblancos africanos, que rápidamente cubren al elefante con una masa de aves que aletean y luchan.

Cientos de buitres pueden descender sobre el cadáver de un elefante a la vez y reducirlo a un esqueleto en cuestión de días, según cuenta el experto en buitres y becado de National Geographic Munir Virani, del Peregrine Fund, que ha presenciado el lúgubre espectáculo unas cuantas veces.

«Es increíble —el ruido, la cacofonía—, se empujan, saltan, luchan y se tiran de las alas», afirma Virani.

Estos festines pueden ser fundamentales para los buitres, cuyas poblaciones se han desplomado, ya que los humanos han modificado sus hábitats y los han envenenado. Cuando un animal de gran tamaño muere, los buitres se llenan con tanta carne como pueden y la llevan de vuelta a sus nidos. Virani explica que crían polluelos durante casi la mitad del año, de forma que necesitan comidas tan grandes como sea posible.

Aunque los elefantes muertos no son un festín diario —sobre todo porque sus cifras han descendido en África de millones a unos pocos miles—, Virani señala que los carroñeros como los buitres evolucionaron junto a animales que migran en manada como los elefantes y los ñus y dependen de sus poblaciones.

Los cadáveres de elefante también alimentan a una comunidad de descompositores, que devoran todo aquello que los carroñeros más grandes no se coman.

Es más, el lugar donde yace el cadáver se empapa de sangre y fluidos liberados durante la descomposición y crea una franja de suelo fértil donde los microbios pueden liberar nutrientes en el suelo.

Los científicos buscan estos lugares de descomposición para comprender mejor el número de elefantes que vive y muere dentro de una población. El experto en elefantes Iain Douglas-Hamilton desarrolló lo que se conoce como «ratio de cadáveres», o el porcentaje de elefantes muertos descubiertos en un censo. Es una herramienta espeluznante, pero efectiva.

Por ejemplo, Botsuana tenía un ratio de cadáveres relativamente bajo de solo un siete por ciento en el Gran Censo de Elefantes, respecto al 32 por ciento de Mozambique. Menos elefantes muertos suele significar menos actividad de caza furtiva, por eso los grupos de conservacionistas se quedaron perplejos la semana pasada, cuando durante un recuento en Botsuana contaron al menos 87 cadáveres recientes de elefantes, sin colmillos.

Perdemos elefantes a un ritmo alarmante y los efectos de su rápido descenso se extenderán por el medio ambiente y a otros animales.

El festín que proporciona un elefante tras una muerte natural es fugaz, «pero esa dinámica es importantísima en los ecosistemas», afirma Poole.

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