El 99% de estas tortugas marinas nacen hembras: esta es la razón

La mayor colonia de tortugas verdes del Pacífico atraviesa una situación crítica, probablemente debido al aumento de las temperaturas. ¿Se convertirá en un problema global?

Tuesday, January 9, 2018,
Por Craig Welch
El aumento de las temperaturas hace que las tortugas marinas nazcan hembras
El aumento de las temperaturas hace que las tortugas marinas nazcan hembras
El aumento de las temperaturas en las costas de Australia podría tener un efecto devastador sobre las poblaciones de tortuga verde, al hacer que casi todas sus crías sean hembras. El sexo de las tortugas viene determinado por el calor de la arena donde se incuban sus huevos. A medida que las temperaturas aumentan por el cambio climático, nacen más hembras. En la isla Raine, el mayor y más importante criadero de tortuga verde del Pacífico, los científicos descubrieron que las tortugas hembra superan en número a los machos por 116 a 1. Raine parece haber producido casi exclusivamente hembras durante al menos 20 años. No se sabe a ciencia cierta cómo afecta esto a las tortugas de todo el mundo y otros factores como los cambios del hábitat podrían ser determinantes para cambiar la proporción de sexos.

Las tortugas verdes del Pacífico pasan años recorriendo esta zona de alimentación de Australia, donde comen algas antes de dirigirse a las zonas de anidación para aparearse y poner huevos. Los científicos sencillamente querían saber cuáles eran machos y cuáles hembras.

No siempre se puede determinar el sexo de una tortuga con solo mirarla, por eso los investigadores pusieron en marcha un «rodeo de tortugas». Se subieron sobre las lanchas y se abalanzaron sobre los caparazones de tortugas que nadaban. Tras llevar con cuidado a cada una de las tortugas hasta la orilla, tomaron muestras de ADN y sangre y realizaron incisiones minúsculas para estudiar las gónadas de las tortugas.

Como el sexo de una tortuga marina viene determinado por el calor de la arena donde incuba sus huevos, los científicos sospechaban que verían un número ligeramente superior de hembras. Al fin y al cabo, el cambio climático ha elevado las temperaturas del aire y del mar, algo que en estas criaturas favorece el nacimiento de hembras. Pero, en su lugar, descubrieron que las hembras de la colonia de tortugas verdes más grande e importante del Pacífico superan en número a los machos por 116 a 1, como mínimo.

«Es algo extremo, extremo con mayúsculas, extremo con signos de exclamación», afirma la experta en tortugas Camryn Allen, que trabaja para la NOAA en Hawái. «Estamos hablando de unos cuantos machos para cientos de hembras. Nos dejó atónitos».

Una nueva investigación publicada en Current Biology por Allen y sus colegas es la más reciente que sugiere que el aumento de las temperaturas en el mundo puede hacer que las poblaciones de tortuga estén formadas predominantemente por hembras. Pero este es el análisis más detallado hasta la fecha de la gran importancia de este problema, y plantea nuevas preguntas sobre los riesgos para las tortugas marinas a nivel mundial, así como para otras especies que dependen de la temperatura: de aligátores a iguanas, pasando por los plateaditos salados, peces muy importantes en muchos arroyos y estuarios.

«Trabajas con una de las poblaciones de tortugas más grandes del mundo y todo el mundo tiende a pensar que eso significa que todo va bien», afirma el biólogo marino Michael Jensen, autor principal del nuevo estudio e investigador adjunto del Southwest Fisheries Science Center de la NOAA en La Jolla, California. «Pero ¿qué ocurrirá en 20 años, cuando literalmente no queden machos adultos? ¿Hay suficientes para mantener a la población?».

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«Era mucho peor de lo que pensábamos»

Las tortugas verdes del este de Australia, que pueden alcanzar los 225 kilogramos con caparazones de 1,2 metros de diámetro en forma de corazón, anidan principalmente en dos lugares: una serie de islas cerca de Brisbane a lo largo del sur de la Gran Barrera de Coral, y una remota isla de arena y hierba a 1.200 kilómetros al norte llamada isla Raine. Unos años después de eclosionar en cualquiera de estos lugares, se mezclan y nadan en las aguas poco profundas de pequeñas extensiones del mar del Coral, donde pueden quedarse un cuarto de siglo o más antes de dirigirse a una de estas dos regiones para aparearse. Durante décadas, regresarán a los mismos terrenos de alimentación una y otra vez.

Jensen quería saber si el cambio climático había alterado la proporción entre crías macho y hembra. Mediante análisis genéticos, descubrió que podía rastrear a tortugas de todas las edades de una zona de alimentación hasta sus lugares de anidación específicos. Sin embargo, a sus datos demográficos les faltaba un detalle importante: el sexo. Solo es posible determinar el sexo de una tortuga una vez esta alcanza su madurez (los machos maduros tienen colas ligeramente más largas). Pero para entonces, las tortugas pueden tener decenas de años. Por eso los científicos suelen emplear la laparoscopia, introduciendo un delgado tubo en cada animal para ver sus órganos. Pero este es un método invasivo y no muy práctico si pretendes examinar a cientos de animales. Jensen se quedó perplejo.

En una conferencia sobre tortugas en México, se encontró con Allen, exinvestigadora de koalas. Allen había usado los niveles de testosterona para seguir los embarazos de los marsupiales arborícolas. A continuación, perfeccionó formas de descifrar el sexo de las especies marinas basándose en los niveles hormonales. Lo único que necesitaba era un poco de sangre.

Este par de científicos se asoció con otros, entre ellos el experto en tortugas Ian Bell, y tomaron muestras de sangre de las tortugas de la Gran Barrera de Coral. Llevaron a cabo una serie de exámenes por laparoscopia para confirmar la exactitud de los métodos de Allen. Compararon sus resultados con datos de temperatura de las playas de anidación y examinaron a tortugas de varias edades. Los resultados les pillaron por sorpresa.

«Enseguida dijimos: ¡Santo Cielo!», dijo Allen. «Era mucho peor de lo que pensábamos».

Al parecer, la isla Raine lleva 20 años produciendo casi exclusivamente tortugas hembra. Y no es poca cosa. Raine, de 32 hectáreas, y sus cayos de coral albergan una de las mayores colonias de tortugas verdes del planeta, donde anidan más de 200.000 tortugas. Durante la temporada alta, pueden llegar a establecerse 18.000 tortugas en la isla al mismo tiempo. Y esas son solo las hembras.

Como los científicos pudieron determinar las edades aproximadas de las tortugas de las que tomaron muestras, también hicieron otro descubrimiento. En ese tramo de la Gran Barrera de Coral, donde el aumento del calor ha provocado grandes blanqueos de coral en los últimos años, la proporción entre machos y hembras había empeorado con el tiempo. Las tortugas que eclosionaron allí en los setenta y los ochenta eran mayoritariamente hembras, pero solo en una proporción de 6 a 1.

«Es un trabajo revolucionario», afirma Brendan Godley, experto en tortugas marinas y profesor de ciencia de la conservación en la Universidad de Exeter que no está vinculado al estudio. Según él, su alcance —que comprende la extensión de la Gran Barrera de Coral— y su enfoque multidisciplinario aportan un gran valor a esta investigación.

Lo que Jensen y Allen encontraron al sur es igualmente importante. Allí, a las tortugas que eclosionan del arrecife sur cerca de Brisbane —donde las temperaturas no han aumentado tan significativamente, y donde los corales siguen estando bastante sanos— les va mucho mejor. En ese lugar, las tortugas hembra superan en número a los machos por solo 2 a 1.

«Esto, combinado con modelos bien hechos, demuestra que las playas más frías del sur todavía producen machos, pero en el norte más tropical, las que eclosionan son casi todas hembras», explica Godley. «Estos hallazgos indican claramente que el cambio climático está modificando muchos aspectos de la biología de la fauna silvestre».

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Son necesarias más investigaciones para evaluar los cambios en las proporciones de sexos de las tortugas verdes en otras partes del mundo, como esta de las islas Galápagos.
Fotografía de Chris Newbert, Minden Pictures/National Geographic Creative

Pero ¿cómo de extendido está este fenómeno? ¿Y cuáles son sus consecuencias?

«Las temperaturas cambian con gran rapidez»

Por el momento, nadie lo sabe.

Dado que las tortugas marinas suelen aparearse con más de una hembra y los machos suelen aparearse con más frecuencia, sería beneficioso tener una ligera inclinación a favor de las hembras. Un reciente estudio de 75 colonias de tortugas marinas de todo el mundo demostró que la proporción entre hembras y machos era de aproximadamente de 3 a 1. De hecho,algunas poblaciones de tortugas producían menos machos que hembras hace ya un siglo. Pero la pregunta es: ¿cuánto ha cambiado la situación? ¿Y cuánto es demasiado?

Las tortugas marinas llevan existiendo 100 millones de años y durante ese tiempo las temperaturas han ascendido y descendido. Además, tras décadas disminuyendo por la caza furtiva, la contaminación, las enfermedades, el desarrollo humano, la pérdida de hábitat y la captura incidental en pesca comercial, muchas poblaciones de todo el mundo han mostrado recientemente señales de mejora.

«Pero ahora las temperaturas están cambiando muy rápidamente», afirma Jensen. «La evolución necesita varias generaciones de animales para adaptarse. Pero estos son animales que viven durante 50 años o más, y la situación está cambiando drásticamente durante su vida».

Por ejemplo, en la isla Raine el aumento del nivel del mar ha inundado lugares de anidación, ahogando a los huevos. La erosión de las playas crea pequeños acantilados, haciendo que las tortugas verdes adultas se caigan sobre la espalda y mueran al no poder darse la vuelta. Las autoridades australianas están gastando millones en la restauración de la isla para mejorar la vida de las tortugas.

Aun así, los científicos llevan prediciendo desde hace al menos 35 años que el equilibrio entre machos y hembras en las siete especies de tortuga marina —verde, boba, laúd, carey, plana, olivácea y lora— sería muy vulnerable ante el cambio climático. Los reptiles son tan sensibles a la temperatura que un aumento de solo un par de grados Celsius podría producir en muchos lugares una descendencia exclusivamente de hembras. Esto podría aniquilar a poblaciones enteras. Si las temperaturas suben demasiado, la situación podría empeorar; los huevos se cocerían literalmente dentro de sus nidos.

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Sin embargo, antes de las últimas investigaciones, la mayoría de estudios sugerían que una feminización excesiva no supondría una amenaza hasta finales del siglo XXI, y son escasas las investigaciones para examinar lo que podría estar ocurriendo ahora mismo. En estudios de hace dos años de un grupo de tortugas verdes en San Diego, Allen descubrió que el 65 por ciento eran hembras, pero entre las más jóvenes esa cifra ascendió al 78 por ciento. Por otra parte, algunas tortugas carey en Costa Rica y tortugas boba de Florida y de otros lugares, como África occidental, han mostrado una inclinación creciente por las hembras. Pero ninguno de esos estudios examina a las poblaciones a una escala que se acerque siquiera a la del trabajo de Allen y Jensen.

Incluso en este caso, es difícil determinar qué número de machos sería demasiado bajo. La respuesta puede cambiar según la especie y el lugar. Además, el factor que determina el sexo —la temperatura— puede verse afectado por factores locales. En el archipiélago de Chagos, en el océano Índico occidental, los episodios de lluvia, la sombra de las hojas de los árboles costeros y las playas estrechas que obligan a las tortugas carey a anidar más cerca del agua ayudan a mantener una proporción sana de crías macho. En el Caribe, los científicos advierten que las tortugas marinas están en peligro debido a la tala, ya que reduce la sombra que mantiene las playas lo suficientemente frescas como para producir machos.

Galería:

«Lo más aterrador»

Todo ello hace que la investigación en la Gran Barrera de Coral sea mucho más convincente, según afirma el experto en tortugas Nicolas Pilcher, que no formó parte del estudio. En ese lugar, la mayoría de las playas carecen de sombra, por eso el vínculo entre el clima y la proporción de sexos es más evidente. Y el número de tortugas afectadas está probablemente en torno a los cientos de miles. Ningún estudio ha demostrado una proporción tan desequilibrada en un lugar tan importante, en parte debido a que, hasta ahora, nadie había averiguado cómo hacerlo.

«Es único por el hecho de que la población de la isla Raine es tan grande que el impacto de cualquier pérdida (potencial) será enorme, y que los autores han rastreado datos que demuestran que en los primeros días había una distribución de sexos más equitativa», afirma Pilcher.

Lo que preocupa a Allen es lo que sugiere su investigación sobre las miles de poblaciones de tortugas del mundo que todavía tienen que estudiarse de esta forma, que son prácticamente todas. Jensen y ella planean continuar aplicando sus técnicas en nuevos lugares de anidación y ya han recogido muestras en Guam, Hawái y Saipán.

«La Gran Barrera de Coral norte tiene una de las mayores poblaciones genéticamente diferentes de tortugas marinas del mundo», afirma Allen. «Pero lo más aterrador es pensar en aplicar este problema a poblaciones donde los números ya son muy bajos».

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