Animales

La caza furtiva, el lucro de la extinción

Más de 300 especies de mamíferos están al borde de la extinción a causa de un mercado negro que mueve entre 8.000 y 20.000 millones de euros al año. Martes, 11 September

Por Cristina Crespo Garay - National Geographic

Entre la vegetación del vasto territorio botsuano, una de las matanzas más salvajes en África acaba de llevarse por delante a 87 elefantes africanos, el pasado 4 de septiembre, debido a la codicia por el marfil. Encontrados con los colmillos arrancados, las cifras aún descansan sobre la incertidumbre de un recuento que todavía no ha finalizado. 

El descorazonador rastro de la caza furtiva alcanza niveles insostenibles que esquilman el planeta a una velocidad cada vez mayor. La creciente avaricia arrastra al límite de la extinción a miles de especies, con más de 30.000 elefantes, 100 tigres y 1.000 rinocerontes asesinados cada año, según afirma el World Wildlife Crime Report elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Dellito (UNODC).  

En las últimas décadas, la extinción de especies se ha acelerado hasta tal punto, que la tasa promedio de pérdida de vertebrados es hoy hasta mil veces más alta que las tasas de referencia. Algunos expertos consideran que nos encontramos ante la sexta extinción más grande de la historia de la Tierra. Entre las filas de la larga ristra animales en peligro de extinción, muchos se hallan gravemente amenazados por la caza furtiva que alimenta el tráfico ilegal de animales. Según afirma un estudio publicado en The Royal Society, más de 300 especies de mamíferos están al borde de la extinción debido a la caza furtiva.

El precio de la vida en el mercado negro

Este sangriento negocio, que ocupa el tercer puesto de crimen organizado a nivel mundial, mueve miles de millones de euros al año que se llevan por delante la vida de muchas especies. Tan solo entre 2010 y 2012, más de 100.000 elefantes fueron asesinados, según datos de la ONG Save The Elephants, lo que podría llevar a esta especie a la extinción en menos de una década.

“Es difícil saber cuáles son los precios en el mercado negro, pero pueden llegar a alcanzar precios realmente elevados”, afirma Teresa Gil, portavoz del programa de Especies de WWF. “Se calcula que el tráfico mueve entre 8.000 y 20.000 millones de euros al año y no tiene nada que envidiar al tráfico de drogas o de armas. Está llevando a la extinción a cientos de animales y plantas y es la segunda amenaza para la biodiversidad, después de la destrucción del hábitat”.

Según el Observatorio de Contrabando de Vida Salvaje, Traffic, en 2003 un kilo de marfil se valoraba en 190 euros. En 2013, rondaba los 2.500. En el caso del rinoceronte, su cuerno pasó de tener un precio por kilo de 765 euros a más de 62.000.

Asia y África, así como Madagascar, Indonesia, Filipinas, Brasil, Papúa Nueva Guinea, India y China, son las zonas con más especies endémicas amenazadas. Desde el World Wildlife Crime Report alertan de la dificultad de recopilar y analizar datos de incautación, procedentes de lugares dispares y procesadas por autoridades diferentes.

Pero las secuelas del furtivismo no siempre se alejan de nuestras fronteras. España se ha convertido en un emplazamiento clave debido a su situación geográfica entre África, Latinoamérica y Europa. A través de puertos como Algeciras, Canarias o Valencia llegan a nuestras costas miles de animales y objetos procedentes de la caza furtiva. Según datos de WWF, y aunque se estima que apenas se descubre la mitad de los casos, entre 2005 y 2014 se incautaron 13.838 animales vivos en nuestro país.

Más de 8.000 especies en riesgo 

“Los mamíferos terrestres están experimentando un colapso masivo en el tamaño de sus poblaciones y en su distribución geográfica en todo el mundo”, afirman los autores del estudio. “El declive incesante de los mamíferos sugiere que se perderán muchos de los servicios ecológicos y socioeconómicos vitales que proporcionan estas especies, lo que podría cambiar irrevocablemente los ecosistemas”.

La población de elefantes decreció un 30% en siete años, según el Gran Censo de Elefantes llevado a cabo en 2016. Pero los grandes mamíferos no son los únicos, la Lista Roja de Especies Amenazadas incluye 8.417 especies en peligro. Entre las filas de esa larga ristra de animales, muchos se hallan gravemente amenazados, o ya extintos, por la caza furtiva que alimenta el tráfico ilegal de animales. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) alerta además de que publicará al menos 15.000 nuevas evaluaciones en la lista a lo largo de este año 2018.

Debido a que las incautaciones a menudo son realizadas durante el transporte de las mercancías, se han recopilado numerosos detalles sobre los detalles y las rutas utilizadas por los traficantes. Sin embargo, la inmensa diversidad de mercancías, que va desde caballitos de mar disecados a bebés de chimpancé con vida, complica su recopilación y análisis.

Una regulación dispar y tardía

“Los cambios en las regulaciones, tanto nacionales como internacionales, pueden tener un impacto dramático”, afirman. “Como resultado, confirmar las tendencias de cada especie es complicado, y únicamente se ven de forma clara donde la caza furtiva está documentada sobre una especie con población pequeña y localizada, como el rinoceronte en Sudáfrica”.

Entre las principales causas que provoca la caza furtiva se encuentran la obtención de carne, el comercio de mascotas, el uso de partes de sus cuerpos como productos medicinales o como uso ornamental. Los cazadores furtivos aniquilan lentamente cada especie que persiguen, por lo que el 98% de las especies víctimas de esta masacre tienen poblaciones decrecientes.

A pesar de que tanto el tráfico de vida silvestre como la caza furtiva han aumentado en los últimos años la atención y concienciación que requieren debido a su gravedad, la curva de población de muchas especies continúa decreciendo a un ritmo indómito. 

La Convención sobre el Comercio Ilegal de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (CITES) se creó para velar por la supervivencia de las especies, pero aprobar leyes más restrictivas que impongan penas mayores a la caza y al tráfico ilegal de especies se vuelve una imposición ineludible para tratar de contener el vertiginoso ritmo de una amenaza que asola el planeta sin marcha atrás.

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