Animales

La sorprendente razón por la que los osos polares necesitan el hielo marino para sobrevivir

Un nuevo estudio investiga un eslabón importante en la cadena trófica de los depredadores.Tuesday, April 2, 2019

Por Lesley Evans Ogden
Una osa polar y su osezno atraviesan la banquisa en Nunavut, Canadá.

Cada invierno, la banquisa ártica (o hielo marino) crece alrededor del polo conforme sus gélidos tentáculos se expanden por las costas septentrionales. Ahora mismo, la banquisa acaba de sobrepasar su pico de cobertura del año y empezará a menguar con la llegada de la primavera. Es un momento crucial para los osos polares, cuyo suministro de alimentos está estrechamente relacionado con el hielo marino.

En las últimas décadas, la banquisa ha menguado más rápido que nunca. Según el Centro Nacional de Datos sobre hielo y nieve, en 2019 la cobertura de la banquisa en el Ártico ha sido la séptima más baja desde que se empezaron a recopilar datos por satélite hace 40 años.

Este año «no bate récords, pero lo que importa es la tendencia», afirma Andrew Derocher, experto en osos polares de la Universidad de Alberta. «Lo preocupante es la tendencia descendente en la banquisa ártica en todos los meses y ahora esperaremos para ver qué traen consigo las condiciones primaverales», afirma.

Una primavera fría permite que el hielo persista y aporta a los osos polares un acceso más fácil a uno de sus alimentos favoritos: las focas. Una primavera cálida reduce la disponibilidad de su superautopista alimenticia. «Para los osos polares, se trata de la supervivencia del más gordo», afirma Derocher.

Los osos más gordos aseguran mejor su supervivencia en los veranos sin hielo, cuando la comida es escasa o inexistente. Y las hembras más gordas necesitan energía para dar a luz y amamantar a oseznos sanos. «Ningún oso polar se ha mirado en un estanque de agua derretida y ha pensado “estoy demasiado gordo”», bromea Derocher.

Hace ya tiempo que sabemos que la banquisa es importante para que los osos polares cacen y críen a sus oseznos, pero resulta que el hielo también transporta una valiosa fuente de energía.

Más del 70 por ciento de la dieta de los osos polares —al menos en tres poblaciones de osos en el norte de Canadá— puede rastrearse hasta las algas que crecen en la banquisa, según una investigación publicada en 2018 en la revista PLoS ONE.

Una cadena trófica helada

Quizá te imagines la banquisa como una inmensidad blanca, vasta y espesa. Así se ve desde arriba. Pero vista desde abajo, la banquisa está cubierta con una alfombra marrón verdosa compuesta de diversas especies de algas.

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Si te imaginas las fauces enormes de un oso masticando el hielo crujiente cubierto de lodo verde, te equivocas de imagen. Los osos polares no se comen el hielo marino directamente. Los investigadores descubrieron que la mayor parte de la dieta de los osos polares se compone de criaturas que, en última instancia, dependen de las algas de la banquisa como fuente de alimento. Su estudio examinó osos polares de la bahía de Baffin, el oeste de la bahía de Hudson y el sur de la bahía de Hudson.

Los osos polares consumen muchas focas y, en algunos lugares, también belugas. Tanto las focas como las ballenas comen peces y otras criaturas que obtienen su energía de criaturas diminutas denominadas zooplancton, que a su vez consumen las algas de la banquisa. Uno de los alimentos favoritos de los osos polares, la foca ocelada, consume diversos tipos de peces y camarones que se alimentan de plancton que come algas.

A nivel individual, estas algas son «inferiores a la anchura del pelo», afirma Thomas Brown, ecólogo marino de la Asociación Escocesa de Ciencia Marina. Pero a nivel colectivo, las diminutas algas de la banquisa ejercen un efecto enorme en los ecosistemas polares.

Tras un invierno ártico largo y oscuro, la luz de la primavera estimula el crecimiento de las algas. Esto aporta un festín a criaturas diminutas denominadas copépodos, anfípodos y zooplancton, que se alimentan en la parte inferior de la banquisa. En verano, cuando se derrite el hielo, las algas se hunden. Los peces que recorren los sedimentos y las focas que devoran esos peces crean los eslabones que trepan por la cadena trófica hasta los osos polares.

Osos sobre hielo

Durante años, Brown ha explorado ecosistemas polares de abajo hacia arriba, por así decirlo. Al examinar estrellas de mar y erizos de mar en el lecho marino, descubrió que contenían una sustancia química que también está presente en las algas de la banquisa, que indican que las algas de arriba han llegado hasta su suministro de alimentos.

A continuación, Brown y su equipo buscaron esta sustancia química, denominada IP25, como biomarcador de la presencia de las algas de la banquisa en osos polares. Colaboraron con las autoridades gubernamentales del territorio canadiense de Nunavut y el pueblo inuit, que les proporcionaron muestras de hígados de osos polares cazados como forma de subsistencia. Los resultados demostraron que el carbono derivado del hielo marino dominaba las dietas de los depredadores.

Derocher, de la Universidad de Alberta, alaba el estudio y añade que hay 19 poblaciones de osos polares en el Ártico, por lo que el próximo paso obvio será examinar más.

Añade también que, aunque los ecosistemas son resistentes, si quitas un componente, «el ecosistema no será el mismo con el tiempo». Considera la banquisa algo similar al suelo en un ecosistema forestal: «Es un sustrato fundamental para el ecosistema tal y como lo conocemos».

Ya se sabe que el hielo marino es un hábitat importante para los osos polares. «Pero ¿y si no vemos el panorama completo? ¿Y si la banquisa es más importante de lo que creemos?», afirma Brown. «Menos banquisa significa menos hábitat, no solo para los osos polares, sino también para los microorganismos de la banquisa que componen una parte importante de la base misma de la cadena trófica de los osos», afirma.

Ante el cambio de disponibilidad de la banquisa, «quizá necesitemos revisar nuestras evaluaciones de lo amenazados que están los osos polares», afirma Brown. Añade que es demasiado pronto como para afirmarlo con seguridad, pero está claro que, para los osos polares, el hielo es beneficioso en muchos sentidos.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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