Animales

Los mapaches se extienden por el planeta y el cambio climático podría ayudarlos

Estos voraces invasores viven en tres continentes y el calentamiento podría expandir su área de distribución hacia el norte.martes, 30 de julio de 2019

Por Douglas Main
Los mapaches pueden vivir en cualquier parte, en los nopales de Texas (en la foto), entre las coníferas de los bosques septentrionales o por los manglares del Caribe. Y su área de distribución está expandiéndose en muchas partes del mundo.

Gran parte del planeta es acogedor para los mapaches y, según una nueva investigación, la posible área de distribución de estos invasores enmascarados se expandirá a nuevas zonas ante el cambio climático.

Un estudio publicado en Scientific Reports analizó las condiciones climáticas idóneas para estos mamíferos norteamericanos en las zonas que habitan actualmente. A continuación, las extrapolaron a todo el planeta para determinar dónde era más probable que las variables medioambientales sustentaran las poblaciones de estos animales y cómo cambiarán con el calentamiento global.

Vivien Louppe, autor principal del estudio e investigador del Museo Nacional de Historia Natural de París, Francia, explica que hallaron condiciones climáticas favorables para estos omnívoros flexibles y voraces en gran parte del mundo, en una zona que se expandirá considerablemente hacia el norte.

Esto solo contribuirá a la dispersión de estos animales, que ya se están propagando como especie introducida por gran parte de Europa, así como por Asia central y oriental. Los mapaches pueden superar a las especies autóctonas y consumir una gran cantidad de presas, lo que causará daños medioambientales significativos pero poco estudiados en estas zonas.

«Esta especie es capaz de afrontar una alta diversidad de condiciones medioambientales y bioclimáticas», afirma Louppe, como los manglares caribeños, los bosques templados europeos o los bosques nevados de Norteamérica. Las condiciones climáticas de los modelos incluían variables relacionadas con el calor y la humedad, como la temperatura media anual, las precipitaciones anuales y la amplitud térmica diaria.

Los mapaches (Procyon lotor) se adaptan mejor a entornos ribereños. La traducción de su nombre científico latino es «antes del perro» y «limpiador», que hace referencia a su hábito de recoger y lavar la comida en ríos y masas de agua. Sus nombres en alemán (Waschbär), italiano (procione) y japonés (araiguma) se traducen vagamente por «oso limpiador».

Los mapaches, introducidos en Alemania en los años 30, se han dispersado a todos los países circundantes, llegando hasta España por el oeste, hasta Italia por el sur y hasta Polonia por el este. En Japón, se han abierto paso por las islas del país desde los años 60 y se ha documentado su presencia en al menos 42 de las 47 prefecturas del país. Existe otra población importante en Irán y Azerbaiyán.

Parte del motivo de que los mamíferos se convirtieran en un problema en Japón es un libro y una posterior serie de dibujos animados llamada Rascal en la que aparece un mapache adorable, que fue todo un éxito en Japón en los años 70. Esto dio pie a la importación de hasta 1500 animales al mes durante un tiempo, aunque posteriormente se prohibió esta práctica en el país. Pero era demasiado tarde: los mapaches son mascotas terribles y muchas personas acabaron liberándolos.

Hacia el norte

Para crear el modelo, los científicos analizaron varias trayectorias futuras de emisiones de dióxido de carbono y cómo cada situación hipotética contribuiría al aumento de las temperaturas en el planeta.

Aunque el equipo observó aumentos similares de las condiciones favorables para los mapaches con varias trayectorias, el equipo se decidió por el caso más extremo, principalmente porque la expansión era más pronunciada. Este caso, llamado RCP 8,5 (Representative Concentration Pathway), representa la hipótesis más pesimista —aunque resulta posible— e implica un alto uso de petróleo en el futuro.

«La RCP 8,5 es el caso más extremo, pero también el más realista y probable, por desgracia», afirma Louppe.

Louppe añade que el factor más preocupante de la posible expansión de los mapaches al norte es el impacto en los bosques del norte, denominados taigas o bosques boreales.

Explica que «los ecosistemas de estas zonas son peculiares y frágiles» y podrían sufrir por la introducción de un nuevo depredador.

Según Suzanne MacDonald, profesora de la Universidad de York en Toronto que estudia la conducta animal y que no participó en el estudio, esto es particularmente relevante en los bosques del norte de Europa y Asia, donde los mapaches podrían expandirse mucho más.

Los mapaches pueden «hacer añicos cualquier delicado equilibrio que ya exista», afirma MacDonald, exploradora de la National Geographic Society. «Y ya lo están descubriendo en lugares como Japón».

Eso se debe a que «comen de todo: pequeños invertebrados, ranas, huevos de aves, aves, pequeños mamíferos, todo», afirma.

Aunque se sabe poco del impacto ecológico de los animales en Europa, «los mapaches podrían suponer una grave amenaza para la fauna autóctona», afirma Agnieszka Perec-Matysiak, investigadora de la Universidad de Wrocław, en Polonia.

Pandas de la basura

Estas criaturas están particularmente adaptadas a las ciudades, donde subsisten felizmente de basura (de ahí su apodo popular, «pandas de la basura»).

«Cada noche, en Toronto, se ven mapaches en los jardines particulares», dice MacDonald como ejemplo. «No algunas noches, sino todas». Le preocupa especialmente la posibilidad de que propaguen enfermedades como la rabia. «Estas cosas me quitan el sueño».

Louppe advierte que los modelos del estudio no incluyeron algunas variables ecológicas, como la presencia de presas y depredadores, de forma que no es una prueba definitiva de dónde podrían vivir.

Dicho esto, como los mapaches comen casi cualquier cosa, existe la posibilidad de que puedan sobrevivir en muchos de estos lugares climáticamente favorables.

Mientras tanto, los mapaches siguen extendiéndose por zonas no autóctonas, provocando menos alarma de la que deberían. «Son adorables, pero insidiosos», afirma MacDonald.

«La gente no sabe lo que ha hecho al importarlos», añade. «Diezmarán todo en otros países que no estén preparados para ellos».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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