La industria del huevo crea el primer método que no mata a las gallinas ponedoras ni tritura a los pollitos macho

Tras años conviviendo con una industria alimentaria atroz, una empresa francesa y una startup alemana revolucionan la horrible trastienda que esconden las empresas de huevos.

Tuesday, December 17, 2019,
Por Cristina Crespo Garay - National Geographic
Gallinas industria
Además de su sacrificio y la muerte de los pollitos macho, este tipo de producción condena a los animales a no ver la luz del sol, tener sus picos cortados para evitar daños y estar continuamente sometidas a un alto nivel de estrés.
Fotografía de Artem Beliaikin, Unsplash

La industria del huevo mata cada año a millones de gallinas ponedoras que alcanzan una edad menos fértil, 18 meses, así como sacrifica tras su nacimiento a cientos de millones de pollitos macho que no pondrán huevos y, por tanto, no será rentable mantener.

La práctica habitual más rentable en la mayoría de los países consiste, de hecho, en triturar estos pollitos nada más nacer, cuando el sexador de pollos los identifica como machos. Tras años conviviendo con una industria donde únicamente el beneficio económico marca las pautas hasta tal punto, ahora, una empresa francesa ha creado el primer método en el que comer huevos no está ligado a esta masacre.

La llamada “Casa de las gallinas”, Maison des poules, es el santuario donde Poulehouse lleva a sus gallinas de más de 18 meses para que vivan dignamente hasta su muerte natural, que podría llegar a ser incluso a los diez años de vida. Para evitar además la muerte de los pollitos macho, la empresa colabora con una startup alemana que ha desarrollado sexage in ovo, una técnica con la que pueden conocer el sexo del huevo antes de que la gallina comience a incubarlo.

"Muchos de nosotros amamos y consumimos huevos, pero no sabemos que las gallinas ponedoras se matan principalmente a la edad de 18 meses debido a una caída en su producción", afirma Poulehouse. "Sin embargo, una gallina puede vivir en promedio 6 años". Con este concepto innovador y respetuoso, Poulehouse "ofrece el primer huevo que no mata a la gallina con un método de producción responsable y sin sacrificio. Las gallinas viven toda su vida en el mismo lugar, ya sea en la granja piloto de Limousin o con criadores asociados. Evolucionan al aire libre, con un comportamiento reproductivo que satisface sus necesidades naturales".

En España, un 82% vive en jaulas

Nuestro país está aún a la cola de esta industria, donde este tipo de explotación supone aún un 82% de nuestra producción, incluso entre marcas bio o ecológicas donde las gallinas no viven enjauladas.

Además de su sacrificio temprano y la muerte de los pollitos, este tipo de producción condena a los animales a no ver la luz del sol, tener sus picos cortados para evitar daños y estar continuamente sometidas a un alto nivel de estrés.

Así viven  32 millones de gallinas ponedoras en nuestro país, que ocupa el tercer lugar en producción de huevos según el grupo de previsiones de expertos de la Comisión Europea, por detrás de Alemania y Francia, tal y como afirmaba el Ministerio en el informe de junio de 2019.

Suecia, un ejemplo a seguir

Sin embargo, la rentabilidad económica de las grandes empresas se enfrenta cada día más a un consumidor informado, exigente, que coloca en la balanza de su cesta de la compra la salud y el bienestar animal. Tanto la alimentación de las gallinas, como su libertad de movimiento, su nivel de estrés y su calidad de vida dejan una gran huella en los huevos, tal y como demostró un estudio español que logró reconocer el tipo de producción al que había sido sometida la gallina según su huella en la yema del huevo.

A la vanguardia de estas medidas se encuentra sin lugar a dudas nuestro país vecino, Suecia, que prohibió radicalmente estas prácticas ya en el año 1994, seguido de Austria que lo hizo en 2004. Alemania planea unirse a la prohibición para 2025 y en Francia este porcentaje supone un 52%, que continúa disminuyendo a pasos agigantados, ya que es dos veces menor que en el año 2008. ¿Cruzará nuestras fronteras esta medida?

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