Estas serpientes invasoras pueden escalar formando un lazo con el cuerpo

El descubrimiento de esta nueva forma de locomoción ha sorprendido a los herpetólogos y podría explicar los efectos perjudiciales de la serpiente arbórea marrón en los ecosistemas de Guam.

Publicado 13 ene. 2021 13:42 CET
Foto de una serpiente arbórea marrón

La serpiente arbórea marrón (en la foto, un ejemplar del Zoo Henry Doorly, en Omaha) puede alcanzar una longitud de tres metros.

Fotografía de Joel Sartore, National Geographic Photo Ark

 

Las serpientes pueden moverse de costado sobre la arena, saltar entre árboles y ondular bajo el agua. Ahora, los científicos han documentado una forma de moverse completamente nueva: formar una especie de lazo con su cuerpo para trepar por un poste.

La serpiente arbórea marrón, un reptil autóctono de Australia, Papúa Nueva Guinea y varias islas del Pacífico, llegó a Guam por accidente tras la Segunda Guerra Mundial, probablemente a bordo de buques de carga. Las serpientes enseguida se propagaron por la isla, aniquilando a las poblaciones de fauna local y causando la extinción de 10 especies de aves. Ha habido muchos intentos de controlar a las invasoras, desde soltar ratones llenos de drogas desde el aire hasta desplegar perros detectores de serpientes, pero ninguno de estos métodos ha tenido éxito.

En 2016, la ecóloga de la Universidad de Colorado Julie Savidge y Tom Seibert tuvieron otra idea: instalar cilindros metálicos de 20 centímetros de diámetro —un tipo de elemento disuasorio para animales salvajes— al pie de los nidos de las aves en el laboratorio de serpientes arbóreas marrones del Servicio Geológico de Estados Unidos.

 

Sospechaban que las serpientes nocturnas no podrían escalar los cilindros lisos para devorar a los estorninos de Micronesia, una especie que no se encuentra en peligro de extinción, pero cuyas poblaciones están disminuyendo en Guam.

Se equivocaban. Las cámaras de vídeo colocadas cerca de los nidos experimentales revelaron que una serpiente había rodeado el poste con el cuerpo, formando una especie de «lazo» para escalarlo.

«La verdad es que nos miramos en shock. Se suponía que las serpientes no eran capaces de hacer esto», afirma Seibert.

Han llamado este nuevo comportamiento «locomoción en lazo» y detallado su mecánica en un estudio publicado en enero en Current Biology. Se trata del quinto tipo de movimiento reconocido oficialmente en serpientes, además del rectilíneo, o en línea recta; el serpentín o serpentino, que es el clásico movimiento de las serpientes; el desplazamiento lateral o de costado, que se usa para viajar sobre la arena; y la locomoción en concertina, un movimiento de escalada en acordeón.

Es «insólito, una locura», afirma Sara Ruane, bióloga evolutiva de la Universidad Rutgers que no participó en el estudio. «No me lo puedo creer».

Serpientes en un poste

Tras observar el vídeo de las serpientes escalando los cilindros en 2016, Savidge y Seibert llamaron a Bruce Jayne, biólogo de la Universidad de Cincinnati, para preguntarle si había visto algo parecido en sus 40 años de carrera. «Me quedé atónito y desconcertado al mismo tiempo», afirma Jayne, coautor del estudio.

Pero como era un vídeo en time-lapse un poco entrecortado, Jayne necesitaba ver claramente cómo escalaban el poste. Seibert regresó a Guam en 2019 para crear un nuevo experimento. Construyó una tubería de acero en un pequeño recinto rodeado de paredes de metro y medio y colocó un ratón muerto en la cima a modo de cebo. Después, liberó a 15 serpientes arbóreas marrones salvajes capturadas. Cinco de las serpientes escalaron la tubería, que los investigadores grabaron en alta definición.

En las imágenes, Jayne advirtió una «región de agarre» donde normalmente el cuerpo de la serpiente de 120 centímetros se cruza sobre sí mismo a medida que asciende. Cuando trepan a los árboles, las serpientes arbóreas suelen necesitar dos regiones de agarre, algo que consiguen rodeando el tronco con el cuerpo dos veces, un proceso llamado locomoción en concertina.

En cambio, en la nueva locomoción en lazo, la serpiente emplea su región de agarre como anclaje, lo que le permite envolver el poste con su cuerpo una sola vez, como un lazo. Con esta base sólida, la serpiente forma pequeñas dobleces en sus movimientos ondulantes, lo que la impulsa hacia arriba poco a poco.

Es probable que los buques de carga introdujeran a la serpiente arbórea marrón, autóctona de otras islas del Pacífico, en Guam a finales de los años cuarenta.

Fotografía de Bjorn Lardner, United States Geological Survey

Pero no es fácil para las serpientes, que siempre están buscando comida, señala Jayne.

«La verdad es que los resbalones eran bastante habituales, así que aunque puedan escalar», dice, es probable que «a estas serpientes les resulte difícil».

«Aún queda mucho por aprender»

Los autores advierten que esta forma de locomoción se ha documentado en serpientes arbóreas marrones que escalan postes artificiales en Guam, así que se desconoce si se da en su hábitat autóctono o en otras especies.

Pero suponen que este movimiento único —y la capacidad de acceder a presas en las copas de los árboles— es otra incorporación a un repertorio ya diverso que podría ayudar a explicar el efecto devastador de las serpientes en los ecosistemas de Guam.

«Esta serpiente posee un conjunto entero de características que hacen que tenga éxito», afirma Savidge, como su amplia dieta y su agilidad, que incluye saltar entre ramas.

Savidge dice que este descubrimiento hizo que probaran un nuevo elemento disuasorio en forma de cono que parece mantener a las serpientes arbóreas marrones alejadas de los nidos. Este diseño, que crea un ángulo que dificulta que las serpientes escalen, será objeto de otra investigación.

Ruane añade que, aunque se ha investigado mucho a las serpientes arbóreas marrones, es probable que la nueva forma de locomoción descubierta hubiera pasado desapercibida de no ser por las pruebas en vídeo.

«Demuestra que aún queda mucho por aprender, incluso de especies muy conocidas», afirma.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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