Las fotos de esqueletos de animales mejoran con la ayuda de la gelatina

Esta técnica produce imágenes detalladas y sobrenaturales que los científicos utilizan para estudiar anatomía.

Publicado 23 mar. 2021 13:32 CET
Un esqueleto de caballito de mar

Un esqueleto de caballito de mar sostenido por una matriz de glicerina y gelatina con tinte rojo bajo luz fluorescente. Esta técnica fotográfica ayuda a los científicos a examinar los esqueletos de formas nuevas.

Fotografía de Leo Smith, Universidad de Kansas

Luz fluorescente, tinte rojo y gelatina: estos son los ingredientes de una técnica fotográfica emergente que permite que los científicos visualicen mejor los esqueletos de los animales.

Los investigadores que estudian vertebrados han recurrido a la denominada limpieza y tinción —retirar los tejidos blandos a los especímenes y colorear los restos con tinte rojo— para obtener imágenes detalladas que se emplean para examinar la anatomía y las relaciones interespecíficas. Pero sin ligamentos ni musculatura, los esqueletos pueden ser flácidos, por lo que es difícil colocarlos y fotografiarlos desde determinados ángulos.

Durante mucho tiempo, los investigadores limpiaban el tejido blanco y teñían los esqueletos de los especímenes, pero la fluorescencia saca a la luz otro nivel de detalle, como ocurre con este Cottocomephorus grewingkii.

Fotografía de Matthew Girard, Universidad de Kansas

Los investigadores de vertebrados utilizan estas imágenes, como esta de un lagarto Plica umbra, para explorar cómo han evolucionado los animales y para identificar los rasgos que comparten con otras especies.

Fotografía de Matthew Girard, Universidad de Kansas

Muchos esqueletos, como el de esta pitón de Macklot, pueden ser blandos y difíciles de colocar sin tejido, pero la gelatina los mantiene en su lugar y pueden limpiarla fácilmente cuando termina la sesión de fotos.

Fotografía de Matthew Girard, Universidad de Kansas

«Hay muchas imágenes diferentes que no se pueden conseguir», cuenta Leo Smith, profesor de biología evolutiva y ecología en la Universidad de Kansas, que ayudó a desarrollar la nueva técnica. «Si es un siluro, va a estar boca abajo y eso es lo único que tienes. Si es una trucha o algo así, va a estar de costado, porque en otra dimensión se vendría abajo».

Aquí es donde entra la gelatina. Su textura puede mantener los esqueletos en una pose determinada, lo que permite fotografiarlos desde ángulos diferentes y se puede limpiar fácilmente cuando termina la sesión de fotos. Junto al tinte rojo y la luz fluorescente, el método ofrece la oportunidad de sacar imágenes que antes eran imposibles.

Resplandor rojo

Una noche de 2013, a Smith, el autor principal del estudio de 2018 que describe la técnica, se le antojó colocar el esqueleto de un pez con tinte bajo un microscopio de fluorescencia, que utiliza una luz de alta intensidad en lugar de luz blanca visible.

«Lo puse ahí debajo y dije: "Madre mía, es impresionante", porque la fluorescencia sacaba a relucir los detalles», afirma Smith.

Los esqueletos teñidos de rojo, como este de un barbudo real, brillan bajo una longitud de onda específica. Según Matt Davis, profesor de biología en la Universidad Estatal de St. Cloud, se parece al funcionamiento de los juguetes que brillan en la oscuridad.

Fotografía de Matthew Girard, Universidad de Kansas

«Es muy similar a los juguetes que brillan en la oscuridad», señala Matt Davis, profesor de biología de la Universidad Estatal de St. Cloud, en Minnesota, y coautor del trabajo. «El principio es básicamente el mismo. Absorbe la luz y después la reemite». (Ornitorrincosardillas voladorastortugas marinasotras criaturas son biofluorescentes de forma natural.)

Smith dice que lo bello de las imágenes con fluorescencia es que despejan el espécimen y permiten que prestar atención a detalles que antes no se podían advertir.

La parte de la gelatina de este método fue refinada por Chesney Buck, un voluntario que ayudaba en el laboratorio de Smith, y Matt Girard, un estudiante de doctorado que trabaja con Smith en la Universidad de Kansas. Girard dice que insertar los especímenes teñidos en gelatina abrió un sinfín de posibilidades.

«Cuando puedes mover algo o meter un par de pinzas, o sostenerlo en la mano y moverlo, empiezas a ver cómo se articulan los huesos», afirma. «O puedes ver si hay algo detrás de un hueso, porque muchas cosas —quizá no en humanos, pero sí en otros animales— tienen capas de huesos».

El sapo Spea bombifrons vive en la región americana del Medio Oeste, de Canadá hasta México. Los investigadores que desarrollaron esta técnica fotográfica han empezado a experimentar con longitudes de ondas de luz y filtros diferentes para comprobar qué más pueden revelar los esqueletos.

Fotografía de Matthew Girard, Universidad de Kansas

Una cría de pato joyuyo brilla en color rojo. En estado silvestre, son unas de las aves acuáticas más coloridas y de patrones más llamativos de Norteamérica.

Fotografía de Matthew Girard, Universidad de Kansas

El sapo cabezón o sapo de aleta lucia es un tipo de pez sapo bioluminiscente, un habitante de fondos planos que «canta» canciones de amor. Aquí brilla en verde por el tinte y en verde por su fluorescencia natural.

Fotografía de Leo Smith, Universidad de Kansas

El Eumicrotremus orbis es un pez de casi 2,5 centímetros de largo cubierto de tubérculos duros.

Fotografía de Sociedad Estadounidense de Ictiólogos y Herpetólogos

El murciélago moreno puede tener una envergadura de más de 30 centímetros.

Fotografía de Matthew Girard, Universidad de Kansas

Serendipia

Smith, Davis y Girard han empezado a experimentar con diferentes longitudes de ondas de luz, filtros de cámara y microscopios para ver qué les revelan estos animales.

«Reconstruimos estos árboles de la vida y exploramos cómo evolucionan [los especímenes] con el tiempo y cómo se relacionan», afirma Davis. «Lo hacemos buscando características compartidas, que pueden ser genéticas o anatómicas».

Pero el resto del trabajo, según Davis, consiste en disfrutar de él. «Parte de la ciencia es el descubrimiento y parte de eso es divertirse».

Al fin y al cabo, así descubrió Smith la técnica. Cualquier momento de serendipia, dice, puede conducir a otro gran avance.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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