Las granjas exóticas de China podrían ser el eslabón perdido tras el salto del virus a las personas

El virus podría haber saltado entre especies en las granjas que suministran animales vivos como civetas, serpientes y ratas del bambú.

Publicado 26 mar 2021 11:27 CET
Civeta en un mercado de Cantón

Los granjeros chinos solían criar y vender animales salvajes por su carne, como la civeta de la foto en un mercado de Cantón. El gobierno puso fin a la práctica en febrero de 2020, cuando el coronavirus se propagaba por el mundo.

Fotografía de Kin Cheung, Reuters

La granja de civetas era una pocilga convertida, cuenta Peter Li sobre una visita prepandémica a uno de los pequeños negocios de China especializados en criar animales salvajes por su carne, que entonces eran muy numerosos. Unas 10 civetas, unos animales salvajes con colas largas y peludas y con manchas en la cara como las de los mapaches, vivían encerradas juntas de ocho a 12 meses antes de su venta, dice Li, especialista en políticas chinas en Humane Society International y profesor de política de Asia Oriental en la Universidad de Houston-Downtown. Señala que, cuando los animales están en condiciones de hacinamiento y a menudo antihigiénicas, la posibilidad de que se propague una enfermedad es elevada.

Al final, es probable que los restauradores de lujo utilizaran algunas de las civetas —en China algunos las consideran un manjar— como ingrediente en una sopa cara que también incluye carne de serpiente.

Antes de la pandemia, estas granjas abastecían de animales vivos —civetas, ratas del bambú, cocodrilos, puercoespines y serpientes, entre otros— a los mercados de animales salvajes de China, principalmente para su venta a restaurantes. Millones de personas trabajaban en las miles de pequeñas granjas, fomentadas por autoridades del gobierno como forma de reducir la pobreza en zonas rurales con pocas alternativas de trabajo. Pero para finales de 2020, el gobierno declaró que había clausurado todas estas granjas en el marco de una respuesta al nuevo coronavirus.

Ahora, un equipo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) está planteándose si las granjas de animales salvajes podrían ser un eslabón perdido que ayudó al coronavirus a saltar de sus probables anfitriones animales —los murciélagos— a los humanos en el Mercado mayorista de mariscos de Huanan en Wuhan, un lugar vinculado a uno de los primeros conglomerados de infecciones en humanos. (El equipo también está investigando los posibles vínculos con otro mercado de Wuhan que se relacionó con uno de los primeros pacientes, quien no tenía ninguna conexión con Huanan.)

Peter Daszak, ecólogo de enfermedades británico de EcoHealth Alliance, con sede en Estados Unidos, y miembro de la delegación de la OMS que viajó a China para investigar los orígenes de la pandemia en enero de 2021, contó a NPR la semana pasada que el equipo de la OMS había hallado nuevas pruebas que indicaban que las granjas de animales salvajes del sur de China habían suministrado animales al mercado de Huanan, lo que refuerza la teoría de que las granjas podrían haber contribuido a desencadenar la pandemia.

El equipo de la OMS todavía no ha proporcionado detalles de sus evidencias ni pruebas de animales infectados en las granjas ni el mercado de Huanan. La organización declinó hacer comentarios antes de un informe que detallará sus hallazgos, cuya publicación está prevista en las próximas semanas, y los miembros de la delegación tampoco quisieron hacer declaraciones al respecto.

Como ha transcurrido más de un año entre finales de 2019, cuando se vinculó la enfermedad al mercado, y diciembre de 2020, cuando China dice que cerró todas las granjas de animales salvajes vendidos por su carne, adquirir estas pruebas podría ser imposible. Con todo, llenar los vacíos sobre cómo podría haber saltado el virus a los humanos es esencial para entender la pandemia de COVID-19 y combatir futuras enfermedades zoonóticas.

Yunnan, la provincia sudoriental de China donde se encuentran muchas de las granjas cerradas, también es donde los virólogos encontraron un virus en murciélagos casi idéntico al coronavirus que circulaba en humanos. Algunas granjas de animales salvajes vendieron animales que podían estar infectados de otros coronavirus, entre ellos civetas, así que los científicos sospechan que estas especies también podrían ser susceptibles al SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19.

«Es posible que algunos de estos animales estuvieran infectados en esas granjas y después trajeran el virus al mercado», contó Peter Ben Embarek, científico de seguridad alimentaria neerlandés que dirige la delegación de la OMS, a la revista Science en febrero, después de que su equipo y él regresaran de China. Añadió que era necesario hacer más pruebas.

Antes de la pandemia, las autoridades chinas fomentaban las granjas de animales salvajes, como esta granja de ratas del bambú en el sudoeste de China, como forma de reducir la pobreza. Las enfermedades pueden propagarse rápidamente cuando los animales están hacinados y en condiciones antihigiénicas, lo que podría sentar las bases para la aparición de enfermedades zoonóticas.

Fotografía de DZ 2020

Muchas granjas de animales salvajes lindaban con zonas silvestres, así que los animales cautivos podrían haberse contagiado fácilmente con las heces de los murciélagos infectados de los alrededores. Asimismo, Li dice que las supuestas operaciones de cría de algunas granjas eran una tapadera para la captura y venta de animales salvajes vendidos como si fueran animales criados en granjas.

Cuando el virus estaba incubando en un animal cautivo —independientemente de si el animal vino del medio natural o fue criado en la granja—, el patógeno podría haber saltado de animal en animal, mutando en el proceso. Para cuando el animal llegó a Huanan u otros mercados de Wuhan, el virus podría haber evolucionado hasta tal punto que pudo arraigar en otra especie: nosotros.

El riesgo de capturar animales salvajes

Como respuesta al brote, el gobierno chino prohibió la venta y el consumo de animales salvajes en febrero del 2020, pero permitió que los granjeros siguieran criándolos para otros fines, como por su pelaje y para la medicina tradicional china.

Eso quiere decir que no se eliminó el riesgo de propagación de enfermedades de animales salvajes cautivos, afirma Debbie Banks, de la Environmental Investigation Agency con sede en Londres, que dirige la investigación sobre las más de 200 granjas de tigres de China.

«El riesgo de salto interespecífico sigue ahí, independientemente de cuál sea el uso final», afirma Banks. La peletería podría ser de especial preocupación porque los visones son vulnerables al virus y son capaces de transmitírselo a los humanos. Se desconoce si las granjas de visones de China han tenido brotes de coronavirus como los cientos de granjas de Europa y Estados Unidos, pero la industria de visones china es grande; en 2019 produjo más de 11 millones de pieles.

El cazador de virus W. Ian Lipkin, director del Centro de Infección e Inmunidad de la Universidad de Columbia, que estaba trabajando en China en enero de 2020, dice que las granjas de animales salvajes son una fuente plausible de salto interespecífico, pero le «sorprendería mucho» que hubiera pruebas sólidas de ello.

“El riesgo de salto interespecífico sigue ahí, independientemente de cuál sea el uso final.”

por DEBBIE BANKS, ENVIRONMENTAL INVESTIGATION AGENCY

Lipkin dice que no le consta que se hicieran pruebas en las granjas que demostraran su contribución a que el SARS-CoV-2 saltara de animal a humano. Añade que, aunque ahora se descubriera el virus en una granja, no podría saberse si el lugar estuvo implicado en el principio del brote o si los animales se han infectado recientemente.

Ni siquiera los análisis de cadáveres congelados del mercado de Huanan revelaron niveles detectables del virus, por lo que es difícil determinar un vínculo definitivo entre las granjas, el mercado y el brote, afirma Lipkin.

El año pasado, la OMS señaló que, de las 336 muestras tomadas a animales congelados en el mercado de Huanan, ninguna dio positivo en coronavirus. El virus sí se halló en algunas muestras tomadas en otros lugares del mercado, como los desagües y las alcantarillas, pero estas fuentes no indican si el virus podría haber estado en animales, humanos o ambos, indica Lipkin.

Con todo, si salen a la luz evidencias que sugieran que una granja de animales salvajes conectada al mercado de Huanan vendió animales infectados de coronavirus, sería «un bombazo», dice Lipkin.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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