Raras imágenes muestran a ballenas en peligro de extinción «abrazándose»

Quedan menos de 400 ballenas francas glaciales en el océano. Grabar en vídeo este comportamiento es una buena señal.

Publicado 10 may 2021 12:30 CEST
Fotografía de ballenas francas nadando

Una ballena franca macho, una hembra y un individuo no identificado que muestra solo la aleta de la cola nadan en la superficie. Los científicos reconocen a las ballenas francas glaciales gracias a un conjunto de marcas únicas, o callosidades, que tienen sobre la cabeza.

Fotografía de Brian Skerry

Vídeo completo aquí.

Nadaban juntas como si fueran una: dos ballenas francas glaciales macho, cada una colocando una aleta sobre el cuerpo de la otra.

Parecía un abrazo.

«¿Están mostrando afecto? ¿Están mostrando amor?», se preguntó Michael Moore, experto en ballenas francas del Instituto Oceanográfico Woods Hole, en Massachusetts. Navegaba en un pequeño barco en Cape Cod Bay con su colega, Amy Knowlton, y el fotógrafo Brian Skerry y su ayudante. «Estuvimos de acuerdo en que “afecto” era una palabra que podíamos plantear como hipótesis».

Los científicos habían salido al agua el 28 de febrero para contar ballenas francas y evaluar visualmente su tamaño y estado de salud. En primavera, las ballenas migran hacia el norte desde las cálidas aguas del Caribe donde dan a luz hasta las frías aguas del nordeste de Estados Unidos y Canadá, donde abunda el zooplancton que comen.

Moore dice que era la primera vez que observaba ballenas francas nadando de este modo, una postura que los científicos denominan comportamiento vientre con vientre. Afirma que el vídeo de los dos machos, grabado por un dron pilotado por Skerry, explorador de National Geographic, ofrece las imágenes más claras del fenómeno que se han visto hasta la fecha.

La grabación muestra lo que los científicos denominan «grupo activo en superficie» de ballenas e incluye imágenes de uno de dos grupos diferentes, observados con cuatro horas de diferencia, nadando por la bahía y posiblemente apareándose.

«Gran parte de lo que queríamos hacer con mi cobertura fotográfica era intentar generar empatía hacia estos animales», afirma Skerry. «La ciencia no ha bastado para capturar la opinión pública. Esta es una especie que podría extinguirse durante nuestra vida».

Quedan menos de 400 ballenas francas glaciales en el océano, lo que las convierte en una de las especies en más peligro crítico de extinción del planeta. Un siglo de caza comercial mermó las poblaciones de ballenas para el siglo XX, y siguen disminuyendo. Solo durante los últimos cuatro años se han hallado muertas 34 ballenas francas glaciales en playas tras quedarse atrapadas en aparejo de pesca o ser golpeadas por barcos. Se realizan necropsias a cada ballena que aparece varada para determinar la causa de la muerte.

Algunos estudios sugieren que las ballenas forman grupos para jugar, mantener lazos sociales, aparearse o prepararse para el apareamiento. «Las ballenas francas glaciales realizan estas interacciones sociales en superficie de forma muy habitual», afirma Susan Parks, ecóloga del comportamiento en la Universidad de Syracuse, en el norte del estado de Nueva York. «El comportamiento se ha observado en todos los hábitats conocidos, en todas las épocas del año».

Para Moore, lo que parecía un abrazo de ballenas era más que una conducta animal curiosa. «Uno de los motivos por los que me pareció tan impresionante fue que ha habido muchísimas malas noticias para las ballenas francas en los últimos 20 años», afirma. «He hecho muchas necropsias en playas».

Lo que más le sorprendió que «la gentileza del momento. Fue como un vals lento», cuenta. «Tener un asiento de pista en un momento privado en ese grupo fue esperanzador».

El comportamiento pacífico de las ballenas francas  

«Estos animales están interactuando», dice Knowlton, del Acuario de Nueva Inglaterra, refiriéndose al supuesto abrazo. «No podemos saber qué significa».

Moore afirma que el vídeo muestra el comportamiento pacífico de las ballenas francas. Si los machos están preparándose para aparearse, están siendo «suaves, relajados y lentos», dice.

«Las ballenas se tocan. Los peces se tocan. Aves, insectos y ratones se tocan. Esto no es necesariamente algo nuevo ni relevante, pero verlo es adorable», afirma Michelle Fournet, científica experta en mamíferos marinos de la Universidad de Cornell. Señala que llamar a este comportamiento un abrazo es un ejemplo de nuestro impulso de interpretar el comportamiento animal en términos humanos —antropomórficamente—, que puede tergiversar una comprensión precisa de su comportamiento.

Pero Skerry señala los comportamientos antropomórficos respaldados por la ciencia: orcas que muestran dolor o belugas que chillan de alegría, por ejemplo.

Cuando trabajó en la serie documental Los secretos de las ballenas para Disney+, Skerry cuenta que «[los científicos] decían que las ballenas tienen cultura y personalidad y alegría y dolor. Hace unas décadas, no era así. Ahora muchos científicos tradicionales dicen esas cosas».

Un rayito de esperanza  

Las colisiones con barcos y enredarse en aparejo de pesca suponen el mayor reto para la recuperación de las ballenas francas glaciales, pero sus tasas de natalidad también están descendiendo, posiblemente por la escasez de alimento en sus zonas de alimentación en el norte, una consecuencia del cambio climático.

Solo unas cien de las ballenas restantes son hembras en edad reproductiva, capaces de producir una cría una vez cada tres años. Esta tasa de natalidad baja resalta la importancia de cada individuo.

«Me interesa mucho saber qué hace falta para que una ballena franca esté lo bastante sana para quedarse embarazada», afirma Moore.

Cada año deberían nacer unas 30 crías para mantener a la especie, según Moore. Entre diciembre de 2020 y marzo de este año, se han observado 17 recién nacidas nadando entre Florida y Carolina del Norte. Es un buen recuento, dice, dado que durante los cuatro años anteriores solo se habían contado 22.

El Servicio Nacional de Pesca Marina de Estados Unidos está en proceso de establecer nuevas normativas para impedir que las ballenas se queden atrapadas en sedales para langostas y cangrejos, y la agencia ha impuesto límites de velocidad a los barcos que viajan por rutas migratorias de ballenas.

«Hay muy pocas buenas noticias», afirma Moore. «Y este breve vídeo fue un rayito de esperanza», dice. Las ballenas que nadaban por Cape Cod Bay, si no estaban apareándose activamente, «al menos estaban procreando de forma prospectiva».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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