Las poblaciones de cárabo californiano alcanzan un mínimo histórico pese a los esfuerzos para salvarlas

Este animal amenazado podría desaparecer de gran parte de su área de distribución si no se protegen los bosques primarios y se controlan las poblaciones de cárabos norteamericanos.

Publicado 25 jun 2021 13:50 CEST
Un cárabo californiano del norte

Un cárabo californiano del norte en el bosque nacional de Siskiyou, que está entre los estados de Oregón y California.

Fotografía de Joel Sartore

El cárabo californiano del norte ha sido una de las especies más prominentes del Pacífico Noroeste. Con un plumaje pardo con manchas blancas, grandes ojos marrones y una envergadura de hasta 1,2 metros, estas aves nocturnas dependen exclusivamente de los bosques primarios de edad madura. Se lanzan en picado entre los antiguos abetos de Douglas y los pinos ponderosa cazando salamandras y pequeños roedores. Durante décadas, investigadores y conservacionistas han invertido tiempo, esfuerzo y dinero tratando de protegerlos.

Pero según un estudio publicado en la revista Biological Conservation, las poblaciones de cárabos han alcanzado un mínimo histórico: han disminuido entre un 50 y un 75 por ciento desde 1995.

«Preveíamos que no sería positivo, pero no estábamos preparados para que fuera así de negativo», afirma Alan Franklin, biólogo e investigador del Centro Nacional de Investigación de Vida Silvestre del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y autor principal del estudio. Señala que las poblaciones del cárabo son las más bajas desde que comenzó su vigilancia.

El estudio advierte que habrá que tomar medidas drásticas para salvar al cárabo. Estos animales solo viven en bosques primarios, que han disminuido un 70 por ciento a lo largo de las tres últimas décadas debido a la tala y el desarrollo urbano. Los bosques antiguos que quedan deben protegerse, dicen los autores, para dar una oportunidad a los cárabos.

Pero su mayor amenaza es el cárabo norteamericano, un ave invasora que compite con ellos. El estudio advierte que las poblaciones de estas aves invasoras deben reducirse considerablemente en toda el área de distribución del cárabo californiano. De lo contrario, los autores concluyen que es probable que el cárabo californiano del norte desaparezca en gran parte de su hábitat en los próximos 50 años.

Pero es más fácil decirlo que hacerlo y el estudio plantea cuestiones espinosas sobre cuál es la mejor forma de salvar esta especie amenazada.

Lo que le espera al búho es «un futuro incierto pero inquietante», dice Franklin.

Este último estudio, llevado a cabo cada cinco años, abarca una superficie total de casi dos millones de hectáreas en el hábitat de los búhos en el norte de California, Oregón y Washington. Las regiones de estudio se seleccionaron para ofrecer un panorama completo de las condiciones de los bosques y de las tierras en el hábitat del búho.

Cuando comenzaron los estudios de las poblaciones en 1985, los científicos creían que la pérdida de hábitat era la mayor amenaza para el ave. Pero en la década de 1990, cuando la especie se incluyó en la lista de especies amenazadas de la Ley de Especies en Peligro de Extinción y se adoptó un plan para equilibrar las cosechas de madera en terrenos federales y la conservación, otro competidor se abalanzó llegó desde el este de forma inesperada.

Los cárabos norteamericanos —ahora habituales en el Pacífico Noroeste— son más grandes, tienen una dieta más amplia y un comportamiento más agresivo, y son capaces de competir y superar al cárabo californiano por la comida y los lugares de anidación. Los cárabos norteamericanos son la mayor amenaza para el cárabo autóctono.

Para enfrentarse a esta especie invasora, el Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (FWS, por sus siglas en inglés) decidieron disparar al cárabo norteamericano en 2013 y, hasta la fecha, sus proyectos piloto han tenido un éxito relativo. Esta «gestión letal» tiene lugar a lo largo de casi 235 000 hectáreas y se ha extendido hasta agosto de este año. Después, el FWS trabajará con otras agencias para utilizar la información recabada, así como otra investigación relevante, para formular un plan de gestión más amplio del cárabo norteamericano y decidir cuáles serán los próximos pasos, explica Jodie Delavan, funcionaria de relaciones públicas del FWS.

«El Servicio está seguro de que podrá crearse un programa de gestión del cárabo norteamericano que tenga éxito y sea rentable», afirma Delavan.

Hasta la fecha, han eliminado más de 3100 cárabos norteamericanos a un coste estimado en 8,5 millones de dólares.

Sin embargo, no está claro si los éxitos de los proyectos piloto pueden reproducirse a mayor escala. Y Franklin afirma que ignoran el porcentaje en que deben reducirse las poblaciones de cárabo norteamericano para crear un cambio considerable.

«Aunque tuviéramos todos los recursos, ¿podemos rechazar a un invasor hasta tal punto que la especie autóctona sea capaz de recuperarse?», dijo Susan Jane Brown, abogada del Western Environmental Law Center que ha luchado para proteger al cárabo californiano del norte durante 30 años.

Leña y fuego

Mientras tanto, la deforestación sigue amenazando a las aves. En sus últimos días, la administración Trump anunció un plan para abrir 1,4 millones de hectáreas declaradas hábitat crítico —terrenos considerados esenciales para la supervivencia de la especie— a la tala. Sin embargo, durante el gobierno del presidente Biden, el Departamento de Interior ha paralizado la aplicación de este plan, que actualmente está siendo revisado.

Este tipo de decisiones casi siempre dan lugar a demandas. Los grupos ecologistas han demandado para proteger las 1,4 millones de hectáreas, mientras que la industria maderera ha demandado para desafiar el retraso al plan de Trump impuesto por Biden. Pero mientras este enfrentamiento legal se lleva a cabo en los tribunales, la tala puede continuar en los bosques.

Sin embargo, puede que no baste con proteger el hábitat del cárabo de la tala. Como señala el estudio, existe un alto riesgo de que las comunidades locales de cárabos californianos del norte desaparezcan debido al empeoramiento de los incendios forestales, provocados en gran medida por el cambio climático. Según el estudio, el año pasado los incendios destruyeron casi 850 000 hectáreas de los bosques donde viven los cárabos, casi la misma superficie que Puerto Rico. Gran parte de esa superficie —150 000 hectáreas— es fundamental para la nidificación.

Aunque los pequeños incendios pueden abrir enclaves aquí y allá y ayudar a crear nuevo hábitat, los grandes incendios perjudican a los animales. «La mayor preocupación [son] los megaincendios grandes y graves, que básicamente solo dejan atrás palos quemados», dice Franklin.

En conjunto, los efectos de la tala, el cárabo norteamericano invasor y los incendios forestales son increíblemente difíciles de superar.

¿Qué se puede hacer?

Con todo, sopesar las prioridades es una lucha constante. «La conservación nunca recibe suficientes recursos», afirma Gwen Iacona, científica de conservación aplicada de la Universidad Estatal de Arizona.

Invertir más de ocho millones de dólares en un proyecto piloto de ocho años puede parecer mucho dinero que dedicar a una especie cuya población sigue cayendo en picado pese a décadas de esfuerzos de conservación. Para algunos, plantea la pregunta de si es un uso inteligente de los fondos.

Brown opina que sí lo es, «por cuestiones éticas y morales... pero puedo entender que otros no estén de acuerdo. Depende de si se puede —o se quiere— poner precio a la conservación de la naturaleza y la biodiversidad».

A modo de comparación, se calcula que el coste de aumentar las poblaciones de cóndores californianos de las 22 aves que quedaban en estado silvestre en la década de 1980 a las más de 300 en la actualidad es de algo más de 35 millones de dólares. Por su parte, la reintroducción de lobos grises en Idaho y el parque nacional de Yellowstone costó entre 10 y 20 millones de dólares.

Sin embargo, Brown señala que la industria maderera ha ganado miles de millones de dólares con la tala de los árboles antiguos donde viven los cárabos. «¿Merece la pena ese intercambio para conservar y recuperar una especie amenazada por unos pocos o incluso varios millones de dólares?».

Los expertos sostienen que, en el caso del cárabo californiano del norte, se trata de algo más que de una sola ave. «No se está gestionando una especie, sino cientos de especies que dependen de los bosques primarios», afirma Kimberly Baker, defensora de los terrenos públicos del Environmental Protection Information Center.

En otras palabras, gastar ese dinero para salvar al cárabo ayuda a proteger a muchos más animales y plantas, dice Iacona.

Además, reducir las poblaciones de cárabo norteamericano no solo ayuda a estas aves. Estos depredadores invasores se alimentan de salamandras en peligro de extinción, por ejemplo, así como de musarañas, topillos y ardillas voladoras, una de las comidas favoritas del cárabo californiano. «Hay que ver qué otras consecuencias tienen en el paisaje», dice Franklin.

Pero si los esfuerzos de conservación se centran solo en intentar «acabar con el cárabo norteamericano, no sería algo factible», dice Matthew Betts, profesor de la Universidad Estatal de Oregón.

Sin embargo, si nos centramos en el panorama general del mantenimiento de los bosques antiguos y el beneficio que supone para el cárabo californiano del norte, así como para las salamandras y los topillos que viven en la cubierta forestal y los líquenes y musgos especializados, casi no se puede poner precio a esto», dice Betts.

Brown teme que, sea cual sea el argumento para salvar la especie —ya sea legal, moral o ecológico—, «a menudo se reduce a que no podemos o no queremos permitírnoslo».

Mientras tanto, se nos acaba el tiempo. «Va a hacer falta un esfuerzo hercúleo para invertir el rumbo», dice Brown.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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