¿Qué especies de animales hibernan en España?

Desde murciélagos pescadores hasta el emblemático oso pardo, pasando por lirones o marmotas. Te mostramos cuáles son los animales que se sumergirán en el letargo invernal.

Publicado 18 nov 2021 19:15 CET, Actualizado 19 nov 2021 18:29 CET
Oso pardo
El oso pardo (Ursus arctos).
Fotografía de Fotografía de Zahoor Salmi, My Shot

El letargo invernal es uno de los procesos más curiosos que adopta el reino animal para sobrevivir a las frías temperaturas del invierno. Este letargo se transforma de diversas maneras en procesos relacionados con la hibernación. Entre los casos más extraños se encuentran las tortugas pintadas, que sobreviven respirando por el trasero durante los meses que pasan bajo el hielo, las ranas que se congelan por completo, parando incluso el latido de su corazón, o los lémures que sobreviven meses gracias a la grasa que almacenan en su cola.

"El concepto de hibernación está ligado a animales de sangre caliente, llamados endotermos, aves y mamíferos", explica a National Geographic Alèx Torres Riera, graduado en ciencias ambientales afiliado a la Universidad de Barcelona (IRBIO) y de la Asociación Biomas. Sin embargo, "en nuestras latitudes, ninguna ave hiberna. Normalmente optan por otras estrategias como la migración".

A través de la hibernación y otros procesos de letargo, el metabolismo de estas especies busca disminuir al mínimo su gasto de energía para sobrevivir a los inviernos más duros, que suelen traer consigo un frío extremo y escasez de alimentos. Este mecanismo de supervivencia es una facultad adaptativa que han desarrollado ciertas especies durante su evolución, y se encuentra sobre todo en climas templados, donde los ecosistemas se ven muy alterados por la llegada del frío.

Además de su ritmo cardíaco, disminuyen también su frecuencia respiratoria y la temperatura corporal, ayudando a que la energía se focalice en los órganos vitales. Para que sea posible, estos animales se preparan aumentando sus reservas de grasa durante los meses más cálidos, un período llamado hiperfagia. Cuando los animales se sumergen en este estado de hibernación es difícil despertarlos, por lo que a veces se aprovecha, por ejemplo, para cambiar collares de rastreo.

Según hablemos de mamíferos u otro tipo de animales como anfibios, hay diferentes formas de letargo. En la hibernación, los animales de sangre caliente son capaces de mantener su temperatura orgánica constante, con independencia de las variaciones ambientales, mientras que en la brumación, típica de los animales de sangre fría, esta capacidad no existe, ya que los anfibios y reptiles son incapaces de regular su temperatura corporal.

Oso pardo

El oso pardo es el único mamífero de gran tamaño que hiberna, aunque es un caso controvertido, según Torres Riera. Hay expertos que defienden que "no es una hibernación verdadera, sino un estado llamado sueño invernal. Estos autores atienden a que reducen poco su temperatura corporal, al alto coste energético que supondría una verdadera hibernación en un animal tan grande y a que permanecen en un estado más consciente sobre lo que les rodea".

Casi todas las especies de osos pasan la mayor parte del invierno en su madriguera, sumidos en esa especie de sueño latente, hasta que la llegada de la primavera aumenta las temperaturas y hace florecer los bosques.

Sin embargo, este mecanismo de adaptación puede variar en función de las condiciones climáticas y ambientales del medio, por lo que puede variar entre poblaciones e incluso entre individuos dentro de un mismo ámbito geográfico.

"Hay artículos publicados que demuestran que los osos pardos de media hibernan en la península ibérica un mes menos que en Eslovenia y tres menos que en Escandinavia", explica Torres Riera. "Además, se sabe que los osos de menos de dos años y las hembras con crías pueden no hibernar si las condiciones alimentarias y climáticas son relativamente propicias".

Murciélagos 

En el abanico de especies que hibernan, probablemente los murciélagos se lleven la mejor parte. "Dentro del grupo de mamíferos de España, los murciélagos son el grupo más diverso", explica la bióloga Elena Tena. "No son roedores, como piensa mucha gente, son quirópteros, que significa 'mano alada' en griego".

En España hay 35 especies de quirópteros, "y seguimos descubriendo nuevas, como la última que se publicó aquí en España hace un par de años en la estación biológica de Doñana".

Dentro de ese grupo, se distinguen otros tres grandes grupos: los murciélagos cavernícolas, que viven en cuevas, las especies forestales, que viven en huecos de los árboles, y por último las fisurícolas, que habitan cualquier fisura.

"Entre todos estos grupos, las cavernícolas son las emblemáticas a la hora de hablar de hibernación". En el ciclo de los murciélagos, está el período de cría, que coincide con la primera y verano, y el período de hibernación. Cuando bajan las temperaturas, baja la disponibilidad de las presas, por lo que entran en ese estado de hibernación.

A nivel de conservación, es muy importante conservar sus hábitats. "Cuando entramos a una cueva y encontramos una colonia de hibernación, donde puede haber cientos, lo ideal es irnos cuanto antes, porque despertarles de ese estado les supone un desgaste muy grande y puede provocar que no lleguen a la primavera".

Respecto a los murciélagos forestales , también hibernan en los huecos de los árboles. "Pero si un invierno es muy frío, incluso las especies forestales se pueden ir a las cuevas. Las especies que habitan las fisuras también tienen un letargo dentro de esas fisuras".
Ya hay estudios de diversas especies que afirman que cuando hay días de calor en invierno, aparecen insectos y murciélagos. "No es raro que se activen, no es una hibernación tan estricta".

Marmotas, lirones y erizos

Casi todas las especies de marmotas hibernan en grupo para mantener el calor de la madriguera y aumentar las posibilidades de superar los inviernos más duros. Las marmotas son animales muy sociables que utilizan una increíble variedad de sonidos para comunicarse entre ellas. De cara al invierno, estos roedores almacenan comida, pero también hibernan en sus madrigueras hasta siete meses.

En el caso de los lirones, gran parte de su vida la pasan hibernando o en letargo. Este período puede durar desde mediados de otoño hasta primavera, hasta seis meses o incluso más. Fabrican sus nidos en el suelo del bosque, escondidos entre troncos y hojarasca. Antes de entrar en este modo, tratan de ingerir suficiente grasa como para pasar el invierno.

En el caso de los erizos, como el erizo común europeo, hibernan durante semanas o meses, dependiendo del frío. En algunos casos disminuyen su ritmo cardíaco hasta en un 90 por ciento, pero tampoco hibernan de manera estricta.

"Un estudio del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante afirmó que los erizos de la vertiente mediterránea de la península que habitan en ambientes urbanos no hibernan", explica Torres Riera como ejemplo a las adaptaciones individuales según el clima.

¿Qué hay de las ardillas o las musarañas?

En España hay otras especies a las que la cultura popular otorga la capacidad de hibernar, como a los tejones o las ardillas. "No lo hacen, solo reducen mucho su actividad. En el caso de las ardillas hacen uso de sus despensas que han ido acumulando en épocas más favorables", explica Torres Riera.

A nivel global, una de las hibernaciones más curiosas la protagoniza la ardilla terrestre ártica. "Tiene el récord en cuanto a temperatura corporal negativa en un mamífero; casi menos 3 grados. Esta especie hiberna unos 8 meses pero se va despertando cada, aproximadamente, 20 días. Calientan su cerebro en apenas dos horas y se mantienen despiertos unas pocas horas hasta que vuelven a reducir sus temperaturas", explica Torres Riera.

Estas crías de musaraña se desplazan en fila para sobrevivir
Esta fila de crías de musaraña sigue a su madre muy de cerca junto a un edificio en la ciudad de Fuzhou, China.

Otros animales que podría parecer que hibernan son las musarañas. "Pero no lo hacen, como tampoco ratas o ratones, solo reducen su actividad". Una de las especies presentes en la península, la musaraña bicolor (Sorex araneus) tiene una adaptación frente temperaturas gélidas: "reducir su tamaño cerebral y columna vertebral entre un 20 y 30 por ciento. Al acabar la época desfavorable, lo recupera", explica Torres.

Anfibios y reptiles

Aunque solo se considera hibernación en el caso de los mamíferos, las especies de anfibios o reptiles se adaptan al frío con un proceso llamado brumación. "No obstante estos pueden tener cierta actividad (hidratándose o comiendo de manera reducida), por eso no es extraño ver algunas especies de lagartijas asoleándose encima de una piedra en pleno invierno. Otras especies tienen un letargo más estricto. En cuanto a los insectos tienen otras estrategias parecidas frente a condiciones ambientales adversas como las diapausas o hipobiosis en parásitos".

Entre los animales que llevan a cabo esta brumación se encuentran decenas de especies, por ejemplo el sapo corredor, el lagarto ocelado juvenil, la culebra bastarda juvenil, los sapos parteros o la salamandra común del Almanzor.

Cambio climático e hibernación

Un estudio publicado en la revista de divulgación científica de la Universidad Veracruzana llevó a cabo un análisis científico sobre la relación entre el cambio climático y la hibernación.

"No es ningún secreto que el cambio climático amenaza el delicado equilibrio natural. Los estragos son cada vez más evidentes: los glaciares se derriten, el nivel del mar aumenta, el ciclo de las precipitaciones se altera y los animales luchan por mantener el ritmo", afirma el estudio. "El hábitat de muchas especies se modifica drásticamente y hace que las funciones que desarrollan en cierta época del año, como la hibernación, la reproducción o la migración, se vean afectadas debido al adelanto de las altas temperaturas".

Es difícil asociar el cambio climático con cambios en la hibernación como con muchas otras cosas, como la extinción de especies, ya que "se necesitan muchos años para poder demostrar una cierta correlación", explica Torres. El caso de los osos "puede ser una consecuencia del cambio climático, pero no hay datos que lo demuestren".

De por sí, el tiempo de hibernación de los animales varía dependiendo de las especies y las condiciones de clima y disponibilidad alimentaria, que también es consecuencia del clima. "A día de hoy, en nuestras latitudes podemos encontrar casos de hibernación larga, como en lirones caretos o marmotas, de hasta seis o siete meses, hasta el comentado oso pardo, que algunos individuos ni hibernan", concluye Torres Riera.

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