El catán, un pez "fósil viviente" de 3 metros de largo, está cada vez más cerca de su supervivencia

El también conocido como aligator gar, un depredador de primer orden, ha desaparecido de algunas partes del río Misisipi.

Por Jason Bittel
Publicado 17 feb 2022, 12:43 CET
Richard Raddatz, del Museo Field, junto a un catán en Chicago, Illinois, en 1905.

Richard Raddatz, del Museo Field, junto a un catán en Chicago, Illinois, en 1905.

Fotografía de Charles Carpenter/Field Museum Library/Getty Images

El aligátor gar (más comunmente conocido como catán) es un pez de agua dulce con dientes de serpiente más largo que un banco de parque y más pesado que un puma. Las escamas óseas que cubren su cuerpo lo hacen parecer un dinosaurio acorazado, y por una buena razón: el segundo pez más grande de Norteamérica lleva nadando desde finales del período Jurásico, hace 157 millones de años.

Muchos ignoran que el catán de 3 metros de largo sigue existiendo, pero cuando lo descubren que es así, la primera sensación que les visita es miedo, dice Solomon David, ecologista de peces de la Universidad Estatal Nicholls de Luisiana (Estados Unidos).

Pero "no son como los caimanes, los leones u otros animales que pueden arrancar trozos de presa", dice David. "Tienen que tragarse su presa entera, por lo que son inofensivos para los humanos".

Los catanes, que pueden llegar a pesar más de 90 kilos, se parecen a los aligátores en un aspecto: son depredadores de alto nivel, lo que significa que proporcionan servicios ecosistémicos esenciales a sus hábitats, que son principalmente la cuenca media y baja del río Misisipi en EE.UU. Estas especies de agua dulce mantienen controladas las poblaciones de presas cazando peces más pequeños, anfibios, reptiles, mamíferos y aves, dice David.

(Más información sobre la diversidad de los peces de agua dulce)

Pero su papel de cazador principal le ha granjeado al catán (o caimán gar) una mala reputación entre los pescadores e incluso entre los gestores estatales de la fauna salvaje, que a veces han intentado incluso exterminarlos, pensando que eran competidores de los peces de caza. En la década de 1930, la Comisión de Caza y Pesca de Texas llegó a construir un barco que arrojaba descargas eléctricas en el agua. Lo llamaron "Electrical Gar Destroyer" (Destructor Eléctrico de Gar).

Si se combinan estas amenazas directas con la pérdida de hábitat fruto de la construcción de presas y al drenaje de las llanuras de inundación, los aligátores gar son ahora extremadamente raros en los sistemas fluviales superiores de Estados Unidos, donde antes eran comunes. En algunos estados, como Ohio e Illinois, la especie ha desaparecido por completo y se considera localmente extinta. El catán, que se encuentra hasta el sur de América Central, es más común en las partes meridionales de su área de distribución, especialmente en estados de EE.UU. como Texas y Luisiana, razón por la cual está incluido en la lista de la UICN como especie menos preocupante.

Los catanes tienen una amplia área de distribución que incluye América Central y Cuba.

Fotografía de Joël Sartore, National Geographic Photo Ark

"Es una cuestión de escala. Lo que podría ser "menos preocupante" a nivel mundial lo es mucho más a escala local", afirma David.

Por eso, David y sus colegas intentan invertir el declive de los peces, por ejemplo, criándolos en cautividad e ideando formas de aprender más sobre las criaturas sin dañarlas. En un estudio publicado en enero en la revista Transactions of the American Fisheries Society, David y sus colegas demostraron que, en lugar de cortar la carne de los peces para recoger muestras, se pueden tomar pequeñas muestras de las aletas para obtener la misma información.

"El mero tamaño de estos animales te deja boquiabierto cuando estás en su presencia", dice David. "Son gigantes de río".

La clave: los cortes de aleta

Para proteger a los catanes, los científicos deben conocer primero información básica, como por ejemplo dónde se mueven estos bahamuts [monstruo acuático mitológico] y qué comen. Para ello, normalmente tendrían que tomar una muestra del tamaño de una moneda de cinco céntimos de euro del tejido del pez, que contiene rastros de elementos que los científicos pueden utilizar para rastrear su paradero.

Sin embargo, dado que los catanes tienen escamas como si formasen parte de una cota de malla medieval, la larga y traumática práctica de extraer esa cantidad de tejido puede causar estrés en el animal, dice Thea Fredrickson, bióloga acuática de la Autoridad del Bajo Río Colorado en Texas.

"Definitivamente puede ser letal. No hay forma de evitarlo".

Afortunadamente, en su nuevo estudio, Fredrickson y David acaban de demostrar que el corte de aletas es mucho más fácil para el gar.

El equipo de GarLab (desde la izquierda, Audrey Baetz, Solomon David y Derek Sallmann) mide un gran catán en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de St. Catherine Creek, en Mississippi, en 2021. Todos los peces son liberados de forma segura tras la recogida de datos.

Fotografía de Kent Ozment/Solomon David

"También nos permite tomar muestras de organismos repetidamente", dice David, que señala que las aletas vuelven a crecer rápidamente. "Digamos que capturamos el mismo pez uno o dos meses después, o tal vez un año después. Podemos ver cómo puede cambiar ese pez con su crecimiento".

"Los resultados [del] trabajo me parecen muy prometedores", dice Zeb Hogan, biólogo investigador de la Universidad de Nevada, Reno (Estados Unidos), que no participó en el estudio.

Algunos cocodrilos viven 95 años o más, dice Hogan, lo que hace que cada ejemplar sea valioso. 

(Lee sobre la búsqueda de Hogan de los peces más grandes del mundo)

"Tenemos que entender su biología y su ecología, pero no queremos sacrificar un pez tan viejo o que crece tan lentamente", dice Hogan, que también es Explorador de National Geographic.

Aunque se ha demostrado que la técnica de cortar las aletas funciona con otros peces, nadie la había probado con el catán. Ahora que se ha probado, los científicos ya han empezado a utilizar la técnica en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de St. Catherine Creek, en Misisipi.

En febrero, David y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE.UU. y su bióloga especializada en catanes, Kayla Kimmel, capturaron numerosos ejemplares en el refugio, incluido uno enorme que era más largo que David. Marcaron a los animales y capturaron 10 ejemplares para utilizarlos en un programa de cría en cautividad en el criadero nacional de peces privado John Allen del Servicio de Vida Silvestre. Si todo va bien, la descendencia de estos 10 peces se reintroducirá en las zonas de Estados Unidos donde el gar ha desaparecido.

Maravillas de la evolución

Hay siete especies de catanes en todo el mundo, y todas han cambiado relativamente poco a lo largo del tiempo, por lo que se las conoce como "fósiles vivientes". 

"Encontraron un plan corporal que funcionaba y lo mantuvieron", dice David, explicando cómo la forma larga y estrecha de estos peces les permite abalanzarse rápidamente sobre sus presas.

Los catanes también pueden respirar aire, lo que les permite sobrevivir en entornos cálidos y con poco oxígeno, como los estuarios salobres o incluso el agua salada.

¿Otra adaptación útil? Los huevos venenosos. Curiosamente, los huevos de los catanes no parecen ser letales para otros peces, sólo para mamíferos, aves, reptiles, anfibios y, sobre todo, artrópodos, como los crustáceos. Esto puede significar que desarrollaron el veneno específicamente para proteger sus huevos de cangrejos y cigalas, dice David.

Pero el mensaje para la gente es claro: "no coman caviar de catán", dice entre risas.

Salvar a los gigantes de agua dulce

La megafauna de agua dulce, definida en términos generales como las especies que pesan más de 30 kilogramos de media, es uno de los grupos de animales más amenazados de la Tierra. Las poblaciones mundiales han disminuido casi un 90% desde 1970, el doble que la pérdida de poblaciones de vertebrados en tierra o en los océanos, según un estudio de 2019 en Global Change Biology.

Los peces grandes, como los esturiones, los salmones y los peces gato gigantes, sobre todo en el hemisferio norte, han experimentado descensos aún mayores, debido a la sobrepesca, la contaminación y las presas.

(Lee más sobre cómo las presas del sudeste asiático amenazan a los megapeces)

Por ello, David intenta cambiar la percepción de estos animales como sea. A veces hace juegos de palabras sobre el catán (que, recordemos, en inglés se le conoce como gar) en redes sociales, y otras veces testifica ante la Legislatura de Minnesota a favor de un nuevo proyecto de ley que proporcionaría al gar y a otros "peces duros" algunas protecciones, en lugar de permitir que se les mate indiscriminadamente.

"Es un privilegio trabajar junto al creciente número de conservacionistas que están consiguiendo un mayor respeto por estos carismáticos megapeces", dice David.

Por supuesto, cuando dice "conseguir", casi pareciera que lo que dice es consegar.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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