Animales

Una oruga de peluche, entre las más venenosas

Por Redacción de National Geographic

5 de septiembre de 2010

Aunque parece de peluche y dan ganas de tocarla, es fundamental resistir a la tentación: la oruga Megalopyge opercularis es altamente venenosa y ahora, un aumento de su población está causando estragos en la costa este de Estados Unidos.

Niños de Florida y Carolina del Norte están experimentando dolores insoportables tras entrar en contacto con esta peligrosa oruga; unos la acariciaron, otros sufrieron las consecuencias cuando cayeron de los árboles sobre ellos.

Estos insectos pueden parecer suaves, pero bajo esa capa de pelo como de peluche, se esconden espinas venenosas que pueden clavarse en la piel.

«El dolor es peor que el de la picadura de una abeja», afirma el entomólogo de la Universidad de Florida Don Hall. «La sensación aumenta y pueden doler hasta los huesos».

«En cualquier caso, el dolor depende de la parte de cuerpo con la que ha estado en contacto con el insecto y cuántas espinas se han clavado. Personas que han sido picadas en la mano afirman que el dolor puede extenderse hasta el hombro y durar hasta 12 horas», añade.

Según el experto, esta especie experimenta ciclos altos y bajos, pues su población puede aumentar y disminuir considerablemente dependiendo del clima, la disponibilidad de alimento y el número de parásitos que pueda haber alrededor.

En este momento parece que la población está alcanzando un punto álgido, lo que explicaría el elevado número de casos de picaduras.

El propio Hall ha sufrido picaduras varias veces, sobre todo de ejemplares jóvenes que criaba en su garaje (los jóvenes, en general, tienen menos espinas).

Aunque no hay procedimientos médicos establecidos en caso de picadura, el experto recomienda cubrir la zona con celo y tirar para retirar todas las espinas que queden en la herida, lo que ayuda a disminuir el dolor.

Aunque pueda parecer que lo hacen solo para molestarnos, las hembras de esta especie utilizan su veneno para proteger sus huevos de las hormigas y otros depredadores. Y sus peculiaridades no acaban ahí: estas orugas lanzan sus excrementos lejos de sus cuerpos, según Hall, probablemente para evitar que atraigan a los parásitos, que podrían herirlas a ellas.

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