¿Cómo se mide la altura del Everest?

Nepal ha vuelto a medir el Everest. Después fue el turno de China. Ahora habrá que esperar a que ambos países publiquen juntos el resultado.

Published 29 sept. 2020 13:53 CEST, Updated 5 nov. 2020 6:48 CET
La cima del Everest

La cima del Everest rodeada de nubes del monzón durante la temporada de escalada del 2019. Los topógrafos han intentado medir la elevación exacta de la montaña desde 1850.

Fotografía de Frank Bienewald, LightRocket, Getty Images

Cuando Khimlal Gautam, un topógrafo y alpinista nepalí de 35 años, escaló hasta la cima del Everest el 22 de mayo de 2019, no se detuvo a admirar las vistas ni a sacarse fotos heroicas. Gautam y su equipo habían ascendido para llegar sobre las tres de la mañana en plena oscuridad, cuando las temperaturas pueden descender a sus mínimos más letales, para poder tener la cumbre para ellos solos en medio de una de las temporadas de escalada más concurridas en la historia de la montaña.

Con la ayuda de otro topógrafo nepalí y tres sherpas, Gautam colocó en la cresta de nieve más elevada del pico una antena GPS que empezó a registrar su posición exacta desde una red de satélites. A continuación, los hombres emplearon un georradar para medir la profundidad de la nieve bajo sus crampones. Las dos horas oscuras y gélidas durante las que trabajaron en la montaña más alta del mundo entrañaron un sacrificio personal: Gautam perdió un dedo del pie por congelación.

Ahora, más de 15 meses después, los resultados de sus esfuerzos —una nueva altitud oficial del monte Everest— se esperan con impaciencia. La meta del proyecto, dirigido por el Departamento de Topografía de Nepal, consistía en determinar la elevación de la cima con la mayor precisión posible, con instrumentos y técnicas de última generación, y también declarar su orgullo nacional.

La mayoría de los geógrafos estiman que el Everest crece a un ritmo de medio centímetro al año debido a la colisión entre placas tectónicas que lleva produciéndose durante los últimos 40 o 50 millones de años, a medida que la placa Índica choca con la placa Euroasiática. Pero en 2015 la región se vio afectada por un terremoto devastador —7,8 en la escala de magnitud de momento— y desde entonces los geógrafos se han sentido intrigados por la posibilidad de que la altura de la montaña haya variado varios centímetros o más, una cantidad notable en términos geológicos. En 1934 se produjo un terremoto algo más intenso en la región y se cree que la montaña habría menguado casi 60 centímetros. Asimismo, también está la duda persistente de si incluir el manto variable de nieve y hielo —que puede añadir tres metros o más a la elevación de la montaña— o solo medir hasta el punto más alto de roca bajo el hielo y la nieve.

Pero mientras Gautam estaba bebiendo té en una tienda de campaña y recuperándose de la escalada, supo que por arduo que sea llegar al punto más alto del planeta, el siguiente paso sería un reto igualmente difícil, aunque menos peligroso. Para medir la montaña más alta del mundo no solo hay que encontrar la cima, sino averiguar dónde está la base.

Khimlal Gautam (izquierda, de pie) director de topografía de Nepal, posa con su equipo en el campamento base del Everest, dos semanas antes del ascenso a la cima. El equipo empleó un sistema de georradar (caja naranja) y un receptor GPS de uso comercial (en el trípode) para medir la elevación de la cima.

Fotografía de Freddie Wilkinson, National Geographic

La forma del planeta

Pese a todos sus picos altísimos y sus abismos profundos, la superficie terrestre está menos accidentada de lo que pensamos. Si la redujéramos al tamaño de una bola de billar, la Tierra sería más lisa que la bola blanca. Pero resulta evidente que no es lisa ni tampoco una esfera perfecta: sobresale ligeramente a lo largo del ecuador. Esto significa que, si se midiera la máxima distancia desde el centro de la Tierra hasta el punto más lejano de su superficie, la montaña «más alta» sería Chimborazo, en Ecuador. (Medida desde el nivel del mar, su cima se eleva a unos «míseros» 6310 metros, pero medida desde el núcleo de la Tierra se extiende a 6 384 428 metros, o 2092 metros más que el Everest.)

Para medir las montañas del mundo y determinar su elevación respecto a las demás se necesita un punto de partida: el nivel del mar. Pero técnicamente, no hay un único nivel del mar: la gravedad del planeta atrae y modifica constantemente los océanos de la Tierra.

Aquí es donde entran los expertos en geodesia. Son geógrafos que se especializan en resolver esta pregunta: ¿qué forma tiene la Tierra? Puede parecer un trabajo esotérico, pero la próxima vez que uses el GPS para encontrar la cafetería o la gasolinera más cercana o vuelvas a orientarte tras equivocarte de calle, puedes darles las gracias a los expertos en geodesia, ya que su labor aporta los fundamentos del GPS.

Utilizan dos tipos de modelos para definir la forma del planeta, conocidos como elipsoides y geoides. Los modelos elipsoidales imaginan la Tierra como un óvalo liso y curvo que es ligeramente oblongo en su eje ecuatorial, como si fuera un huevo colocado de lado. Los geógrafos han definido varias versiones de esta forma matemáticamente; la más común, conocida como sistema de referencia de coordenadas WGS84, es el fundamento de la mayoría de los sistemas GPS modernos y aporta el marco de referencia en 3D de las coordenadas de latitud y longitud.

Por su parte, los modelos geoidales intentan representar el efecto de la gravedad terrestre calculando dónde estaría el nivel del mar si toda la superficie del planeta estuviera cubierta de agua. Esto crea una media virtual del nivel del mar de todo el planeta. Como la densidad de la Tierra no es uniforme, su campo gravitatorio ejerce una fuerza desigual en la superficie del planeta. El agua de mar es empujada hacia el centro o alejada de él según la dinámica local. En lugar de un huevo ladeado, el modelo geoidal sugiere que la Tierra se parece más a una patata abultada.

«Se llama superficie equipotencial del campo de gravedad», explica Alex Tait, geógrafo de la National Geographic Society. «Hay que saber dónde estaría el nivel del mar bajo el Everest, si el nivel del mar pudiera existir bajo el Everest».

El primer estudio topográfico que midió la montaña, entonces identificada en mapas británicos como «Peak XV», lo llevó a cabo un equipo británico contratado por el extopógrafo general de la India, Sir George Everest, en la década de 1850. Calcularon el nivel del mar construyendo una red de estaciones en la línea de visión desde la bahía de Bengala, la franja de océano más cercana, que zigzagueaba hacia el norte de cumbre en cumbre hasta que se veía el Everest y podía medirse con cálculos trigonométricos. Para tener en cuenta la curvatura de la Tierra, los topógrafos utilizaron modelos esferoides, unos precursores más redondos y aproximados que los modelos elipsoidales matemáticamente complejos. Obtuvieron una altitud de 8839 metros. Casi un siglo después, la Survey of India (una agencia del gobierno) estimó la altitud del Everest en 8848 metros con un método general, incluyendo el manto de nieve.

Chimborazo, un volcán latente ubicado en los Andes, es la montaña más alta de Ecuador con una elevación de 2268 metros sobre el nivel del mar. Su ubicación cercana al ecuador la convierte en el lugar de la Tierra más cercano al Sol y, como el planeta está algo abultado por el medio, la distancia entre la cima de Chimborazo y el núcleo terrestre es más larga que la distancia de la cima del Everest al núcleo.

Fotografía de SEBASTIÁN CRESPO PHOTOGRAPHY, ALAMY

En 1999, una expedición estadounidense colocó un receptor GPS en la cima del Everest para calcular una nueva elevación.

Fotografía de Trimble

La expedición, patrocinada por la National Geographic Society y el Museo de Ciencia de Boston, calculó una nueva elevación de 8850 metros, o dos metros más que el cálculo de la Survey of India de 1954.

Fotografía de Trimble

Ese cálculo era de una precisión asombrosa. En 1999, un estudio topográfico dirigido por el cartógrafo y explorador Bradford Washburn y patrocinado por la National Geographic Society utilizó la tecnología GPS y calculó una altitud menos de dos metros mayor a la cifra de 1954. En 2005, un estudio chino estableció la altitud de la roca de la montaña en 8844 metros. Actualmente, las tres cifras —la de 1954, 1999 y 2005— aún son utilizadas o reconocidas por diferentes entidades. (La National Geographic Society emplea la cifra del estudio de 1999 de 29.035 pies o 8850 metros.)

Cuando hablé con Khimlal Gautam, cuyo título formal es director de topografía del Departamento de Topografía de Nepal, era plenamente consciente de que su equipo —aunque utilizara los instrumentos y las técnicas más avanzadas— no zanjaría la cuestión de la altitud del Everest. «En la cartografía, no podemos encontrar el punto o la altitud exacta», explicó. «Intentamos encontrar el VMP: el valor más probable».

Finalmente, el equipo decidió llevar a cabo un reconocimiento por GPS y otro de nivelación (una técnica del siglo XIX que aún se emplea, pero que ahora se realiza con un equipo de láser moderno). Además de calcular la altura de la roca más alta, también calcularon la altura incluyendo la capa de hielo y nieve.

«Queremos tener ambas y compararlas», me contó Gautam, haciendo una pausa, «para no tener que oír más preguntas en lo que respecta a la altitud del Everest».

Resultados en pausa

Según el Departamento de Topografía de Nepal, los cálculos se han completado y se conoce la nueva altura del Everest. Sin embargo, por ahora el resto del mundo tendrá que esperar para saber si la montaña más alta del mundo ha crecido o decrecido varios centímetros, ya que el proyecto se ha visto empantanado en la política internacional. Como Nepal comparte el Everest con China —la frontera que divide Nepal del Tíbet, controlado por China, atraviesa la cumbre—, la cuestión de determinar su nueva altura oficial está plagada de consideraciones diplomáticas.

Cuatro meses después de que Gautam y sus colegas completaran su trabajo sobre el terreno, el presidente chino Xi Jinping fue de visita oficial a Nepal. Llegó a Katmandú el 12 de octubre de 2019. Durante la visita, China y Nepal anunciaron un acuerdo para cooperar en la nueva medición de la altura del Everest y anunciar los hallazgos de forma conjunta. Esta primavera, aunque casi todas las expediciones al Everest quedaron canceladas por la pandemia de COVID-19, un grupo llegó a la cima: un equipo de topógrafos de China, que tomó sus propias medidas. Un avión chino que transportaba equipo de alta precisión para el estudio de la gravedad también sobrevoló la montaña.

Un miembro del equipo de topógrafos chino coloca un marcador en la cima del Everest el 27 de mayo de 2020. Como la montaña estuvo cerrada para casi todos los escaladores por la COVID-19 durante la primavera del 2020, China envió una expedición para volver a medir la montaña, que los tibetanos denominan Qomolangma.

Fotografía de Xinhua, Alamy

A finales de mayo, cuando el equipo de topógrafos chino completó su expedición al Everest, las autoridades chinas sugirieron que la nueva elevación estaría lista en dos o tres meses, pero no se ha publicado ninguna novedad.

La semana pasada, Yang Yuanxi, miembro de la Academia China de las Ciencias, habló de la importancia de la iniciativa china para estudiar la montaña, señalando que «la medición precisa del Everest era una muestra del desarrollo tecnológico del país». Asimismo, añadió que «es un símbolo de la soberanía de un país y posee un impacto internacional y un reconocimiento social enormes. La precisión de esta misión topográfica será mejor que la de cualquier otra misión».

«Aquí hay muchísima historia», dice Ed Douglas, un respetado historiador del Everest que hace poco publicó un libro sobre el Himalaya. Douglas señala que, al igual que Nepal, China ha utilizado el Everest como símbolo de identidad nacional durante años. En 1960, Mao Zedong ordenó una gran expedición estatal al Everest. El equipo logró ascender por primera vez desde la ladera tibetana de la montaña. Durante las Olimpiadas de Pekín de 2008, China impuso restricciones a los escaladores del lado del Tíbet para que una expedición oficial pudiera transportar la antorcha olímpica hasta la cima sin incidentes.

Nepal, uno de los países más pobres de Asia, tiene muchos motivos para tener contento a su vecino más rico y poderoso. Durante el último año fiscal, casi un 90 por ciento de la inversión directa extranjera en el país procedía de China y durante su visita de Estado, Xi se comprometió a concederles 500 millones de dólares en ayuda financiera. Esto se suma a los millones invertidos por China en proyectos de infraestructura en Nepal, como nuevos aeropuertos, líneas ferroviarias y centrales hidroeléctricas.

La coordinación de Nepal y China en el tema de la altitud del Everest tiene precedentes. Cuando los chinos terminaron su estudio en 2005, Nepal y China anunciaron un acuerdo conjunto para reconocer tanto el resultado del nuevo estudio chino del punto más elevado de roca como la elevación de 1954 del Survey of India, que incluía la capa de nieve.

Independientemente de cuándo se anuncie la nueva altura del Everest, Gautam cree que Nepal ya ha mandado su mensaje. «Queremos transmitir la idea de que podemos hacer algo con nuestros propios recursos y nuestro personal técnico», me contó Gautam, bebiendo de una taza de té en su tienda de campaña mientras las ráfagas de nieve y algún que otro rayo de luz barrían el campamento base del Everest. «El Everest simboliza algo en Nepal, pero no es un bien de Nepal, sino mundial».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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