¿Qué aportan las vacunas españolas contra la COVID-19?

Las mayores ventajas podrían residir en su resistencia a las futuras variaciones, una respuesta inmune más completa y mayor facilidad para su distribución mundial.

Publicado 19 nov 2021 17:29 CET, Actualizado 24 nov 2021 10:25 CET
Vacuna española

La vacuna desarrollada por la farmacéutica HIPRA recibió la semana pasada la autorización para iniciar sus ensayos en humanos.

Fotografía de HIPRA

Tras casi dos años de pandemia, inmersos en la investigación de la vacuna contra la COVID-19rozando un 80 por ciento de la población española ya vacunada, cabe preguntarse qué aportarán las nuevas vacunas frente a las que ya existen. ¿Serán más adaptables a posibles mutaciones? ¿Aportarán mayor protección? ¿O acaso lo harán durante más tiempo y en menos dosis?

Basadas en tecnologías diferentes a las actuales, las ventajas de las vacunas españolas que se están desarrollando residen en su mayor resistencia a las variantes, una respuesta inmune más completa y mayor facilidad para su conservación a temperatura ambiente, lo que facilita su distribución a nivel mundial.

Una de ellas, la desarrollada por la farmacéutica HIPRA, recibió la semana pasada la autorización para iniciar sus ensayos en humanos y podría estar lista a principios de 2022, año en el que esperan producir 400 millones de dosis, según afirma la empresa gerundense.

"La vacuna que estamos desarrollando es una vacuna de proteína recombinante que ha sido diseñada para optimizar su seguridad e inducir una respuesta inmunitaria neutralizadora del virus de la COVID-19", explica Carles Fàbrega, director de Human Health Division de HIPRA. "Destaca su conservación, que oscilará entre los 2 y 8 ºC, lo que facilitará la logística y su distribución".

“La respuesta inmune sería más completa, probablemente más duradera, y más resistente a las variantes”

por Sonia Zuñiga
CSIC

Por su parte, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) está desarrollando tres proyectos para lograr una vacuna contra la COVID-19. "Se basan en tecnologías distintas a las vacunas que ya están aprobadas", explica a National Geographic la investigadora Sonia Zúñiga, que junto a los virólogos Luis Enjuanes e Isabel Sola, está trabajando en una de las vacunas en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC).

Por otro lado avanza la investigación dirigida por los virólogos Mariano Esteban y Juan García Arriaza en el CNB-CSIC y, por otro lado, la que dirige el parasitólogo Vicente Larraga, del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC).

De la ingeniería genética al ácido nucleico: ¿Cómo funcionan?

Los proyectos que lleva a cabo el CSIC basan su funcionamiento en tres estrategias diferentes, de las que a su vez se pueden deducir diferencias. Por un lado, la del grupo de Mariano Esteban utiliza el virus Vaccinia modificado (MVA) como vehículo para expresar la proteína de SARS-CoV-2. "Es un vector vacunal con el que hay mucha experiencia y que, de hecho, se utilizó como vacuna para erradicar el virus de la viruela", explica Zúñiga. "Por el momento, se están ensayando una o dos dosis y por vía intramuscular".

Por su parte, la del grupo de Vicente Larraga se basa en un ácido nucleico (DNA, no RNA como las vacunas actuales) que expresa la proteína de la espícula del SARS-CoV-2. "Sería de fabricación relativamente sencilla y barata y se podría administrar por otras vías diferentes a la intramuscular, o sin necesidad de agujas".

La última opción dentro del CSIC, la vacuna del grupo de Luis Enjuanes, se basa en el propio virus SARS-CoV-2 al que, mediante ingeniería genética, se eliminan aquellos genes que hacen que el virus se propague, así como los que hacen que el virus cause una enfermedad severa. "No existe ningún candidato vacunal en el mundo que utilice esta aproximación. El candidato vacunal es un RNA autoreplicativo de SARS-CoV-2 que contiene varios antígenos virales", afirma Zúñiga.

“Se podrían almacenar a 4ºC, e incluso serían estables más tiempo a temperatura ambiente, lo que facilitaría su distribución en todo el mundo”

por Sonia Zúñiga
CSIC

De las tres vacunas, "dos de ellas se están evaluando para su administración por otras rutas distintas a la intramuscular". Utilizando una estrategia similar, los investigadores habían desarrollado un candidato vacunal frente a MERS-CoV que, administrado a ratones por la vía intranasal, confería inmunidad esterilizante, es decir, protegía frente a la enfermedad y frente a la infección.

Por ello, la vacuna en desarrollo del grupo de Luis Enjuanes está evaluando varias vías de administración, siendo una de ellas la vía intranasal. Por ejemplo, Astra Zeneca ha comenzado un ensayo clínico con la misma vacuna que está aprobada, pero administrada intranasalmente. "Sin embargo, hay que tener en cuenta que cualquier vía de administración que no sea la convencional, es decir, intramuscular, requiere de muchas más pruebas e investigación para cumplir con los requisitos de las agencias reguladoras", señala Zúñiga.

Por la parte de HIPRA,  la vacuna se basa en la proteína de unión al receptor (RBD) de la superficie del virus y "se suma a un adyuvante que amplifica la respuesta inmunogénica del organismo", explica Fàbrega. Pero además, este grupo de investigadores estudia también junto al Hospital Clínic de Barcelona un proyecto basado en el RNA mensajero que aún se encuentra en fase preclínica.

"Se trata del desarrollo de una vacuna frente a la COVID-19 basada en el mRNA del virus", afirma Fàbrega, que destaca la importancia de las investigaciones alrededor de la plataforma mRNA al suponer "un gran avance para la ciencia y para la búsqueda de soluciones para otras patologías".

¿Qué ventajas traerán? 

Algunas de las posibles ventajas frente a las vacunas que ya existen residen en que "se podrían almacenar a 4ºC, e incluso serían estables más tiempo a temperatura ambiente, lo que facilitaría su distribución en todo el mundo", explica Zúñiga respecto a las vacunas del CSIC.

Una de las tres vacunas incluye varios antígenos del SARS-CoV-2, "por lo que la respuesta inmune que induciría sería más completa, probablemente más duradera, y más resistente a las variantes actuales o futuras del virus".

En este sentido, Fàbrega afirma que la versatilidad y capacidad de adaptación es, "una de las principales ventajas de la proteína recombinante". Por ello, destacan como su objetivo principal contribuir a la vacunación mundial, algo fundamental para controlar la pandemia.

Galería: La vacunación contra la COVID-19 en el fin del mundo

Con este objetivo, apoyar el acceso igualitario a las tecnologías sanitarias contra la COVID-19, el CSIC acaba de firmar una licencia para facilitar que los anticuerpos lleguen a los países en vías de desarrollo, una iniciativa pionera que ha apoyado la Organización de las Naciones Unidas, la organización de salud pública Medicine Patent Pool y ha sido supervisada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha afirmado que "representa la primera licencia transparente, global y no exclusiva para una herramienta de salud COVID-19".

Este proyecto "constituye un hito en la carrera para prevenir, diagnosticar y tratar la COVID-19 en países necesitados, y hay que felicitar al CSIC, como organismo público de investigación, por su compromiso con la solidaridad y por ofrecer acceso mundial a su tecnología y conocimientos”, ha declarado la subdirectora general para el Acceso a Medicamentos, Vacunas y Productos Farmacéuticos de la OMS, Mariangela Simão.

"Queremos que esta acción del CSIC, de participar en las iniciativas internacionales del MPP y de la OMS, se convierta en un ejemplo y un referente para otras organizaciones de investigación en el mundo”, alentó la presidenta del CSIC Rosa Menéndez.

Respecto a los próximos pasos con las vacunas, Zúñiga afima que no puede predecirse cuándo serán aprobadas ni estas, ni ninguna otra vacuna que esté actualmente en desarrollo en el resto del mundo, debido a que el proceso de ensayos clínicos, aprobación y fabricación está influido por más factores.

Desde el 2020, la situación epidemiológica ha cambiado: hay menos incidencia y más población vacunada. "Esto es una buenísima noticia que nos muestra que las vacunas existentes están haciendo su función. Sin embargo, desde el punto de vista de los ensayos clínicos, inevitablemente esto va a suponer un retraso porque se alargarán los plazos", explica.

Mientras tanto, la amplia aportación de la ciencia española a cualquiera de estas vías abre un abanico de nuevas posibilidades en la lucha contra la pandemia de la COVID-19 y acerca un horizonte en el que toda la población mundial tenga acceso a una vacuna. "No se pondrá fin a la pandemia hasta que todas las personas del mundo estén vacunadas", concluye Fàbrega.

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