¿Por qué están aumentando los infartos de miocardio en adultos jóvenes?

Las investigaciones muestran que los infartos de miocardio son cada vez más frecuentes entre los adultos menores de 50 años, y los resultados son peores para las mujeres. La buena noticia es que sabemos cómo prevenirlos.

Por Katie Camero
Publicado 7 ago 2023, 10:28 CEST
Este angiograma muestra la muerte de parte del músculo cardiaco tras un infarto

Los infartos de miocardio se producen cuando el suministro de sangre al corazón se bloquea parcial o totalmente. Este angiograma muestra la muerte de parte del músculo cardiaco tras un infarto. Los adultos jóvenes corren un riesgo cada vez mayor de sufrir cardiopatías, pero no siempre se toman en serio.

Fotografía de Science Source

Cada vez hay más pruebas de que, en comparación con décadas anteriores, los adultos jóvenes están sufriendo más problemas cardiacos. El año pasado, la Fundación Española del Corazón informó de que el 35% de los menores españoles tiene dos o más factores de riesgo cardiovascular.

La culpa se esta situación parece tenerla el empeoramiento de los hábitos de vida, es decir, la mala alimentación y la falta de ejercicio. Apenas el 6,9% de los menores encuestados en España presentaba "alta adherencia a la dieta mediterránea" y el 39,1% seguía una dieta "de muy baja calidad". Además, algunas investigaciones sugieren que las infecciones por COVID están agravando la situación.

Quizá la tendencia más alarmante sea que, a pesar del descenso entre los adultos mayores, la proporción de infartos entre los adultos jóvenes está aumentando en todo el mundo, lo que muchos médicos que hablaron con National Geographic consideran una emergencia de salud pública (los adultos jóvenes se definen vagamente como los que tienen entre 20 y 50 años).

Acontecimientos recientes han puesto de manifiesto esta preocupación. A finales de julio, Bronny James, de 18 años, hijo mayor de la estrella de la NBA LeBron James, sufrió una parada cardiaca durante un entrenamiento de baloncesto en la Universidad del Sur de California (fue dado de alta tras una breve estancia en el hospital).

La parada cardiaca no es lo mismo que un infarto, pero este suceso y otros similares plantean cuestiones más generales sobre la salud cardiovascular y los jóvenes.

"Los jóvenes no son inmunes al paro cardiaco o al infarto, y sin embargo muchos piensan que sigue siendo una enfermedad de mayores", dice Ron Blankstein, cardiólogo preventivo senior del Brigham and Women's Hospital y profesor de medicina en la Harvard Medical School de Boston (Estados Unidos). "Pero lo realmente importante que deben saber los individuos jóvenes es que las enfermedades cardiovasculares, en su mayor parte, pueden prevenirse si se toman las medidas adecuadas".

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Aumentan los infartos en adultos jóvenes

La parada cardiaca, que sufrió Bronny James, se produce cuando el corazón experimenta un fallo eléctrico y deja de latir de repente. Es diferente de un infarto, que se produce cuando se bloquea parcial o totalmente el flujo sanguíneo al corazón.

Dado que la parada cardiaca puede estar causada por varias afecciones (como la cardiomiopatía -engrosamiento del músculo cardiaco-, la insuficiencia cardiaca, las arritmias -latidos irregulares- y, sí, los infartos), a los médicos les resulta difícil estudiar y determinar si es cada vez más frecuente en adultos jóvenes.

Pero las investigaciones sí demuestran que los ataques al corazón, también llamados infartos de miocardio, están aumentando en los jóvenes. Los síntomas más frecuentes son dolor o molestias en el pecho, dolor irradiado a la mandíbula, el cuello, la espalda o los brazos, dificultad para respirar y sensación de debilidad o desmayo.

Un estudio de más de 2000 adultos jóvenes ingresados por infarto de miocardio entre 2000 y 2016 en dos hospitales estadounidenses descubrió que 1 de cada 5 tenía 40 años o menos, y que la proporción de este grupo ha aumentado un 2% cada año durante la última década.

El estudio, publicado en 2019 en el American Journal of Medicine, también encontró que las personas de 40 años o menos que han tenido un ataque al corazón tienen las mismas probabilidades que los adultos mayores de morir de otro ataque al corazón, accidente cerebrovascular u otra razón.

De hecho, los aumentos de las enfermedades cardíacas entre los adultos más jóvenes en 2020 y 2021 son responsables de más del 4 por ciento de las disminuciones más recientes en la esperanza de vida en los Estados Unidos, según un editorial publicado en marzo en JAMA Network.

El problema no es exclusivamente estadounidense. Las investigaciones demuestran que los adultos de Pakistán y la India, por ejemplo, también sufren infartos a edades más tempranas. "Las enfermedades cardiovasculares no conocen fronteras internacionales", afirma Blankstein, "ni tampoco los factores de riesgo".

Y aunque los ataques cardíacos suelen golpear a los hombres con más frecuencia que a las mujeres, estudios recientes han sugerido que más mujeres jóvenes están experimentando ataques cardíacos en comparación con los hombres más jóvenes, y que sus resultados son peores.

Una investigación de 2018 publicada en la revista Circulation descubrió que la proporción general de hospitalizaciones por ataques cardíacos entre personas de 35 a 54 años aumentó del 27 por ciento en 1995-99 al 32 por ciento en 2010-14. El mayor aumento se produjo en las mujeres jóvenes (21 por ciento a 31 por ciento) en comparación con los hombres jóvenes (30 por ciento a 33 por ciento).

Las mujeres jóvenes del estudio eran con más frecuencia de raza negra y tenían antecedentes de hipertensión arterial, diabetes, enfermedad renal crónica e ictus previo.

Los estudios han revelado que los médicos son más propensos a descartar los síntomas y a diagnosticar de forma insuficiente determinados factores de riesgo en las mujeres, y es menos probable que les receten medicamentos para ayudarles a controlar sus riesgos.

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¿Cuáles son los principales factores de riesgo?

La mayoría de las investigaciones muestran que cada vez más personas, sobre todo de diversos orígenes raciales y étnicos, presentan factores de riesgo de cardiopatía a edades más tempranas, y que la mayoría de las personas jóvenes y aparentemente sanas que sufren un infarto casi siempre tienen al menos una enfermedad subyacente.

Los principales factores de riesgo son la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto y la obesidad, que pueden obstruir y dañar las arterias y los vasos sanguíneos que transportan la sangre rica en oxígeno al corazón.

Aunque algunas de estas afecciones pueden ser genéticas, lo más frecuente es que se deban a años de hábitos poco saludables (como una dieta inadecuada y un estilo de vida sedentario) que suelen comenzar en la infancia, afirma Eugene Yang, cardiólogo preventivo y presidente del Consejo de Prevención de Enfermedades Cardiovasculares del Colegio Americano de Cardiología.

En cambio, la COVID parece tener un efecto más inmediato en la salud cardiovascular. Un estudio de 2022 publicado en el Journal of Medical Virology descubrió que las muertes por infarto de miocardio aumentaron un 14% durante el primer año de la pandemia. El mayor aumento se produjo entre los adultos de 25 a 44 años.

Según Yang, se sabe que la COVID activa respuestas inflamatorias en el organismo y hace que la sangre sea más espesa y pegajosa, lo que puede hacer que las personas infectadas sean más susceptibles a la formación de coágulos sanguíneos que pueden obstruir las arterias y provocar un infarto de miocardio. Sin embargo, aún no está claro por qué los adultos jóvenes parecen ser más vulnerables a las complicaciones cardiovasculares de la COVID.

Otros factores, como el consumo de tabaco, cocaína, marihuana y alcohol, también se han asociado a un mayor riesgo de infarto en adultos jóvenes.

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Los adultos jóvenes no son conscientes de sus riesgos

Sin embargo, la mayoría de los adultos jóvenes no están preocupados. Una encuesta realizada en enero por el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos) reveló que el 47% de los estadounidenses menores de 45 años no cree que corra riesgo de sufrir una cardiopatía; un tercio de todos los adultos encuestados afirmó que no sabría con seguridad si está sufriendo un infarto.

Del mismo modo, sólo la mitad de los 3500 adultos más jóvenes que presentaban factores de riesgo significativos creían que corrían riesgo de padecer una enfermedad cardiaca antes de que se produjera el infarto; incluso menos declararon que sus médicos les habían dicho que estaban en riesgo, especialmente las mujeres.

Según los expertos, conseguir que los jóvenes se preocupen por su salud cardiaca es un reto único: están ocupados formando familias y desarrollando sus carreras profesionales, y, en Estados Unidos, son el grupo de edad con menos probabilidades de tener seguro médico.

Pero no todo es culpa suya. Según Blankstein, el sistema sanitario estadounidense no está diseñado para evaluar y tratar eficazmente a los adultos jóvenes con cardiopatías, lo que alimenta el prejuicio entre los médicos de que los pacientes más jóvenes tienen un riesgo bajo.

Por ejemplo, la "calculadora de riesgos" más utilizada, desarrollada por la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés), sólo evalúa los riesgos de las personas de 40 a 75 años.

Además, la mayoría de los adultos jóvenes que han sufrido un infarto de miocardio no eran aptos para el tratamiento del colesterol según las directrices actuales antes de que se produjera el infarto; las mujeres son incluso menos aptas que los hombres, a pesar de tener factores de riesgo similares.

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Cómo reducir el riesgo de infarto

La prevención precoz es clave. Cuanto más tiempo se viva con factores de riesgo, mayores serán las probabilidades de sufrir una cardiopatía y de tener peores resultados en el futuro, sobre todo si no se trata.

"Analiza bien tus factores de riesgo", dice Mariell Jessup, directora científica y médica de la AHA, "y luego elabora un plan sobre cómo puede atajar uno o varios de ellos".

La AHA recomienda seguir los "8 esenciales de la vida": medidas clave que, si se practican, pueden mejorar y mantener la salud cardiovascular. Entre ellas se incluyen una dieta sana, actividad física regular, no fumar y dormir lo suficiente, así como controlar el peso, el colesterol, el azúcar en sangre y la tensión arterial.

"La edad adulta joven es una oportunidad fenomenal para prevenir las enfermedades cardiovasculares, que van de la mano de la salud en general", afirma John Wilkins, profesor asociado de cardiología de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern (Estados Unidos). "Cuanto mejor consigamos que los adultos jóvenes alcancen estos niveles óptimos, más posibilidades tendrán de disfrutar de una salud más prolongada".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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