Según Elon Musk, en siete años SpaceX podría llevar humanos a Marte

El plan actualizado de este emprendedor aboga por un cohete gigante que transportaría a humanos a Marte —y posiblemente a la Luna— en el 2024.

Por Nadia Drake
Publicado 9 nov 2017, 4:29 CET, Actualizado 22 abr 2021, 20:48 CEST
Elon Musk, fundador de SpaceX
Elon Musk, fundador de SpaceX, habla bajo una ilustración de la nueva versión del cohete «BFR» en el Congreso Internacional de Astronáutica.
Fotografía de Peter Parks, AFP, Getty

Un año después de anunciar un intrépido plan según el que podría llevar a un millón de personas a Marte para la década de 2060, Elon Musk ha ajustado su hoja de ruta para poner humanos en el planeta rojo.

En una presentación algo inconexa en el Congreso Internacional de Astronáutica en Adelaida, Australia, el 29 de septiembre, Musk trazó una versión editada de su plan original. Su versión final no ha cambiado mucho, aunque sí resaltó la nueva versión del cohete de 42 motores al que Musk ha apodado BFR, así como una vaga propuesta para pagar la implementación de ese cohete utilizándolo para colocar satélites en órbita y para prestar servicios a la Estación Espacial Internacional.

Además, en los próximos años, los objetivos de BFR podrían multiplicarse. Musk sugirió que el cohete también podría utilizarse para transportar personas entre dos puntos cualquiera de la Tierra en menos de una hora, o quizá para ayudar a construir una base en la Luna.

«Esto permitirá crear una base lunar. Es 2017. Ahora mismo deberíamos tener una base lunar. ¿Qué demonios está pasando?», se preguntó Musk, fundador de SpaceX y Tesla Motors.

Llegar a Marte

Musk ha hablado en numerosas ocasiones acerca de su deseo de morir en Marte y de su creencia en que, para asegurar la supervivencia humana, debemos convertirnos en una especie multiplanetaria. En la misma conferencia el año pasado, celebrada en Guadalajara, México, Musk expuso su esperada estrategia para lograr dicho imperativo existencial colonizando Marte.

La primera iteración del Sistema de Transporte Interplanetario dependía del BFR, un gigantesco cohete de 42 motores y de unos 120 metros de altura cuando esté ensamblado por completo. El propulsor de ese cohete funcionaría como una versión mucho más grande de los cohetes reutilizables Falcon 9 que SpaceX ya ha empezado a probar, logrando en repetidas ocasiones la entrega de tanques de combustible y naves capaces de transportar hasta 100 pasajeros a la órbita terrestre.  

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    En última instancia, Musk tenía en mente disponer hasta mil naves espaciales en órbita alrededor de la Tierra, en modo de espera. Entonces, cada 26 meses aproximadamente, cuando la Tierra y Marte se alineasen favorablemente, la flota de naves emprendería el rumbo hacia nuestro vecino más cercano, desplegando paneles solares a lo largo del camino.

    Tras un viaje de entre tres y seis meses, dichas naves encenderían unos retrocohetes sueprsónicos y aterrizarían sobre el planeta rojo, depositando humanos y suministros. Musk todavía no ha especificado cómo sobrevivirán todos esos humanos una vez hayan aterrizado en un mundo con un terreno nocivo y una atmósfera asfixiante.

    La revisión de este año reduce el BFR a algo solo un poco mayor que el cohete Saturno V, que transportó a los astronautas hasta la Luna durante la época de las misiones Apolo. Pero hablando claro, el BFR 2.0 sigue siendo enorme: puede transportar carga útil gracias a un espacio habitable de ocho pisos de alto y tiene más volumen que la cabina de pasajeros de un Airbus A380. También tiene un elegante alerón en la parte posterior que le ayudará a aterrizar sobre cuerpos con una atmósfera densa, ligera o inexistente, algo que aumenta enormemente su utilidad en todo el sistema solar.

    Musk prevé que la construcción del cohete comenzará el próximo año. También ha añadido que no es del todo imposible que dos vehículos como esos contengan solamente cargamento cuando despeguen en 2022. Puede parecer que esto está más cerca de lo que creemos, pero «a mí cinco años me parecen mucho tiempo», afirmó Musk.

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    Si SpaceX cumple con ese plazo, según Musk, la empresa intentaría lanzar cuatro vehículos en 2024: dos con cargamento y dos con tripulación. Ambas misiones tendrían la tarea de encontrar los mejores recursos de agua de Marte y construir una planta de combustible en Marte, algo que SpaceX necesitaría como sustento para los viajes de ida y vuelta entre la Tierra y Marte.

    Musk cree que está más cerca de lo que parece

    La reducción de ese cohete gigante no es un paso totalmente inesperado.

    Musk es conocido por su ambición; SpaceX es la primera empresa que ha reutilizado de forma fiable partes de cohetes, los coches eléctricos Tesla (los modelos S3X y el futuro modelo Y) cuentan con listas de espera de varios años y el Hyperloop —que podría reducir el tiempo de viaje entre San Francisco y Los Ángeles a apenas 45 minutos— se encuentra en fase de desarrollo.

    Sin embargo, sus programas han sido generalmente motivo de ojos en blanco por parte de los expertos en vuelo espacial que saben que no deben confiar en sus plazos previstos. Como ejemplo, SpaceX lleva años prometiendo lanzar el enorme cohete Falcon Heavy. Sin embargo, dicho cohete, que tiene un papel fundamental en los planes de Musk para enviar a humanos a la Luna y poner un módulo de aterrizaje en Marte en 2018, no se ha probado todavía.

    Quizá como respuesta a algunas críticas sobre los retrasos, Musk señaló irónicamente que la fecha del primer lanzamiento de 2022 no era solo una errata, sino una «aspiración».

    El sueño de Musk de llegar a Marte es audaz, como poco. Pero lograrlo no requeriría innovaciones técnicas sin precedentes. La ciencia y la ingeniería descansan sobre bases sólidas, según declaraciones de Bobby Brown, decano de ingeniería y ciencias aplicadas de la Universidad de Colorado, Boulder, en una entrevista el año pasado. Es probable que la versión reducida de la arquitectura original de Musk será aún más factible.

    En su lugar, uno de los obstáculos principales es la financiación. SpaceX no cuenta con los fondos suficientes para financiar esta empresa por su cuenta y convencer a socios públicos y privados para que se unan al proyecto no es tan fácil como correr en Marte, donde la gravedad es un tercio de la que experimentamos en la Tierra.

    Musk también ha abordado ese punto.

    «Creo que hemos descubierto la forma de pagarlo», afirmó. «Esto es muy importante».

    En la actualidad, este plan implica la construcción de una serie de cápsulas Dragon y Falcon 9 y la venta de tantos viajes al espacio como sea posible en forma de misiones con cargamento.

    En unos cuantos años, según Musk, todos los recursos de SpaceX se destinarán a la construcción del BFR, que podría transportar a humanos alrededor del planeta en menos de una hora o incluso llevarnos a la Luna. «Creemos que podemos hacerlo con los ingresos que recibamos del lanzamiento de satélites y de los servicios que prestemos a la estación espacial», añadió.

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    Un planeta, dos planetas; planeta rojo, planeta azul

    Sin embargo, llevar a los humanos a Marte también plantea grandes preocupaciones éticas que Musk no abordó. Entre ellas se encuentra la posibilidad de que nosotros o nuestro hardware contaminemos el planeta. Esto podría o bien perjudicar a cualquier forma de vida que se encuentre ya allí o bien hacer desaparecer cualquier oportunidad de descubrir si alguna vez han existido formas de vida extraterrestres en Marte.

    Poner humanos en Marte es solo el primer paso hacia colonizar el planeta. Además, también es necesario que sea habitable. Según los estándares humanos, el Marte actual es mortal: no podemos respirar su aire, tiene un suelo tóxico y el agua está atrapada en depósitos de hielo subsuperficiales.

    En el pasado, Musk ha reconocido este problema y ha propuesto terraformar Marte, convirtiéndolo en un mundo exuberante capaz de sustentar vida. ¿Cuál es su método? Destruir los polos del planeta y liberar todo el agua que actualmente está atrapada en los depósitos de hielo bajo tierra.

    Una acción tan drástica probablemente sería catastrófica para cualquier forma de vida que haya logrado sobrevivir en Marte antes de la aparición de los humanos. Lucianne Walkowicz, presidenta de astrobiología de la Biblioteca del Congreso, ha dicho que usar otro mundo como un planeta de refuerzo —y destruirlo en el proceso— es una idea enormemente defectuosa.

    «Existen muchas razones excelentes para ir a Marte, pero que alguien te diga que Marte estará ahí para respaldar a la humanidad es como si el capitán del Titanic te dijera que la fiesta de verdad se celebrará más tarde en los botes salvavidas», decía Walkowicz en una charla TED sobre la ética de la exploración marciana el año pasado. «Si podemos entender cómo crear y mantener espacios habitables en lugares hostiles e inhóspitos de la Tierra, quizá podríamos responder a las necesidades de preservar nuestro propio entorno y avanzar fuera de él».

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