Revive la estación abandonada de Canfranc, clave en la Segunda Guerra Mundial

Testigo de la Guerra Civil española y refugio de los judíos que huían del Holocausto, noventa años de historia vuelven a alzarse en el lugar que fue el nexo de unión con Europa durante la Segunda Guerra Mundial. viernes, 29 de noviembre de 2019

Por Cristina Crespo Garay - National Geographic
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En la antigua Estación Internacional de Canfranc, en Huesca, parece que el tiempo se hubiera detenido hace casi un siglo. Los restos que quedaron en pie tras noventa años de historia son desde entonces un emblema arquitectónico testigo de la Guerra Civil española, refugio de los judíos que huían del Holocausto y de quienes luchaban contra la dictadura.  

Como petrificada en el tiempo y con cierto aspecto misterioso a causa del abandono, la estación surgió del acuerdo entre España y Francia para abrir un camino entre ambos territorios a través del puerto de Somport, en los Pirineos. A pesar de que el acuerdo fue el 1904, la estación no fue inaugurada hasta 1928, cuando el rey Alfonso XIII, el general Primo de Rivera y el presidente de la República Francesa, Gastón Doumerge, la pusieron en funcionamiento.

Sin embargo, en 1931 este emblemático edificio sufrió importantes daños en su estructura debido a un gran incendio, que tras iniciarse en el vestíbulo se propagó rápidamente hacia la biblioteca. Más tarde, el control por parte del ejército franquista durante la Guerra Civil significó el tapiado de las vías, con el objetivo de imposibilitar la conexión con el país vecino.

Catalogada como monumento desde 2002 y declarada Bien de Interés Cultural, esta estación está en desuso desde 1970, cuando un tren descarriló provocando el derrumbe del puente del L'Estanguet. Ahora, una reforma vuelve a dar vida a las estructuras de esta histórica estación, en breve convertida en un hotel, una nueva estación de viajeros, un museo y también un centro de visitantes del Camino de Santiago.

Un lugar clave en la estrategia del ejército nazi

No fue hasta 1940 cuando Canfranc se volvió protagonista de la Segunda Guerra Mundial. El motivo de que esta estación reactivase su actividad y se volviera un emblema histórico surgió a raíz de que la parte francesa de sus vías se convirtiera en uno de los puntos estratégicos del ejército nazi, como parada obligatoria de sus tropas y mercancías.

El control nazi supuso el cese de la estación como transporte de pasajeros y su utilización como vía de paso para transportar desde España hasta Alemania el wolframio, o tungsteno, que el ejército nazi utilizaba para reforzar sus tanques. A cambio de este material, llegaban a nuestro territorio toneladas y toneladas de oro.

El tren de la libertad: huyendo del Holocausto

No solo su función como transporte de mercancías clave en la guerra fue lo que convirtió esta estación en un lugar estratégico. Este edificio de estructura simétrica y planta alargada fue también símbolo de liberación. El llamado tren de la libertad recorrió estas vías durante años, alejando del Holocausto hasta 15.000 refugiados judíos que habían logrado escapar hacia España.

Con más de 75 puertas a cada uno de sus lados, su característica fachada bebe de la arquitectura palacial francesa del siglo XIX. Con el objetivo de preservar su encanto y su valor histórico, la Comisión Provincial del Patrimonio cultural comenzó su rehabilitación y la de aquellos edificios que rodean la estación, como el cocherón de carruajes, el edificio postal, o el almacén.

En esta línea, uno de los puntos clave de la rehabilitación se basa en conservar las zonas más emblemáticas de la antigua estación, de forma que los nuevos viajeros puedan continuar trasladándose a aquellos vestigios de uno de los lugares históricos más importantes de nuestro territorio.

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