La última monarquía absoluta de África se ve sacudida por los manifestantes que desafían al rey de Esuatini

Una crisis está a punto de estallar en el sur de África mientras el país sin litoral, anteriormente conocido como Suazilandia, reprime a los manifestantes prodemocracia.

Publicado 28 jul 2021 12:49 CEST
El nadador Robyn Young

El nadador Robyn Young, que porta la bandera del Reino de Esuatini, dirige a su contingente en el desfile de los atletas en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio. Los manifestantes prodemocracia de Esuatini han salido a las calles exigiendo la reforma política.

Fotografía de Kai Pfaffenbach, Reuters

Un país ha debutado en las Olimpiadas de Tokio. El Reino de Esuatini, anteriormente conocido como Suazilandia y última monarquía absoluta de África, será representado cuando cuatro de sus atletas compitan por el oro en atletismo, boxeo y natación.

Aunque estos ciudadanos compiten en Japón, muchos de sus familiares, amigos y aficionados libran una batalla completamente diferente en el sur de África, una con consecuencias mortales y profundas. 

Durante los dos últimos meses, Esuatini se ha visto sumido en malestar a medida que los manifestantes prodemocracia han salido a las calles exigiendo la reforma política y expresando su insatisfacción con el gobierno del rey Mswati III, el último monarca absoluto de África.

Durante 35 años, el rey Mswati III (al que vemos en una fotografía de 2017), ha dirigido la monarquía absoluta del Reino de Esuatini, anteriormente conocido como Suazilandia.

Fotografía de Gulshan Khan, AFP/Getty Images

Estas protestas estallaron tras la muerte del estudiante de derecho de 25 años Tabaná Nkomonye, supuestamente asesinado por la policía suazi. Desde entonces, al menos 40 personas más han muerto y más de 150 manifestantes han sido hospitalizados con lesiones causadas por disparos, palizas y uso excesivo de la fuerza por parte de la policía.

En respuesta a las protestas, la Comisión de Comunicaciones de Esuatini suspendió el acceso a las redes sociales y las plataformas de internet hasta nuevo aviso. Esta acción impidió que los ciudadanos documentaran la violencia policial. La represión del gobierno también ha limitado el acceso a los periodistas que cubren las protestas.

De Suazilandia a Esuatini

Durante gran parte del siglo XX, este pequeño país sin litoral estuvo bajo el control británico hasta que obtuvo la independencia en una transferencia de poder no violenta en 1968.

En 2018, para celebrar el primer medio siglo de la nación y deshacerse del pasado colonial del país, su rey anunció que la tierra anteriormente conocida como Suazilandia pasaría a llamarse Reino de Esuatini.

«Los países africanos, tras obtener la independencia, recuperaron sus nombres antiguos», contó el rey Mswati III a la multitud durante el anuncio. Señalaba un retorno a los nombres tradicionales e históricos «antes de que fueran colonizados».

El rey lleva 35 años gobernando el país, que comparte fronteras con Sudáfrica y Mozambique. Los partidos políticos están prohibidos y casi dos tercios de los 1,2 millones de habitantes del país viven por debajo del umbral de la pobreza, según el Banco Mundial.

Tal y como informó anteriormente Stephen Leahy para National Geographic, el rey Mswati III se había quejado durante mucho tiempo de que, fuera de África, la gente confundía este país con Suiza. Pero mientras que Esuatini, «la tierra de los suazis», sí tiene algunas montañas, es mucho más pequeño. A diferencia de la democracia directa de Suiza, el rey Mswati heredó el trono en 1986 de su padre, Sobhuza II, que había reinado durante 82 años.

Las mujeres compran productos en un mercado de Manzini, el eje comercial y mayor centro urbano de Esuatini.

Fotografía de Edwin Remsberg, VWPics/Redux

En los últimos años, Esuatini ha provocado controversia por sus esfuerzos para participar en el comercio de cuerno de rinoceronte. En la Conferencia de las Partes de 2019 de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés), Esuatini propuso reabrir el comercio legal internacional de cuerno de rinoceronte blanco. El reino ya puede comerciar cantidades limitadas de rinocerontes blancos del sur vivos, así como trofeos de caza, pero su propuesta de entrar en el comercio internacional de cuerno de rinoceronte, que actualmente está prohibido, se rechazó rotundamente.

Según informó NPR, Esuatini sigue luchando contra la COVID-19, que ha causado casi 700 muertes, y el gobierno tiene dificultades para pagar a los profesores, un problema que provocó protestas a principios de este año. Como señala NPR, «el rey y sus 15 esposas siguen llevando una vida opulenta».

El rey está aprendiendo que cambiar el nombre de un país empobrecido no es la panacea para sus habitantes. Aunque su nuevo nombre aspire a reclamar sus orígenes en un esfuerzo para despertar orgullo nacional, muchos de los ciudadanos del país están más centrados en el futuro mientras participan en las protestas contra el último monarca absoluto del continente.

Derecha: Abajo:

Mapas políticos del atlas de referencia de National Geographic muestran el cambio de Suazilandia a Esuatini, tal y como se realizó en las ediciones décima (2015) y undécima (2020) de nuestros atlas.

Fotografía de NG MAPS

«Somos la juventud de Suazilandia y estamos muy deprimidos por el gobierno», contó un joven manifestante a Al Jazeera en junio. «Nuestro gobierno no es justo; es territorio de un solo hombre».

La actual situación de malestar social

En respuesta a las protestas que han sacudido Esuatini, el rey Mswati III anunció que el exdirector de fondos de pensiones Cleopas Dlamini remplazaría al primer ministro Ambrose Dlamini, que falleció en diciembre tras contraer la COVID-19. Esto se anunció después de las manifestaciones que demandaban el derecho a la elección democrática de un primer ministro, entre otras reformas.

«He rezado por tener un hombre que lleve al país a la normalidad, restaure el país y resucite la economía», dijo Mswati al público. Sin embargo, la BBC informa de que el rey ha descrito las protestas antimonárquicas como «satánicas», señalando que han hecho retroceder al país.

Tal y como se expone en un decreto de 1972, el sistema político del país no reconoce legalmente los partidos políticos y no se permite su participación en las elecciones. Esto significa que, cuando se presentan a escaños parlamentarios, los candidatos deben hacerlo de forma independiente, sin el respaldo de un partido. En el pasado, la disidencia política no se ha tolerado y las duras leyes han silenciado a activistas y líderes sindicales.

Esuatini, que no tiene litoral, linda con Mozambique y Sudáfrica, como vemos aquí en el puesto fronterizo de Oshoek el 1 de julio de 2021.

Fotografía de Rodger Bosch, AFP/Getty Images

«Sin embargo, conforme aumenta la disidencia, hay una convergencia de demandas antes heterogéneas, con ciudadanos que rechazan el gobierno autocrático de Mswati, especialmente su autoridad exclusiva para nombrar a un primer ministro, su poder ejecutivo sobre el parlamento y el poder judicial, y su derecho a actuar como único custodio de toda la tierra de Esuatini», informa Tendai Marima, de NPR.

No bastará con nombrar a un nuevo primer ministro para abordar las preocupaciones del país. En una entrevista con BBC News, los periodistas que han sufrido la represión del gobierno describieron sus experiencias cubriendo las noticias en un país envuelto en disturbios.

El periodista Magnificent Mndebele temió por su vida cuando las autoridades le dieron una paliza. «Me estrangularon, me agarraron la garganta y después me tiraron... otros me dieron puñetazos en las costillas», contó Mndebele a BBC News.

Cebelihle Mbuyisa, periodista de New Frame que ha trabajado con Mndebele, intentó documentar la violencia sacando fotos con su teléfono móvil. «Pero entonces [un] soldado apareció de repente y nos ordenó que nos acercáramos... Quería saber por qué estábamos sacando fotos». El soldado dijo que era ilegal sacar fotos, supuestamente por la suspensión del acceso a los medios de la Comisión de Comunicaciones de Esuatini.

«Pero les dijimos que éramos periodistas», dijo Mbuyisa. «Y no pareció importarles».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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