Las temperaturas del océano alcanzaron un máximo histórico en 2017

El calentamiento del océano podría tener impactos graves en hábitats como los arrecifes de coral y el hielo marino, entre otros.

Por Sarah Gibbens
Publicado 29 ene 2018, 10:50 CET
Calentamiento del océano
La gente se reúne en un día cálido de invierno en la playa de Ipanema el 8 de septiembre de 2017, en Río de Janeiro, Brasil. Según la NOAA estadounidense, las temperaturas globales de los primeros seis meses de 2017 fueron las segundas más altas registradas.
Fotografía de Mario Tama, Getty

Es improbable que los océanos se enfríen dentro de poco, según concluye un nuevo estudio.

De hecho, 2017 fue el año en que se registraron las temperaturas más altas en el océano, según investigadores de la Academia China de las Ciencias. Sus hallazgos indican una «tendencia de calentamiento a largo plazo provocada por la actividad humana».

El estudio mide el ascenso de las temperaturas del océano en su totalidad, pero ha determinado que los océanos Atlántico y Antártico experimentaron la mayor cantidad de calentamiento.

 

Los científicos estudiaron los datos de temperaturas oceánicas que investigadores de varias instituciones, entre ellas la NOAA en Estados Unidos, comenzaron a recopilar en la década de 1950. A partir de finales de la década de 1990, las temperaturas del océano empezaron a ascender.

Las temperaturas oceánicas en 2017 eran superiores a las de 2015, el año más cálido registrado hasta entonces.

Estudiando datos globales que abarcaban un periodo de décadas, los investigadores esperaban hacerse una idea precisa de las tendencias de calentamiento que se correspondían con las anomalías meteorológicas. Las temperaturas oceánicas de 2016, por ejemplo, fueron inferiores a las de 2015 y 2017 porque un intenso fenómeno meteorológico de El Niño enfrió las aguas.

¿Qué significa esto?

Los bañistas que se metan en el agua probablemente no se den cuenta del aumento gradual de temperatura, y puede ser difícil ver los impactos atmosféricos. Pero eso no significa que el calentamiento del océano no tenga impactos graves y reales.

En su estudio, los investigadores citan el blanqueo del coral y el derretimiento del hielo marino como consecuencias del calentamiento de los océanos.

El blanqueo de los corales tiene lugar cuando estos —estresados por el calor, la luz o la contaminación— expulsan las algas simbióticas que necesitan para mantenerse sanos. Sin ellas, los corales pueden morir de hambre. Un estudio preocupante publicado a principios de este mes determinó que el tiempo para salvarlos se estaba agotando a gran velocidad.

Aunque aún no se ha perdido la esperanza por el hielo marino, la cubierta helada del Ártico ha ido desapareciendo poco a poco durante las últimas décadas. Desde que los satélites empezaron a medir la amplitud y el grosor del hielo marino en 1979, se ha producido una disminución en ambos.

Los investigadores también hablaron de la disminución del oxígeno en el océano como una posible consecuencia del calentamiento de las aguas. A principios de mes, un nuevo estudio determinó que algunos peces evitan ciertas partes del océano con bajos niveles de oxígeno porque el agua los estaba asfixiando.

El aumento del nivel del mar, las tormentas más intensas y los hábitats marinos inestables susceptibles a las enfermedades son otros efectos posibles que se podrían derivar del aumento de la temperatura del océano, según los científicos.

En un editorial sobre el estudio escrito para The Guardian, un profesor de ciencias térmicas de la Universidad de St. Thomas señaló que «si quieres entender el calentamiento global, primero necesitas entender el calentamiento oceánico».

¿Cuál es la causa?

El aumento de las temperaturas se ha vinculado a los gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano, ya que atrapan más calor más cerca de la superficie terrestre. Un estudio publicado en 2016 constató que por cada tonelada de CO2 no emitida, se podían salvar 3 metros cuadrados de hielo ártico.

Sin embargo, los contaminantes ya emitidos en nuestra atmósfera podrían tardar décadas en disiparse.

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