Los beneficios ambientales inesperados del aislamiento de Cuba

Cuba alberga una fracción de las especies de plantas invasoras que arrasan otras islas del Caribe. Los expertos creen que su aislacionismo ha ayudado.

Publicado 26 feb 2021 12:00 CET
Fotografía de un bosque de palmas reales en Cuba

Una cascada en un bosque de palmas reales en peligro crítico de extinción en Soroa, Artemisa, Cuba.

Fotografía de Peter R. Houlihan, National Geographic Image Collection

Las islas caribeñas son tesoros ecológicos que albergan muchas especies únicas en el planeta. Con todo, en nuestra economía cada vez más globalizada, han sido invadidas por plantas y animales extranjeros traídos por accidente o de forma intencionada. En muchas islas, estos invasores amenazan con expulsar a las especies autóctonas.

Cuba es la excepción: su comercio y su turismo disminuyeron hace más de medio siglo, después de que Fidel Castro asumiera el poder, y solo han empezado a aumentar de nuevo en las últimas décadas. Aunque muchos cubanos sufrieron durante el régimen de Castro, un nuevo estudio sostiene que el aislamiento económico también protegió la isla de las especies invasoras.

Tras estudiar 45 islas del Caribe, un equipo de científicos estadounidenses y cubanos descubrió que Cuba tenía relativamente pocas especies invasoras respecto a otras islas mucho más pequeñas.

Los hallazgos son una «prueba sólida de que Cuba es un lugar muy especial y espectacular», afirma Meghan Brown, autora principal y ecóloga especializada en especies invasoras en los Hobart and William Smith Colleges en Geneva, Nueva York. El estudio se publicó en Frontiers in Ecology and the Environment.

Cuba es la excepción

En primer lugar, Brown y sus colegas crearon una lista de 738 especies de plantas no autóctonas que causan problemas ecológicos o que se propagan rápidamente por el Caribe. Por ejemplo, la especie de bejuco Cryptostegia madagascariensis es conocida porque desplaza a especies autóctonas y a veces envuelve los árboles, y ha invadido los bosques de la costa de Puerto Rico y de las Islas Vírgenes de Estados Unidos.

Al analizar la distribución de estas especies en las 45 islas, el equipo descubrió que, en general, cuanto más grande era la isla, más especies invasoras albergaba.

Pero Cuba era la excepción: sus recuentos de intrusos eran similares a los de Puerto Rico, que tiene una décima parte del tamaño de Cuba. Brown dice que es improbable que pasaran por alto esas especies en Cuba: su coautora, la botánica cubana Ramona Oviedo Prieto, organizó reconocimientos exhaustivos por la isla.

El bejuco C. madagascariensis no se ha observado en Cuba, ni tampoco una pequeña hierba conocida como Centratherum punctatum, una especie de verbena que puede dominar rápidamente grandes superficies y privar a las plantas autóctonas de luz y nutrientes. También es una invasora en Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Estados Unidos, añade Brown.

Solo el 13 por ciento de las especies de plantas de Cuba no son autóctonas. En cambio, en torno al 30 por ciento de las especies de plantas de Puerto Rico y Gran Caimán, y casi el 20 por ciento de las de Jamaica y la isla de La Española, no son autóctonas.

Brown señala que, aunque es probable que varios factores contribuyan al «déficit de invasión» de Cuba —quizá los ecosistemas sean más resilientes a las invasiones, por ejemplo—, la economía posterior a la revolución del país sin duda desempeña un papel importante.

Tras la revolución de 1959, cuando Castro asumió el poder, los vínculos del país con el mundo exterior disminuyeron, en parte por el embargo comercial de Estados Unidos. En 1991, la desintegración de la Unión Soviética, el socio comercial más cercano de Cuba, agravó temporalmente el aislamiento.

Las especies invasoras suponen un coste para las economías abiertas y es probable que el inusual aislamiento de Cuba haya ayudado a proteger sus ecosistema autóctonos, afirma el coautor del estudio Rafael Borroto-Páez, biólogo especializado en especies invasoras del Instituto de Geografía Tropical de La Habana. Sus investigaciones previas han revelado porcentajes igualmente bajos de reptiles y anfibios invasores.

El equipo también identificó decenas de especies de plantas potencialmente invasoras, la mayoría de Asia, África y las Américas, que Cuba sí alberga, pero que no se encontraron en otras islas del Caribe, un patrón que probablemente sea un reflejo de los socios comerciales del país. Entre ellas figuran, por ejemplo, la camadorea o palmera de salón Chamaedorea elegans, una planta de interior popular en Estados Unidos que es autóctona de Centroamérica, y el cactus catedral Euphorbia trigona, otra planta de interior atractiva procedente de África que en el medio natural puede crecer en arbustos densos.

Política y plantas

Aunque las plantas han contribuido a esculpir sociedades, política y comercio, este fenómeno también ha ocurrido a la inversa, señala Brown: «La política ha influido en nuestra ecología moderna».

Con todo, probar causa y efecto de forma definitiva siempre es difícil con datos complejos, afirma James Ackermann, ecólogo de plantas en la Universidad de Puerto Rico que no participó en el estudio. Algunos datos sugieren que en Puerto Rico, por ejemplo, la mayoría de las invasiones ocurrieron antes de la década de 1960, cuando la isla ya se había convertido en una escala importante para los buques de carga internacionales. Si la trayectoria de invasión de Cuba fuera similar, entonces es posible que no hubieran llegado muchas especies invasoras desde la Revolución cubana, independientemente del aislamiento de la isla. Si las invasiones de plantas en Cuba pudieran cartografiarse con el paso del tiempo, se podría descartar esa posibilidad, añade.

La nueva investigación de Brown y sus colegas apunta al turismo como un motor potente de las introducciones de plantas invasoras. En general, en 20 islas para las que disponían de datos de comercio y turismo, los porcentajes de invasión solían correlacionarse más con la cantidad de turistas que con los datos comerciales.

«Las islas [con] un tráfico turístico elevado, como Gran Caimán o Santo Tomás, albergan cientos de especies invasoras [más] de las que cabría esperar para su superficie», afirma Brown.

Cuba tiene un sector turístico limitado en lo que al Caribe se refiere. En particular, no recibe muchos cruceros, que a menudo parten desde el sur de Florida, una intersección donde las plantas invasoras pueden subirse como polizones.

Algunos intrusos ecológicos podrían ser traídos por los propios turistas, que se bajan de aviones o cruceros con semillas pegadas a los zapatos sin querer o incluso traen semillas intencionadamente a sus parientes caribeños, explica Brown. Pero muchos podrían ser una consecuencia del turismo: las flores ornamentales exóticas traídas deliberadamente para ajardinar los hoteles y apartamentos vacacionales para crear una atmósfera tropical agradable. De hecho, la C. madagascariensis es popular en la industria del paisajismo debido a sus grandes flores rosas.

«Es una industria enorme», señala la ecóloga Julissa Rojas-Sandoval, de la Universidad de Connecticut, cuya investigación sugiere que casi el 40 por ciento de las plantas invasoras de las islas caribeñas son especies ornamentales. El sector turístico es uno de los principales consumidores.

Para Rojas-Sandoval, el nuevo estudio (en el que no participó) pone de manifiesto la urgencia de controlar la llegada de especies extranjeras destructoras a ecosistemas del Caribe, muchos de los cuales ya están dañados por la pérdida de hábitat. Las especies invasoras añaden «otro nivel de vulnerabilidad, amenazando todavía más la flora y fauna del Caribe».

Algunas islas, como Nueva Zelanda, han minimizado el riesgo de invasión, en parte, regulando las especies que importa el país e inspeccionando los bienes importados, al mismo tiempo que mantienen sus fronteras abiertas, indica Brown.

Se prevé que el turismo y el comercio de Cuba crecerán en los próximos años y Borroto-Páez espera que los legisladores incrementen las medidas para proteger la isla de las especies invasoras y ayuden «a preservar la biodiversidad excepcional de las Indias Occidentales».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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