2021, el año clave contra el cambio climático

Con el regreso de Estados Unidos a la lucha climática y las presiones para la recuperación mundial de los ecosistemas, 2021 será un año decisivo para ganar terreno al cambio climático.

España, con un 75% de su territorio en riesgo de desertificación, podría ser uno de los países más secos para el año 2040.

Fotografía de Peter H, Pexels
Publicado 5 jun. 2021 16:44 CEST

En mitad del ajetreo de un mundo azotado por la pandemia de la COVID-19,  el medio ambiente parece haber quedado relegado a un segundo plano. Sin embargo, con el regreso de Estados Unidos a la lucha climática y las presiones para la recuperación mundial de los ecosistemas, 2021 será un año decisivo para remar a favor del cambio climático o volcar la balanza hacia la sostenibilidad. En el Día Mundial del Medio Ambiente, los expertos advierten: si no tomamos medidas urgentes y trasversales, será un tsunami aún mayor el que aceche tras esta pandemia mundial.

“El clima extremo combinado con COVID-19 fue un doble golpe para millones de personas en 2020. Sin embargo, la desaceleración económica relacionada con la pandemia no logró frenar los impulsores del cambio climático y la aceleración de los impactos”, afirma la Organización Meteorológica Mundial en su reciente informe Estado del Clima Mundial 2020, actualización del adelanto lanzado el pasado diciembre, 2020, camino de ser uno de los tres años más cálidos registrados.

Como indica, el año 2020 fue uno de los tres años más cálidos jamás registrados. A pesar del enfriamiento que produjo La Niña, la temperatura media global fue de aproximadamente 1,2 ° por encima del nivel preindustrial, que incluye el período entre 1850 y 1900. Continúa por tanto la evolución de los últimos seis años desde 2015, los más cálidos registrados, junto a la década de 2011 a 2020, también la más cálida registrada.

 

“La tendencia negativa en el clima continuará durante las próximas décadas independientemente de nuestro éxito en la mitigación. Por tanto, es importante invertir en adaptación”

por Petteri Taalas
OMM

El aumento de las temperaturas de la tierra y los océanos, las concentraciones de gases de efecto invernadero en niveles récord, el aumento del nivel del mar, el deshielo de un 40% de la Antártida, el retroceso de los glaciares, el aumento de los climas extremos y un largo etcétera de cifras que son indicadores clave sobre el estado del clima que continúan su ascenso.

“Este informe muestra que no tenemos tiempo que perder. El clima está cambiando y los impactos ya son demasiado costosos para las personas y para el planeta”, afirma António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas. “Este es el año de la acción. Los países deben comprometerse a generar cero emisiones netas para 2050”.

La Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU) cifra en 143 millones los migrantes climáticos que habrá en 2050 a nivel mundial. España, con un 75% de su territorio en riesgo de desertificación, podría ser uno de los países más secos para el año 2040. El ascenso de las cifras del cambio climático retrata un 2021 que se presenta como el momento clave para asumir en su agenda global la emergencia climática a la que nos enfrentamos.

“Han pasado 28 años desde que la Organización Meteorológica Mundial emitió el primer informe sobre el estado del clima en 1993”, afirmó el  secretario general de la OMM, Petteri Taalas. “Si bien la comprensión del sistema climático y la potencia informática ha aumentado desde entonces, el mensaje básico sigue siendo el mismo y ahora tenemos datos de 28 años más”.

El papel de la COVID-19 en el cambio climático

“Todos los indicadores climáticos clave y la información de impacto asociada que se proporciona en este informe destacan el impacto incesante y continuo del cambio climático, una creciente intensificación de eventos extremos y graves pérdidas y daños que afectan a las personas y a la economía”, afirma Taalas. “La tendencia negativa en el clima continuará durante las próximas décadas independientemente de nuestro éxito en la mitigación. Por tanto, es importante invertir en adaptación. Una de las formas más poderosas de adaptarse es invertir en servicios de alerta temprana y redes de observación meteorológica ", afirma Taalas.

En 2020, COVID-19 agregó una dimensión nueva a los peligros relacionados con el clima y el agua, con impactos en la salud y el bienestar. Las restricciones de movilidad, las recesiones económicas y las consecuencias en el sector agrícola exacerbaron los efectos de los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos a lo largo de toda la cadena de suministro de alimentos, aumentando la inseguridad alimentaria y ralentizando la ayuda humanitaria. Además, la pandemia también interrumpió las observaciones meteorológicas, complicando así los esfuerzos de reducción del riesgo de desastres.

Entre las investigaciones que salieron a la luz durante la última cumbre del clima en 2019, la COP25, los expertos alertaron de que el riesgo de que se produzca una ola de calor a día de hoy es hasta cien veces más alto que hace un siglo, según el  Índice de riesgo climático global 2020. En este informe, España escaló nueve puestos en el Índice de Riesgo Climático Global (IRC), que indica el nivel de exposición y la vulnerabilidad a los fenómenos climáticos extremos. Aunque la última cumbre finalizó con la esperanza puesta en la COP26, el escenario provocado por la COVID-19 obligó a posponer el encuentro mundial y acentuó el papel crucial de Glasgow para abordar con la urgencia necesaria la emergencia climática.

Un 75% de España, en riesgo de desertificación

El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) alertaba de que el cambio climático llegaría antes y más fuerte de lo previsto, especialmente en el Mediterráneo, que aumentará un metro su nivel del mar y hasta cinco grados su temperatura para 2100, según alerta un estudio sobre el impacto del cambio climático en la región mediterránea.

Veranos casi cinco semanas más largas que al inicio de la década de los 80 en España, un aumento del 6% de territorio con climas semiáridos, más de 30.000 kilómetros cuadrados, temperaturas cada año más extremas, tanto en máximas como mínimas, así como un incremento del nivel del Mediterráneo estimado en 3,4 milímetros por año.

Las consecuencias de la crisis climática no son un futurible. Aproximadamente 32 millones de personas ya sufren las consecuencias del cambio climático en nuestro país. A nivel global, la ONU cifra en más de 140 millones los migrantes climáticos que habrán tenido que dejar atrás sus hogares para 2050.  

Océanos asfixiados y el deshielo del Ártico

Sequías, clima extremo, hambruna, migraciones climáticas, pérdida de biodiversidad y riesgo de salud pública son tan solo algunas de las consecuencias directas del clima. El Informe especial sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante destacaba la urgencia con la que debemos actuar.

“El océano absorbe alrededor del 23% de las emisiones anuales de CO2 antropogénico a la atmósfera y actúa como amortiguador contra el cambio climático. Sin embargo, el CO2 reacciona con el agua de mar, reduciendo su pH y provocando la acidificación del océano”, afirma la COI-UNESCO. “A su vez, esto reduce su capacidad para absorber CO2 de la atmósfera”.

Blue COP: Entrevistamos a Sylvia Earle, oceanógrafa y exploradora de NatGeo
En mitad del trasiego de una ajetreada COP25, la oceanógrafa Sylvia Earle nos recibe con los brazos abiertos para hablarnos de las luces y las sombras de la situación de los océanos en la bautizada como ‘Blue COP’.

El océano también absorbe más del 90% del exceso de calor de las actividades humanas. En 2019 se registró el aumento de temperatura oceánica más alta registrada, y esta tendencia probablemente continuó en 2020. “La tasa de calentamiento del océano durante la última década fue más alta que el promedio a largo plazo, lo que indica una absorción continua de calor atrapado por los gases de efecto invernadero”, según el Copernicus Marine Service de la UE . A pesar del parón mundial, los principales gases de efecto invernadero que absorben los océanos siguieron aumentando en 2019 y 2020.

El nivel medio global del mar ha aumentado desde 1993 y, recientemente, ha aumentado a un ritmo mayor, en parte debido al derretimiento de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida. “Desde mediados de la década de 1980, las temperaturas del aire en la superficie del Ártico se han calentado al menos dos veces más rápido que el promedio mundial”, alerta el informe. “Esto tiene implicaciones potencialmente grandes no solo para los ecosistemas árticos, sino también para el clima global a través de diversas reacciones, como el deshielo del permafrost que libera metano a la atmósfera”.

El informe ilustra además cómo el cambio climático representa un riesgo para el logro de muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a través de una cadena en cascada de eventos interrelacionados que pueden contribuir a agravar las desigualdades existentes. Además, existe la posibilidad de que se produzcan ciclos de retroalimentación que amenacen con perpetuar el círculo vicioso del cambio climático.

Guiados por el Acuerdo de París, los países “deben presentar, mucho antes de la COP26 en Glasgow, planes climáticos ambiciosos para el año 2030 que recorten las emisiones globales un 45% respecto a los niveles de 2010. Y debemos actuar ya para proteger a las personas contra las consecuencias del cambio climático”, afirmó Guterres.

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