El mayor ser vivo de la Tierra está siendo mordisqueado hasta la muerte ¿es tarde para salvarlo?

Pando, un enorme bosquecillo de álamos en Utah (Estados Unidos), es un organismo único que ha vivido durante milenios. El pastoreo incontrolado lo está destruyendo.

Por Craig Welch
Publicado 11 may 2022, 10:49 CEST
Estos álamos temblones, en el Bosque Nacional de Fishlake (Utah), forman el mayor organismo individual del ...

Estos álamos temblones, en el Bosque Nacional de Fishlake (Utah), forman el mayor organismo individual del planeta. Los ciervos y el ganado que pastan en los árboles recién brotados amenazan la supervivencia del bosque.

Fotografía de Diane Cook and Len Jenshel, National Geographic Creative

A veces, un árbol es más que un árbol. Los álamos temblones, el árbol más extendido de Norteamérica, se reproducen a menudo por clonación. Lo que parecen árboles individuales son, en cambio, colecciones de tallos genéticamente idénticos. Los troncos blancos con hojas brillantes (verdes en primavera; amarillas, naranjas, rosas o rojas en otoño) brotan como retoños de un único y enorme sistema de raíces. Cada grupo de álamos clonados es un solo ser.

Un solo clon de álamo temblón a menudo cubre alrededor de 4000 metros cuadrados (aproximadamente la mitad del campo de fútbol reglamentario más grande), pero a veces más, incluso mucho más. A veces un árbol es su propio bosque.

En el centro-sur de Utah (Estados Unidos), a más de 3000 metros de altura en la meseta del Colorado, en un tramo de bosque nacional salpicado de enebros y arbustos, hay un peculiar bosque de álamos. En lugar de docenas o incluso cientos de troncos clónicos, hay 47 000, todos conectados a una única estructura de raíces. Conocido como Pando, que en latín significa "extiendo", este gigante se extiende por 428 000 metros cuadrados, una superficie que duplica el tamaño de los Jardines del Campo del Moro del Palacio de Oriente de Madrid. 

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Un álamo temblón, Pando aspen, en el Bosque Nacional de Fishlake, Utah. Los árboles forman parte de un único organismo, llamado cuerpo clonal.

Pando es una celebridad. En 2006 apareció en un sello postal. En 2014, Utah adoptó el álamo temblón como árbol oficial del estado.  Y sin embargo, por la forma en que hemos gestionado la tierra y los animales alrededor de Pando, Pando está siendo destruido.

Muerte por mil mordiscos

La magnificencia de Pando está en su masa. Por lo que sabemos, al menos en la superficie, ningún ser vivo de la Tierra es más pesado. Con casi seis millones de kilogramos de peso, se estima que este ser individual pesa tres veces más que el árbol individual más grande del planeta, una secuoya gigante de California conocida como General Sherman. Pando pesa aproximadamente lo mismo que 35 ballenas azules, 1000 elefantes o más del aforo completo del Estadio Wanda Metropolitano.

Cada tronco de Pando vive entre 85 y 130 años, y a medida que cada uno muere, surgen nuevos brotes verdes. Pero ahora esos brotes se los están comiendo los ciervos mulos y el ganado.

Paul Rogers, profesor adjunto de ecología en la Universidad Estatal de Utah y director de la Western Aspen Alliance, ha estudiado Pando durante años. En 2018, revisó 72 años de fotos aéreas y realizó el primer análisis exhaustivo de este bosque. Descubrió que se regeneraban menos troncos de los que morían. Un nuevo inventario en 2021, aún no revisado por pares, muestra un exceso de muertes aún mayor.

No está claro cuánto tiempo ha vivido Pando; algunos han afirmado que tiene 80 000 o incluso un millón de años, pero ambas cifras son increíblemente improbables, dice Rogers. Es probable que sólo tenga unos pocos miles de años, es casi seguro que sea más joven que la última Edad de Hielo, que terminó hace unos 12 000 años.

Pero los humanos han alterado sutilmente este ecosistema, eliminando depredadores como los lobos, los osos y los pumas, y pastoreando el ganado en las tierras del bosque. Si en las próximas décadas no encontramos mejores formas de proteger a Pando del ganado y de la fauna salvaje, dice Rogers, este inusual espécimen forestal podría simplemente dejar de existir.

Los álamos temblones echan nuevos brotes en respuesta al estrés, pero si esos brotes se los comen los ciervos o el ganado, los árboles jóvenes no tienen la oportunidad de madurar.

"Imagínate que entras en una ciudad de 50 000 habitantes en la que todo el mundo tiene 85 años", dice. "Ese es en cierto modo el problema de Pando".

El bosque está envejeciendo. Pero la siguiente generación no está sobreviviendo. "Y está ocurriendo delante de nuestros ojos", dice Rogers.

El problema de Pando

Pando es un misterio. Comienza a un kilómetro y medio al este de Mallard Bay, en el lago Fish, en el Bosque Nacional Fishlake de Utah, y sus 440 tallos por acre (alrededor de uno cada 3 metros de media) se extienden por decenas de miles de metros de roca volcánica, intercalados con rocas, algunas del tamaño de un coche. ¿Cómo ha llegado a ser tan grande esta bestia? Nadie lo sabe realmente. Pero el hecho de que lo hiciera, y de que los álamos temblones sean tan comunes en el hemisferio norte, sugiere que puede haber arboledas monoclonales aún mayores esperando a ser descubiertas.

Rogers ha pasado interminables horas en el vaivén de Pando. Ha escrito poesía sobre él, ha sentido su pequeñez bajo su grandeza. Su tranquilidad le conmueve de un modo que no es capaz de articular.

La planta (o el falso conjunto de árboles) fue dado a conocer al mundo por un científico de la Universidad de Michigan llamado Burton Barnes. A mediados de los años setenta lo recorrió y comparó las hojas de los árboles vecinos, utilizándolas para distinguir entre los tallos procedentes de un único sistema de raíces y los árboles cercanos no relacionados. Décadas después, otros científicos tomaron muestras de ADN de 209 tallos en todo Pando. Demostraron que Barnes tenía razón. Esta enorme masa de álamos era una sola planta.

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Desde hace tiempo se sabe que Pando tiene algunos problemas de salud. A finales de la década de 1980, como parte de un experimento, el Servicio Forestal de EE.UU. taló dos pequeñas parcelas. No volvió a crecer nada. En 1992, cortaron otra zona y la vallaron. Esa parte de Pando es ahora una masa muy densa de árboles de 12 centímetros de diámetro, todos de unos 10 metros de altura.

¿Cómo puede ser eso? Si cortas, matas, quemas o dejas cicatrices en los álamos, su respuesta es hacer nuevas crías. Stanley Kitchen, investigador científico emérito del Servicio Forestal, ha visto cómo los álamos rebrotan con 3500 brotes por hectárea, "tantos que es como caminar por un campo de maíz". La fertilidad no es el problema.

En 2018, los investigadores finalmente diagnosticaron con claridad las afecciones de Pando. En 65 parcelas de monitoreo, Rogers y un colega rastrearon los árboles muertos y vivos, el rebrote de tallos, la cobertura de arbustos y las heces de los ciervos mulos. El mejor indicador de la salud del bosque era la regeneración, y la presencia de ciervos se correspondía con una regeneración deficiente.

De agosto a octubre, cuando las flores y otras plantas se secan, los ciervos mulos pastan y ramonean en Pando, acumulando proteínas para el otoño. En esa misma época, los ganaderos con permisos para pastar vacas en las unidades forestales cercanas pasan por allí durante unas dos semanas al año. Todos esos animales convergen en los brotes de Pando, segándolos antes de que puedan convertirse en árboles.

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Una posible solución

El problema, sin embargo, es más sencillo que sus soluciones. Los ciervos y los alces son gestionados por el Estado, que está presionado para mantener las poblaciones altas para la caza. Pero la caza no está permitida cerca de Pando. Es una zona de recreo, popular entre los turistas. Incluso hay algunas cabañas. Los animales saben que es seguro. Han aprendido durante décadas a reunirse aquí.

Rogers ha escuchado todas las sugerencias: utilizar petardos, disparar a los ciervos con balas de fogueo o ahuyentarlos con vehículos todoterreno. No considera que esas ideas sean prácticas. Tampoco es fácil alterar los patrones de pastoreo en los bosques establecidos para "uso múltiple". Algunos ganaderos han tenido ganado aquí durante generaciones.

Podría haber dinero disponible para hacer un vallado a gran escala por parte de un donante privado, pero alguien también tendría que mantenerlo. Y, se pregunta Rogers, ¿realmente queremos que esta cosa icónica esté cercada como en un zoológico? "Eso no aborda la raíz del problema", dice.

Tal y como están las cosas, las partes de Pando que no están cercadas para la investigación ya se están desarrollando por una vía ecológica diferente, con la aparición de plantas de sotobosque diferentes donde los árboles no vuelven a crecer. Rogers sospecha que esto puede deberse a que la falta de árboles adultos permite la entrada de mucha más luz. La división de Pando en zonas cercadas y abiertas está "empujando el bosque más uniforme de su clase que conocemos en el mundo en una nueva dirección", dice Rogers.

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Pero en otra comunidad de una montaña cercana, Kitchen, al menos, ve motivos para el optimismo. Allí, el ramoneo de los alces y las vacas, junto con décadas de supresión de incendios forestales, han permitido que el abeto y la picea empiecen a ocupar los rodales de álamo. Kitchen y otros miembros del Servicio Forestal colaboraron con cazadores, ecologistas, ganaderos, funcionarios estatales y propietarios de tierras. En 2015, surgió un nuevo plan de 10 años para salvar el álamo temblón en esa montaña, con el apoyo de todas las partes. Incluía más caza de ciervos y alces si su alimentación en los brotes seguía siendo un problema.

No ha resuelto todos los problemas, reconoce Kitchen, pero parece que está cambiando las cosas. Los álamos están rebrotando.

Rogers es partidario de intentar este proceso en Pando, junto con el sacrificio inmediato de un puñado de ciervos habituados a la región y algunos cambios en el pastoreo. De una forma u otra, comenta, "necesitamos detener el sangrado".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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