Incluso las calabazas pueden ser un contaminante peligroso

Tirar las míticas hortalizas-linterna a la basura genera el dañino gas metano, pero hay una mejor forma de dar una segunda vida a tus calabazas decorativas.

Por Sarah Gibbens
Publicado 7 nov 2022, 14:39 CET
En la Roca Berry Farm de Roca (Nebraska), los visitantes inspeccionan un huerto de calabazas.

En la Roca Berry Farm de Roca (Nebraska), los visitantes inspeccionan un huerto de calabazas. Cada año, millones de calabazas acaban en los vertederos, donde contribuyen a la contaminación por metano, pero cocinarlas, compostarlas o donarlas a una granja puede ayudar a reducir los residuos.

Fotografía de Joël Sartore, Nat Geo Image Collection

Cada año se cultivan en EE.UU. más de 450 millones de toneladas, y después de haberlas utilizado para las decoraciones de Halloween, las tartas y las linternas-calabaza, millones de ellas (grandes, mini, anaranjadas, blancas...) acabarán en un vertedero

"Conduciendo después de Halloween, ves a la gente con calabazas encima de sus cubos de basura. Todo eso irá a parar a un vertedero y se convertirá en gas metano", dice Kay McKeen, directora ejecutiva de SCARCE, una organización de educación ambiental con sede en Illinois. 

El metano es un gas de efecto invernadero. En comparación con el dióxido de carbono, calienta la atmósfera en menos tiempo, lo que significa que es una causa especialmente potente del cambio climático

(Relacionado: La enrevesada historia transatlántica de las calabazas de Halloween)

Y los vertederos (a los que enviamos hasta el 40% de los alimentos que producimos) contribuyen al 14% de las emisiones de metano de Estados Unidos cada año. 

Por eso, en 2014, McKeen y sus colegas de SCARCE iniciaron Pumpkin Smash, un evento de recogida en el que los residentes locales de Illinois pueden llevar sus calabazas podridas a 69 lugares diferentes para enviarlas a contenedores de compostaje y, por supuesto, hacerlas pedazos. 

Según sus propios cálculos, el grupo ha salvado 538 toneladas de calabazas del vertedero. 

"Devuelve los nutrientes a nuestro suelo, ahorra agua y no produce gas metano: todos salimos ganando", dice McKeen.

Pero no todo el mundo tiene acceso a eventos de destrucción de calabazas, por lo que la edición estadounidense National Geographic preguntó a los lectores de su boletín cómo hacen para reducir sus residuos de calabazas. A continuación te ofrecemos las mejores ideas, que van desde hornear golosinas hasta llevar una golosina de calabaza a los animales de la granja.

Compostaje

Las calabazas tienen el potencial de convertirse en un gran abono. 

Tienen un poco más del 90 por ciento de agua, añadiendo naturalmente humedad a las pilas de compost que necesitan estar húmedas para descomponer eficazmente los residuos de alimentos. Y las verduras y frutas descompuestas, como las calabazas, añaden nitrógeno, fósforo y potasio a la tierra, lo que ayuda a que crezcan nuevas plantas. 

Aquí es donde aplastar las calabazas puede ser útil. Antes de tirarlas en un contenedor o llevarlas a un lugar de compostaje comunitario, acelera la descomposición rompiendo las calabazas enteras en trozos más pequeños. 

(Relacionado: La tierra de las macetas oculta un oscuro secreto)

"Una de las cosas favoritas de mi familia para hacer con nuestras calabazas es dejar que se descompongan en el lado soleado de la casa, detrás de las hierbas altas y decorativas", dice Amber Keller. 

Hornear y cocinar

El puré de calabaza es un ingrediente habitual en productos horneados como magdalenas, panes y tartas. Para hacer una versión fresca de este ingrediente común comprado en la tienda, utiliza la parte exterior y carnosa de la calabaza que te sobra.

"De nuestra cocina no sale ni una sola calabaza al vertedero. Cada calabaza se corta en láminas, se ablanda en el horno, se hace puré en la batidora y se congela en bolsas de autocierre", dice Una Hagen. 

La pulpa de la calabaza también se puede fermentar, señala una lectora, Elizabeth Flournoy: "He estado haciendo vino: ¡un fabuloso vino especiado no es difícil de hacer con la calabaza!".

Las semillas pueden extraerse fácilmente, enjuagarse y salarse o condimentarse en el horno. 

(Relacionado: ¿Cómo se vive en la ciudad más contaminada del mundo?)

La calabaza está llena de vitaminas, minerales y fibra, lo que la convierte en una gran fuente de nutrición humana. Según el American Kennel Club, el puré de calabaza mezclado en la comida para perros puede ayudar a calmar el malestar estomacal del animal. 

"Les encanta mezclado con su comida seca para perros, y es muy bueno para ellos", dice Anne Meier.

¿Un regalo para la fauna?

Muchos lectores dicen que tiran calabazas rotas en el exterior para que se las coman ciervos, mapaches o alces. 

Aunque las calabazas suelen ser seguras para los animales salvajes, los expertos dicen que es mejor dejar que busquen y cacen su propia comida. Alimentar a los animales salvajes puede propagar enfermedades cuando los animales se reúnen. Algunos estados, como Colorado, multan a los residentes que alimentan intencionadamente a los animales salvajes. Y tratar de alimentar a animales como los ciervos puede atraer involuntariamente a depredadores como los gatos monteses o los osos y provocar un conflicto entre humanos y fauna salvaje.

Un consejo muy popular en las redes sociales es que las semillas de calabaza son un desparasitador natural para el ganado o los animales salvajes; sin embargo, no hay suficiente investigación científica que lo avale. 

(Relacionado: Por qué no debes alimentar a animales salvajes (salvo, quizá, a aves)

En su lugar, comprueba si alguna granja local recoge calabazas como golosinas para sus cerdos, cabras y otros animales, o para cualquier otro fin. En Estados Unidos hay webs como Pumpkins for Pigs que muestran granjas y santuarios de animales de todo el país que aceptan calabazas sin tallar ni pintar. El zoo de Oregón, por ejemplo, da a los elefantes asiáticos calabazas de tamaño gigante de las granjas para que las destrocen durante su evento anual "Squishing of the Squash". 

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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