¿Por qué la naturaleza nos hace bien a la salud? La ciencia tiene la respuesta

La reducción de la presión arterial y la mejora de la cognición y la salud mental son sólo algunos de los beneficios documentados de pasar tiempo en espacios "verdes" y "azules".

En Singapur, la vegetación cae en cascada desde un hotel de lujo, tranquilizando a los huéspedes en la piscina del balcón y a la gente en la calle.

Fotografía de Lucas Foglia, Nat Geo Image Collection
Por Stacey Colino
Publicado 10 jul 2023, 13:03 CEST

Los médicos no suelen recetar a sus pacientes que pasen tiempo en la naturaleza, pero quizá deberían empezar a hacerlo.

Numerosos estudios demuestran que estar en espacios verdes (parques, bosques, montañas, etc.) es beneficioso para el bienestar físico y mental de las personas. Menos conocidas son las ventajas de estar cerca de océanos, lagos y ríos.

Un informe en inglés titulado Green and Blue Spaces and Mental Health [Espacios verdes y azules y salud mental] de la Organización Mundial de la Salud demuestra que pasar tiempo en la naturaleza (incluidas las zonas urbanas y periurbanas) mejora el estado de ánimo, la mentalidad y la salud mental. Las investigaciones demuestran que la exposición a bosques, parques, jardines o costas puede incluso mitigar el impacto psicológico del cambio climático, favorecer la actividad física y ofrecer oportunidades de interacción social y lugares "para relajarse y dejar atrás por un rato el estrés cotidiano".

"Si pensamos en nuestra relación con la naturaleza, nos recuerda que estamos incrustados en el mundo natural, como especie", afirma Patricia Hasbach, psicoterapeuta y ecopsicóloga de Eugene (Estados Unidos). "Es como si volviéramos a casa cuando vamos a espacios azules o verdes. Fomenta la sensación de formar parte de algo más grande que nosotros mismos".

Hay muchas formas en que la naturaleza es beneficiosa para nuestra salud psicológica y física. Un estudio reciente, en el que se encuestó a más de 16 000 personas de 18 países, descubrió que las personas que vivían en zonas más verdes o costeras declaraban un mayor bienestar general positivo. Además, quienes visitaban con frecuencia espacios verdes o azules (a lo largo de la costa o en el interior) con fines recreativos se sentían mejor y sufrían menos angustia mental.  

Otro estudio publicado el año pasado en Occupational & Environmental Medicine descubrió que las personas que visitan espacios verdes cinco o más veces por semana tienen un consumo significativamente menor de medicamentos psicotrópicos, antihipertensivos y para el asma que quienes pasan menos tiempo en la naturaleza.

Los beneficios para la mente y el cuerpo no acaban ahí.

Aunque los investigadores no han comparado las ventajas de los espacios verdes con las de los azules, hay muchas pruebas que avalan los beneficios para la salud mental de ambos entornos. Las investigaciones han demostrado, por ejemplo, que la práctica japonesa del "baño de bosque" (también conocida como Shinrin-yoku), que consiste en caminar lentamente por un bosque e inhalar las sustancias aromáticas llamadas fitoncidas que desprenden los árboles, reduce la tensión arterial, alivia los síntomas depresivos y mejora la salud mental.

Unos excursionistas descansan en un bosque de Corea

Unos excursionistas descansan en un bosque de Corea. La inhalación de compuestos naturales como el limoneno y el pineno mientras se está en un bosque puede disminuir la fatiga mental, inducir la relajación y mejorar el rendimiento cognitivo y el estado de ánimo.

Fotografía de Lucas Foglia, Nat Geo Image Collection

Un análisis publicado el año pasado, basado en personas de 18 países, descubrió que los adultos con mejor salud mental, tienen más probabilidades de declarar haber pasado tiempo jugando en y alrededor de aguas costeras e interiores cuando eran niños. Una investigación anterior descubrió que las personas que viven en casas con vistas a espacios azules en la ciudad de Wellington (Nueva Zelanda) presentaban niveles más bajos de angustia psicológica que aquellos cuyos hogares tienen espacios verdes visibles.

Hay muchos mecanismos biológicos posibles detrás de los beneficios de la exposición a entornos naturales verdes o azules. Según Marc Berman, neurocientífico especializado en medio ambiente y profesor asociado de psicología en la Universidad de Chicago (Estados Unidos), una de las explicaciones es que estos beneficios se derivan de lo que se denomina teoría de la restauración de la atención, que propone que la exposición a la naturaleza ayuda a aliviar la fatiga mental y mejora la capacidad de concentración. "Los humanos tenemos dos tipos de atención: la atención dirigida, que es la que usamos en el trabajo y es el tipo de atención que es fatigable o agotable, y la atención involuntaria, que es captada automáticamente por cosas interesantes en el entorno y no es fatigable."

De hecho, un estudio publicado en un número de 2019 de la revista Frontiers in Psychology descubrió que después de que los niños dieran un paseo de 30 minutos por un entorno natural (con ondulantes campos de hierba, tierras de cultivo y zonas forestales) tenían un patrón de respuestas más rápido y estable a una serie de pruebas relacionadas con la atención que después de caminar por una zona urbana.

Además de captar tu atención involuntaria, pasar tiempo en la naturaleza puede provocar lo que se denomina "fascinación suave", una experiencia agradable y sin amenazas que es interesante pero no requiere toda tu atención. De este modo, "tu mente puede divagar y puedes pensar en cosas al mismo tiempo", afirma Berman. "Cuando la gente está en la naturaleza, tiende a pensar en temas relacionados con la espiritualidad y su viaje vital".

Otra explicación de por qué la naturaleza tiene un efecto casi medicinal sobre la mente y el cuerpo es la llamada hipótesis de la biofilia, que sugiere que los humanos tienen un deseo innato de conectar con la naturaleza y otras formas de vida.

(Relacionado: Conectar con la naturaleza puede fomentar la creatividad y la salud)

Los olores, las vistas y los sonidos calman nuestros sentidos

En un entorno natural, no son sólo los colores azul y verde los que nos tranquilizan; las formas de los objetos también pueden ser reconfortantes, señala Berman. Las investigaciones han descubierto, por ejemplo, que observar fractales naturales (patrones complejos que se repiten en la naturaleza a diferentes escalas de tamaño (helechos, flores, montañas u olas del océano) induce una mayor actividad de ondas alfa en el cerebro (medida con electroencefalogramas, EEG), que se asocia a un estado relajado pero despierto y a una atención interiorizada.

"Cuando estamos en la naturaleza, generalmente funcionamos a un ritmo diferente", dice Hasbach, autor de Grounded: A Guided Journal to Help You Reconnect with the Power of Nature-and Yourself  [Enraizado: Un diario guiado para ayudarte a reconectar con el poder de la naturaleza y contigo mismo]. "Nos estimula sensorialmente y nos permite asimilar lo que vemos, oímos, olemos y sentimos. Nos ayuda a estar plenamente presentes".

Un ingeniero conecta con la naturaleza en la Costa Perdida de California.

Fotografía de Lucas Foglia, Nat Geo Image Collection

Además, "asociamos las imágenes y los sonidos naturales con recursos clave; hay una base evolutiva para ello", afirma Amber Pearson, geógrafa sanitaria y profesora asociada del departamento de salud pública de la Universidad Estatal de Michigan (Estados Unidos). "Cuando las aves están en silencio, suele ser señal de peligro. Podemos captarlo".

La otra cara de la moneda también es cierta: la gente encuentra consuelo en muchos sonidos de la naturaleza. Un metaanálisis del que Pearson es coautor y que se publicó en 2021 examinó los beneficios para la salud de la exposición a sonidos naturales (de aves y animales, viento y agua) en parques nacionales y descubrió que estaban relacionados con la reducción del estrés y las molestias, la disminución del dolor y la mejora del estado de ánimo. Los sonidos del agua fueron los que más mejoraron el estado de ánimo, mientras que los sonidos de los pájaros fueron los que más redujeron el estrés y las molestias.

Otro aspecto destacable de pasar tiempo en la naturaleza es lo que no hay: tráfico y ruido. Una revisión de estudios, publicada el año pasado en Environmental Research, examinó el papel de la exposición a espacios verdes en la prevención de la ansiedad y la depresión en adolescentes y adultos jóvenes, de 14 a 24 años. ¿La conclusión más sorprendente? La ausencia de ruido y las cualidades reparadoras de los espacios verdes fomentan la atención plena e interrumpen la rumiación perjudicial. A su vez, la exposición reduce el riesgo de trastornos de ansiedad y depresión.

En otro plano sensorial, los investigadores descubrieron que la inhalación de compuestos orgánicos volátiles como el limoneno y el pineno mientras se está en un bosque puede disminuir la fatiga mental, inducir la relajación y mejorar el rendimiento cognitivo y el estado de ánimo.

Cuando la gente pasa tiempo al aire libre, suele ser mientras camina, hace footing, monta en bicicleta o trabaja en el jardín. En estos casos, la combinación de movimiento y paisaje natural puede duplicar los beneficios. Por ejemplo, un estudio publicado en un número de 2020 de la revista Environmental Research descubrió que después de que los oficinistas caminaran durante 20 minutos al día en un espacio azul, obtenían mejoras significativas en su estado de ánimo y sensación de bienestar en comparación con caminar el mismo tiempo en un espacio urbano.

Aunque los estudios recomiendan al menos dos horas semanales en espacios verdes y azules, "incluso unos pocos minutos al aire libre pueden mejorar el estado de ánimo y la función cognitiva", afirma Eileen Anderson, antropóloga médica y psicológica y profesora de bioética en la Facultad de Medicina de la Universidad Case Western Reserve de Estados Unidos. "Acordarse de aprovechar las pequeñas oportunidades y empaparse de tiempos más largos cuando sea posible puede ayudar a la mente, el cuerpo y el espíritu".

Para ello, es una buena idea tomarse "descansos en la naturaleza" para reagruparse y refrescar la mente, por ejemplo, paseando por un parque o jardín cercano durante la hora del almuerzo. Mientras estés allí, sintoniza con las vistas, los sonidos, los olores y otras experiencias sensoriales. "Si puedes encontrar entornos que no exijan tu atención directa y que estimulen tu atención indirecta, podrás recuperar la atención y la energía mental", afirma Berman. "Cuanto más puedas tomarte descansos y adentrarte en la naturaleza, mejor".

Para ayudarte a ti mismo cuando no puedas salir al exterior, puedes llevar elementos de los espacios verdes y azules a tu casa y obtener beneficios similares, dice Hasbach. Para ello, puedes incorporar a tu casa plantas verdes y fractales (con un jarrón de flores o un cuenco de piñas, por ejemplo) o fotografías y cuadros de escenas de la naturaleza o la costa. Del mismo modo, puedes traer aromas del mundo natural al interior, con flores fragantes o aceites esenciales como los de lavanda, rosa, limón o romero.

Si tu casa está cerca de una zona boscosa, un parque, un jardín o el mar, considera la posibilidad de abrir las ventanas y dejar entrar el relajante sonido del canto de los pájaros o de las olas. Si no es así, los expertos sugieren utilizar una aplicación para traer a casa el sonido de los pájaros, la lluvia, el océano u otros elementos de la naturaleza.

"Lo que es especialmente prometedor es lo dinámico que es el impacto del aire libre en nuestro cerebro", dice Anderson. "Incluso si la naturaleza no ha formado parte de la vida de alguien, nunca es tarde para añadir experiencias de naturaleza a tu vida para mejorar el bienestar".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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