Celebra el Mardi Gras al estilo cajún en Luisiana

El festival del Courir de Mardi Gras, celebrado en el país de los Cajunes de Luisiana, trae consigo travesuras y diversión.jueves, 13 de febrero de 2020

Al alba, una multitud se congrega frente a una granja a las afueras de Eunice, Luisiana. Aunque en Nueva Orleáns es la época del carnaval, en la Acadiana o país de los Cajunes no apasionan tanto las cuentas ni los tacones de lentejuelas. Aquí, perseguir pollos es la esencia de la jornada.

El Courir de Mardi Gras, el pariente rural de las festividades del Martes de Carnaval, es una carrera pedestre frenética cuyas raíces se remontan a las tradiciones cajunes y que se celebra en las comunidades del sur de Luisiana el martes previo al Miércoles de Ceniza. Los orígenes de la carrera rural, que atraviesa praderas y pantanos, se remontan a la Francia medieval, donde los pobres se disfrazaban con máscaras y gorros cónicos y organizaban actuaciones a cambio de comida.

Los disfraces tradicionales han persistido hasta la actualidad y para muchos este antiguo evento rural es más importante que la Navidad. Salvo que ese día no se da regalos a los niños y niñas buenos. Como muchas tradiciones carnavalescas de antiguos territorios franceses, el Mardi Gras cajún se centra en las travesuras divertidas.

Anarquía creativa

Aunque se prohíbe que participen las mujeres y la gente de fuera de la localidad en muchos courirs, el Faquetaigue Courir de Mardi Gras es inclusivo. La fête, fundada en 2006 por el músico y productor Joel Savoy y el músico Linzay Young, honra lo que mejor se les da a los cajunes: «pasárselo bien». Cada año acuden entre 500 y 900 participantes y es independiente del evento oficial de Eunice .

El Courir de Mardi Gras puede parecer un fiestón, pero no es para los débiles: la carrera de fondo de estilo cajún (acompañada de danza y violines) recorre varios kilómetros a un ritmo rápido. Los participantes reciben el nombre de «Mardi Gras», lo que da lugar a saludos confusos: «¡Hola, Mardi Gras, feliz Mardi Gras!».

«El Mardi Gras cajún intenta burlarse, hacer temblar las estructuras de poder y divertir a la sociedad», explica el Dr. Barry Jean Ancelet, especialista en el folclore cajún y autor de Capitaine, Voyage Ton Flag. «Siempre me fascina cómo cataliza un nivel de creatividad que no se daría ningún otro día o sin una máscara puesta».

Perseguir pollos y hacer travesuras

Cada año, se nombra un Capitaine que dirige el ritual caótico e inicia a los novatos. Todo el mundo debe ir disfrazado, no se permiten espectadores y se espera que todos participen en los ruegos en cada casa a lo largo de la ruta. Al romper las normas, uno se arriesga a las consecuencias de Les Vilaines y La Force, hombres enmascarados que portan látigos y mujeres que mantienen a raya alegremente a los participantes.

Tras una interpretación de «La Vieille Chanson de Mardi Gras» (una canción antigua que sirve de declaración de intenciones), una ola salvaje de Mardi Gras pícaros atraviesa la pradera. Hay una dualidad interesante. En un momento dado, puede que veas a alguien abucheando a un pollo que segundos después se detiene para acariciar el hocico de un asno o para darle las gracias al dueño de una casa.

Unas horas después, los participantes hacen un descanso para comer boudin, varios tipos de salchichas. Mientras algunos comen sobre la hierba, otros forman una pirámide humana para escalar un poste engrasado de más de siete metros en cuya cima hay un pollo encaramado en una plancha de madera. Tras muchos intentos fallidos, un Mardi Gras orgulloso se retorcerá hasta la cima y agitará la gallina en el aire. En la celebración de Faquetaigue de Savoy, liberan al pollo ileso en lugar de cocinar gumbo con él, como dictaba la tradición original y como aún ocurre en otros courirs.

El Courir de Mardi Gras puede ser escandaloso, pero no irracional: se trata de un guiño a la cultura y la comunidad cajunes. En la carrera de Faquetaigue, esta conexión espiritual es más tangible cuando el grupo se detiene para conmemorar la tumba del legendario músico cajún Dennis McGee. La situación suele calmarse sobre las dos de la tarde, cuando la propiedad de Savoy se llena de música y ollas de gumbo.

Qué saber antes de ir

Este año, el Martes de Carnaval cae el 25 de febrero. El grupo sale a las ocho de la mañana, así que lo mejor es llegar 15 minutos antes para registrarse. Lleva unos 20 dólares en billetes y una mochila con agua (y bebidas adultas). Más información en la página de Facebook del evento.

Y recuerda: ¡sin disfraz no hay Mardi Gras! Para el capuchón, haz un cono con una cartulina y decóralo con tela. Las máscaras suelen hacerse con pantallas parecidas a las mosquiteras, pero puedes dar rienda suelta a tu creatividad. Lo mismo con tu disfraz de flecos: solo necesitas una camisa y unos pantalones viejo, ropa que cortar y una pistola de pegamento.

Por último, el Mardi Gras va de divertirse, así que ni se te ocurra quedarte quieto a un lado. Baila hasta que te aguanten las piernas, disfruta de la emoción de la persecución y celebra la vida al estilo cajún por un día.

Hannah Chenoweth escribe desde Baltimore. Visita su página web y síguela en Twitter.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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