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¿Por qué Portugal está invadido de golondrinas?

No todos los viajeros conocen las profundas y melancólicas connotaciones que tienen estos pájaros de cerámica que simbolizan el hogar.

Publicado 29 oct 2021 11:32 CEST
Unas golondrinas de cerámica negra decoran la pared de una casa en Óbidos, Portugal. La golondrina ...

Unas golondrinas de cerámica negra decoran la pared de una casa en Óbidos, Portugal. La golondrina es un símbolo portugués que representa la familia, el amor y la fidelidad.

Fotografía de Zebra0209, Shutterstock

André Apolinario recuerda que, cuando era niño, hubo una vez que sus padres discutieron a cuenta de un nido de pájaros. Se trataba de un nido de golondrinas que se había convertido en un elemento fijo más de la fachada de su vivienda de Gaia, Portugal, y que tuvo que ser retirado por unos obreros que estaban haciendo reparaciones. Una vez retirado, los pájaros que lo visitaban anualmente jamás volvieron a la casa.

Apolinario, que dirige las excursiones gastronómicas Taste Porto, hace memoria sobre la primavera en la que cayó en la cuenta de que las golondrinas ya no iban a volver.

"Recuerdo que lloré y le dije a mi madre: '¿por qué no hay golondrinas este año? Y mi madre gritando a mi padre: '¿Por qué has quitado eso?", dice. "Estaba muy triste porque siempre sabía que la primavera llegaba con la llegada de las golondrinas y sus crías".

La golondrina (andorinha, en portugués) es un símbolo tan sutilmente representativo de la cultura de Portugal que es normal que muchos viajeros ni se den cuenta de este fenómeno. Las golondrinas acuden a Portugal por las mismas razones que los humanos: clima cálido y buena comida. Cuando llega el frío y los insectos empiezan a escasear, se dirigen al sur.

Mientras que las tiendas se dedican a anunciar posavasos de corcho y botellas de oporto, muchos turistas pasan por alto el que puede ser el recuerdo más sentimental del país: una golondrina de cerámica. Los portugueses acostumbran a regalar estos pájaros de cerámica en bodas, aniversarios, inauguraciones y regalos de despedida.

(¿Qué pueden enseñarnos los «megaincendios» de Portugal sobre el futuro de nuestros bosques?)

Tenía bien presente en mi cabeza las despedidas cuando conocí a Apolinario en febrero de 2020. Por aquel entonces, ignoraba la agitación y los confinamientos que estaban por venir a la vuelta de la esquina, pero era muy consciente de la inminente graduación de mi hijo mayor y de su marcha a la universidad en una ciudad lejos de casa.

Ethan, mi hijo mayor, ya había estado lejos de mí. Aunque ya se había ido a campamentos, fiestas de pijamas y viajes escolares, cada vez he descansado tranquila sabiendo que su regreso era inminente. Volvería a casa. Siempre vuelve a casa.

Esta vez no estoy tan segura.

Estas emociones se encontraban en su punto álgido en el momento en el que seguí a Apolinario a una pequeña tienda especializada en recuerdos portugueses. Estaba mirando sin rumbo los estantes llenos de vibrantes cuadernos, coloridas latas de bacalao y cremas de manos retro de Alantoine pertenecientes a una generación pasada cuando me di cuenta de la abundancia de golondrinas.

Lazos que unen

"La golondrina está vinculada a muchas cosas que nos son queridas", explica Ricardo Brochado, arqueólogo y cofundador del operador turístico de Oporto The City Tailors. Las cualidades de estas aves -se aparean de por vida y crían a sus polluelos juntos- las convierten en un símbolo nostálgico.

"No abandonan el nido hasta que lo han hecho todas las crías", dice Brochado. "Y siempre vuelven".

Una golondrina común se posa en una rama en Guerreiro, Portugal.

Fotografía de Roger Powell, Nature Picture Library

Esa conexión con el "nido" -con un hogar o una patria- es tan importante en la cultura portuguesa que existe una palabra para designarla: saudade.

Brochado explica que el concepto se describe mejor como esa sensación de conexión melancólica que se tiene cuando se saborea la comida de la abuela o se huele un aroma que nos transporta a la infancia. Se cree que la golondrina es la encarnación de ese sentimiento. Cuando tienes una en tu casa, esta lleva consigo la saudade y ese buen recuerdo de quien te la ha regalado.

"Cuando regalas esto, básicamente estás dando una parte de ti mismo que se queda ahí. Estás creando una conexión", dice.

Una larga historia 

En 1896, Raphael Bordallo Pinheiro registró la patente de su versión original de una golondrina de cerámica. El caricaturista/satírico y su hermano Feliciano ya eran artistas destacados en aquella época. Los viajeros que hayan acudido a Portugal probablemente hayan visto sus platos de cerámica -que aún se fabrican con los moldes originales en la ciudad de Caldas da Rainha- con la forma de la comida que debían contener y que celebran alimentos como las coles, los pollos y los peces. Estos objetos han recibido una segunda juventud en los últimos años gracias a millennials e Instagramers, pero la idea que mueve a estas publicaciones difiere mucho de la naturaleza solemne de la golondrina.

Las golondrinas adornan esta vivienda en Alentejo, Portugal.

Fotografía de Catarina Fale, Shutterstock

Brochado me cuenta que la golondrina Pinheiro marcó un momento crucial en la historia del país. Portugal se alejaba del romanticismo en la literatura y el arte y entraba en una época en la que se celebraba el realismo.

VÍDEO: Un dron graba a Axi Muniain surfeando una gigantesca ola en Nazaré (Portugal)

La popularidad de las golondrinas Pinheiro aumentó con los años. Aunque todavía es posible comprar un Pinheiro original, los artesanos de todo el país ofrecen ahora sus propias versiones de la icónica forma. Los viajeros encontrarán opciones que van desde más de cien euros hasta tan sólo 50 céntimos.

Conexión cultural

Las golondrinas también actúan como amuletos protectores. De hecho, algunos creen que el símbolo funciona de forma muy parecida a la mezuzá judía, los pequeños rollos de pergamino que se colocan en los postes de las puertas de los hogares y templos judíos. "Hay un punto en común entre el pueblo judío y la diáspora portuguesa", dice Apolinario. "Hemos navegado por el mundo y somos inmigrantes, y siempre sentimos saudade por nuestra patria. Mucha gente quiere volver. La golondrina representa que hay un nido en algún lugar de Portugal, aunque nuestra gente viva por todo el mundo".

(Disfruta de los paisajes, la naturaleza y el vino de Madeira)

Cuando Apolinario me contó por primera vez la historia del pájaro, supe que necesitaba conseguir uno. No suelo comprar souvenirs, pero poder regalar a un ser querido una pieza significativa de un lugar que me encanta era una oportunidad a la que no podía resistirme.

Como temía por la vida de un pájaro de cerámica en la nueva residencia de mi hijo, opté por una pequeña interpretación magnética. El pasado mes de septiembre, mientras estaba en la puerta de su dormitorio universitario y contenía las lágrimas, le entregué el sobre con la golondrina cuidadosamente envuelta en su interior y una breve nota explicando su historia.

Le dije que su nido permanecía con nosotros, esperándole si alguna vez lo necesitaba.

Unos días más tarde, en una videollamada con él, vislumbré el pájaro en su pizarra. "Me encanta, mamá", dijo. "Lo puse donde siempre lo veré, para recordarlo siempre".

Heather Greenwood Davis es una escritora de viajes y colaboradora editorial de National Geographic. Síguela en Instagram.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

 

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