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Pocos lo saben, pero el Big Bang nació en esta ciudad belga casi desconocida

En Lovaina, ubicada a las afueras de Bruselas, un nuevo festival celebra al sacerdote local que propuso por primera vez la revolucionaria teoría del "día sin ayer".

Publicado 24 nov 2021 14:39 CET, Actualizado 25 nov 2021 12:46 CET
Casco antiguo de Lovaina, Bélgica.

La histórica ciudad de Lovaina (Bélgica) es un centro de aprendizaje científico y sede de la universidad del siglo XV donde se formuló la teoría del Big Bang en 1931.

Fotografía de Scott Wilson, Alamy Stock Photo

Florencia, Londres y Praga -con sus planetarios, relojes astronómicos y salas de aprendizaje- son lugares muy atractivos para aquellos turistas que gustan de estudiar en profundidad la astronomía y los orígenes del tiempo.

Sin embargo, hay una ciudad que suele permanecer olvidada y que rebosa de descubrimientos científicos y momentos brillantes de reflexión: Lovaina (Bélgica). Esta bella ciudad universitaria ubicada en las afueras de Bruselas acoge cada año a estudiantes del programa Erasmus de 120 nacionalidades distintas (siendo la española, por cierto, una de las más numerosas). Fue aquí donde en 1931 el padre Georges Lemaître, un sacerdote católico belga poco conocido, elaboró su innovadora hipótesis sobre los inicios del universo.

Y, fue aquí, al abrigo de la hermosa iglesia gótica de San Pedro (Patrimonio Mundial de la Unesco) y entre las abigarradas calles empedradas que confieren el encanto único de la circunferencia que conforma el casco antiguo medieval de Lovaina donde nació una de las más inusitadas conexiones entre futuro y pasado que nos ha brindado la ciencia. Por decirlo de otro modo, en Lovaina se concibió por primera vez la teoría del Big Bang. O, como Lemaître denominó al concepto en su momento, "el día sin ayer". Sin embargo, la influencia de este científico como "padre del Big Bang" sólo se ha empezado a reconocer desde hace poco tiempo.

El renovado interés de Lovaina por Lemaître se está viendo reforzado por el festival BANG! City Festival, que se celebra desde ahora hasta el 30 de enero de 2022. Por primera vez, la ciudad está mostrando material de archivo de gran rareza sobre la vida del erudito, así como organizando exposiciones y eventos que unen los mundos del arte conceptual y la ciencia concreta, en lugares de la ciudad como el museo M Leuven.

El padre del Big Bang

En la década de 1930, la teoría de Lemaître era tan descabellada y fuera de lo común que muchos de sus contemporáneos, incluido Albert Einstein, rechazaron la premisa que defendía que el universo se está expandiendo. Se dice que, en aquel momento, el famoso físico teórico le dijo: "Tus matemáticas son correctas, pero tu física es abominable".

(Relacionado: El nuevo hallazgo sobre el Big Bang refuerza la teoría del multiuniverso)

Georges Lemaître (derecha) se reúne con Albert Einstein en el Caltech de Pasadena, California (Estados Unidos), en 1933.

Fotografía de of Archives of the Catholic University of Louvain, National Geographic

Nacido en 1894 en Charleroi (Bélgica), Lemaître se formó primero como ingeniero civil antes de dedicarse a las matemáticas en la Universidad Católica de Lovaina (conocida hoy como KU Leuven), donde llegó a ser profesor. Mientras identificaba y perfeccionaba una conexión entre la teoría de la relatividad de Einstein y la expansión embrionaria del universo, este católico acérrimo también estudiaba y se preparaba para el sacerdocio diocesano. A lo largo de su vida, exploró las profundas tensiones en la intersección de la ciencia y la espiritualidad.

Su conexión con la Iglesia llegó a ser tan importante que Lemaître fue elegido por el Papa Pío XI para ser miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias de la Ciudad del Vaticano, de la que llegó a ser presidente en 1960.

"Lemaître es uno de los grandes olvidados de la ciencia, tanto a nivel nacional como internacional", afirma Thomas Hertog, reputado cosmólogo belga de la KU Leuven, que trabajó en la evolución de la teoría del Big Bang con Stephen Hawking durante 20 años.

Estudiantes en la biblioteca de la KU Leuven, una de las universidades más antiguas de Europa, fundada en 1425.

Fotografía de Karl Bruninx

Como explica Hertog, la historia del sacerdote fue descuidada porque a Lemaître nunca le interesó ser grandilocuente o "construir mundos alrededor de las ideas".

De hecho, la innovadora tesis de Lemaître, titulada El comienzo del mundo desde el punto de vista de la teoría cuántica, tenía apenas 457 palabras en su versión inglesa, y se publicó como una carta en el semanario británico Nature.

"Es curioso, en realidad, porque no escuché nada sobre Lemaître cuando era estudiante en Lovaina en la década de 1990. No mucha gente en Bélgica lo hizo. Stephen [Hawking] tampoco lo conocía, y sólo cuando volví a Lovaina como profesor descubrí su historia", dice Hertog

(Relacionado: ¿Vivimos en un agujero negro?)

En busca de Lemaître

Lemaître es una presencia tan discreta en la ciudad que los viajeros tienen que saber dónde buscar. Su busto esculpido en bronce, con unas enjutas gafas y un cuello romano, está ahora montado en un zócalo en el patio del College van Premonstreit, que en su día albergó el Instituto de Física de la Universidad Católica de Lovaina.

Dentro de los límites de la KU Leuven, de 600 años de antigüedad, en el extremo sur del casco antiguo, otro punto destacado es la residencia y el lugar de trabajo de Lemaître en el Heilige-Geestcollege (Colegio del Espíritu Santo). Aquí, en 1958, llevó con orgullo uno de los primeros ordenadores de Bélgica a su ático para sumergirse en otro nuevo mundo: el cálculo computacional.

Los cafés, como el Oude Markt de la foto, salpican el centro histórico de Lovaina.

Fotografía de Sergi Reboredo, Alamy Stock Photo
Izquierda: Arriba:

Los visitantes exploran una exposición en la biblioteca de la KU Leuven. La universidad es conocida por su especialización en las ciencias.

Derecha: Abajo:

Un visitante participa en una de las muchas exposiciones tecnológicas de la Health House, en Lovaina. Un proyecto conjunto de varias entidades locales, entre ellas la KU Leuven y la ciudad de Lovaina. La Health House ofrece exposiciones inmersivas que exploran el futuro de la atención sanitaria.

Fotografía de Karl Bruninx(Izquierda)(Arriba)
Fotografía de Roelof Pantjes, Health House(Derecha)(Abajo)

La religión siguió siendo una constante para Lemaître, y ofició misa en la iglesia de San Pedro, que mantiene su aire de solemnidad a un mundo de distancia del cercano Oude Markt. En este centro de ocio, repleto de más de 50 bares, siempre es habitual ver en algún vaso de la célebre cerveza pilsner Stella Artois de color pajizo, fabricada por primera vez en Lovaina en 1926. Aún hoy, el cuartel general y la planta de elaboración principal de tan célebre cerveza se encuentran aquí.

Los viajeros también pueden encontrar al erudito en la vecina ciudad universitaria de Lovaina la Nueva. Aquí, su estatua posa en la plaza de las Ciencias de la Universidad Católica de Lovaina, con una tiza en la mano frente a una pizarra de cobre grabada con una represantación del Big Bang.

Para viajar entre las dos estatuas, el carril bici de la Ruta del Big Bang, de 33 kilómetros de longitud, está marcado por señales con códigos QR, que revelan la historia de Lemaître y crean una unión simbólica entre las dos ciudades universitarias donde dio clases.

(Relacionado: Agujeros negros en el centro de la Vía Láctea)

El legado de innovación de Lovaina

Resulta tentador, según Mohamed Ridouani, alcalde de Lovaina, ver que esta corriente de curiosidad tecnológica y brillantez científica corre por toda la ciudad, casi como si se tratara de una sangre vital.

"La palabra clave es innovación, y desde la Edad Media, Lovaina ha sido un lugar seguro para que los científicos expresen sus ideas libremente", dice Ridouani. "Aquí viven 100 000 personas, pero hay más de 60 000 estudiantes. Es un marco estupendo para estimular la imaginación".

La ciudad lleva mucho tiempo impulsando el legado de científicos con investigaciones que traspasaron nuevas fronteras. Entre los eruditos se encuentra el anatomista Andreas Vesalius, que elaboró la primera descripción completa del cuerpo humano en el siglo XVI. También está el cartógrafo Gerardus Mercator, cuyo trabajo influyó en el desarrollo de la navegación por GPS, y Jean-Pierre Minckelers, que inventó el gas de iluminación para alumbrar por primera vez las grandes ciudades del mundo.

El último polímata, dice Ridouani, es el propio profesor Hertog, cuya teoría cuántica en desarrollo se basa en el avance de Lemaître, de 90 años de antigüedad. Lo abstracto - "no dar con los orígenes del tiempo, sino perder las propias leyes de la física", dice Hertog- es suficiente para cortocircuitar los pensamientos de cualquier viajero.

Esto, en definitiva, es lo brillante de Lovaina: cultivar genios que iluminen el universo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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