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¿Por qué estas antiguas maravillas de la Ruta de la Seda están generando polémica?

Algunos sostienen que la historia de Samarcanda y Uzbekistán podría haberse perdido para siempre sin los trabajos de restauración. Otros, alertan de que se está ultrajando un patrimonio histórico.

Por Patrick Kenny
Publicado 11 ene 2022 11:58 CET
Un niño pasa por delante de la ornamentada mezquita Bibi Khanym

Un niño pasa por delante de la ornamentada mezquita Bibi Khanym, construida por el conquistador del siglo XIV Timur (Tamerlán). La mezquita, junto con otros edificios históricos de Samarcanda (Uzbekistán), ha sido fuente de controversia, ya que los estudiosos, los lugareños y los organismos gubernamentales están debatiendo acerca de cuál es la mejor manera de preservar las antiguas reliquias de la ciudad.

Fotografía de Bert de Ruiter, Alamy Stock Photo

A primera vista, las cúpulas turquesas y las superficies relucientes de la mezquita Bibi Khanym de Samarcanda representan todo lo que un visitante que anhele vislumbrar la historia de esta famosa ciudad de la Ruta de la Seda en Uzbekistán podría desear: romance, belleza, piedad, un gran monumento a la riqueza y la gloria del pasado de Samarcanda. Construida a principios del siglo XV, la mezquita lleva el nombre de la esposa de Timur, el caudillo conocido en Occidente como Tamerlán, que conquistó una vasta franja de Asia antes de su muerte en 1405. Bajo sus cúpulas, una elaborada caligrafía decora la enorme puerta de entrada, y los azulejos azules y dorados se extienden por los altísimos muros. 

Pero no todo es necesariamente lo que parece. Una de estas famosas cúpulas azules estaba agrietada como un huevo, y otra que se había derrumbado totalmente, han sido sustancialmente reconstruidas. Parte de la caligrafía es un añadido de finales del siglo XX, mientras que las nuevas secciones de azulejos utilizan diseños modernos que reproducen mal los patrones medievales. Incluso los muros no son como antes; con el tiempo, han desafiado milagrosamente el curso ordinario del envejecimiento y se han hecho sustancialmente más altos.

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La gente se reúne en un mercado de Samarcanda, alrededor de 1910. Al fondo, los restos de la mezquita Bibi Khanym, parcialmente destruida por un terremoto en 1897.

Fotografía de Roger Viollet, Getty Images

La entrada de la mezquita Bibi Khanym está decorada con azulejos tradicionales de cerámica vidriada de intrincadas formas geométricas, muchos de ellos reproducidos como parte de la renovación del edificio.

Fotografía de Mel Longhurst, VWPics/Redux

A lo largo de los años, esta mezquita, y muchos otros edificios históricos de Samarcanda, han sido fuente de gran debate entre visitantes, lugareños, académicos, gobiernos y organismos internacionales. Algunos dicen que las reparaciones son necesarias para proteger estos lugares y asegurar los ingresos vitales del turismo. Otros se oponen a lo que consideran restauraciones descuidadas que dañan las estructuras originales y van acompañadas de la demolición de barrios considerados indignos de ser conservados.

La UNESCO ha concedido el estatus de Patrimonio de la Humanidad a varios lugares de Uzbekistán, entre ellos Samarcanda, la ciudad que denomina "Cruce de civilizaciones". Sin embargo, la organización ha criticado repetidamente las obras de reconstrucción.

Estas discusiones se han prolongado durante décadas, pero puede que esto esté cambiando. Iniciativas recientes sugieren que está empezando a surgir un enfoque más colaborativo, destinado a preservar la historia de Samarcanda de forma sostenible.

Romance y realidad de la Ruta de la Seda

Uzbekistán, y en particular la ciudad de Samarcanda, alberga una de las arquitecturas islámicas más famosas del mundo, y ha sido durante mucho tiempo objeto de una fascinación obsesiva en la cultura occidental. A pesar de no haber visitado nunca la ciudad, Christopher Marlowe escribió sobre las "brillantes torretas de Samarcanda [que] consternarán a los cielos", Edgar Allan Poe llamó a la ciudad la "reina de la Tierra" y la ciudad es la protagonista del que probablemente sea el poema más famosos de James Elroy Flecker: El viaje de oro a Samarcanda.

En un intento por captar ese romance y esa emoción, y también de crear una identidad nacional, los sucesivos gobiernos de Uzbekistán erigieron numerosas estatuas de Timur, colocaron marcas de la Ruta de la Seda por todo el país y, sobre todo, llevaron a cabo importantes reparaciones en edificios históricos, incluso en Samarcanda. Esta labor de restauración se extiende mucho más allá de la mezquita Bibi Khanym.

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El camino de entrada del gran mausoleo de Timur, por ejemplo, ha sido reconstruido sustancialmente y adornado con una nueva inscripción coránica. En el centro de la ciudad, la plaza pública conocida como el Registán está flanqueada por tres enormes madrasas, escuelas religiosas islámicas, que han sido alicatadas de nuevo, y cuya superficie está ahora decorada con motivos caleidoscópicos. Otros lugares y otras ciudades uzbekas también han sido objeto de reformas similares.

Algunos sostienen que la historia de Uzbekistán podría haberse perdido para siempre sin estas restauraciones. Estos monumentos habían sido dañados por los terremotos y asaltados en busca de materiales de construcción; tal vez se habrían derrumbado por completo de no haber sido reparados. Muchos visitantes están encantados con los resultados, maravillados por el tamaño y la belleza de los espléndidos pórticos de azulejos, las cúpulas iridiscentes y los patios repavimentados.

Las ciudades uzbekas han sido objeto de importantes renovaciones a lo largo de los años, incluida Bujara, otro histórico centro comercial de la Ruta de la Seda, situado al oeste de Samarcanda.

Fotografía de Markus Kirchgessner, laif/Redux

No son sólo los turistas extranjeros quienes quedan impresionados. Odil Jahangirov, que regenta una casa de huéspedes en Samarcanda, dice que incluso los residentes de la cercana capital uzbeka de Tashkent se asombran con frecuencia de las restauraciones. "Son más de ciudad, no ven edificios antiguos todos los días. Quieren sentir ese espíritu antiguo: Samarcanda para ellos es un poco exótica", dice Jahangirov. "Se quedan en plan: '¡Oh, guau! ¡Mira esto!".

Pero otros están lejos de emocionarse, mientras pasean por una sala de oración restaurada en la "Madrasa dorada", con incrustaciones de oro, o contemplan los intrincados mosaicos de la antigua, pero muy reparada, necrópolis de Samarcanda. Para ellos, estas mezquitas, madrasas y mausoleos restaurados se han convertido en algo aséptico y falso, como exposiciones de un parque temático en lugar de sitios históricos.

(En el interior del hermoso y poco visto metro de Uzbekistán)

Robert Hillenbrand, uno de los principales estudiosos del arte islámico, destacó la restauración de la mezquita de Bibi Khanym en un artículo muy citado sobre los retos del estudio de la arquitectura islámica, en el que condenaba lo que consideraba intentos inexactos y mal ejecutados de sustituir y reparar partes de los edificios.

Algunos turistas pueden estar preocupados por lo que se está haciendo, aparentemente por su bien, pero es la población local la que se ha visto más afectada por la forma en que se ha llevado a cabo la reconstrucción. Mientras que los monumentos más famosos de Uzbekistán quizás hayan sufrido un exceso de conservación, Ona Vileikis, investigadora del University College de Londres (Reino Unido) que trabaja en la conservación del patrimonio, señala que las zonas circundantes han sufrido debido a la falta de interés a nivel gubernamental e internacional.

"Los monumentos de Samarcanda se han desconectado de su tejido urbano", afirma. "La arquitectura local, vernácula, no es reconocida en su mayor parte". Como resultado, dice Vileikis, se han construido muros que dividen los barrios de la ciudad y separan artificialmente las zonas consideradas turísticas de las que no lo son.

Izquierda: Arriba:

Situada al borde del desierto de Kyzylkum, Samarcanda floreció en los siglos XIV y XV bajo el gobierno de Timur (aquí se ve una estatua en su honor) y sus sucesores.

Derecha: Abajo:

La mezquita Bibi Khanym es una de las mayores de Asia Central. Para su construcción se trajo desde la India un gran número de personas esclavizadas y 95 elefantes.

Fotografía de Hemis, Alamy Stock Photo(Izquierda)(Arriba)
Fotografía de Michel Setboun, Corbis/Getty Images(Derecha)(Abajo)

Estas últimas zonas, que incluyen antiguos mercados y casas, sobre todo en los alrededores del Registán, han sido desalojadas a lo largo de los años para dar paso a nuevas carreteras y apartamentos. Muchos pueblos y ciudades de todo Uzbekistán han sufrido procesos similares, que a veces han dado lugar a protestas contra las demoliciones y la supuesta falta de compensaciones económicas.

A lo largo de los años transcurridos desde la inscripción de Samarcanda en la lista del Patrimonio Mundial, la UNESCO ha advertido de que las obras de restauración dañan la autenticidad de los lugares históricos, se ha quejado de las nuevas obras de construcción y de la falta de una regulación adecuada, y ha expresado su preocupación por la regeneración urbana.

Nuevas iniciativas

Esta dinámica puede estar cambiando. Jahangirov señala que el Gobierno es ahora más cauto en sus restauraciones. Vileikis explica cómo los residentes locales, incluidas las nuevas generaciones de hábiles ingenieros y arquitectos, participan cada vez más en la conservación.

A lo largo de 2021 se celebraron varias reuniones entre la UNESCO y el gobierno uzbeko y, en septiembre, se anunció una nueva iniciativa entre ambos. Su objetivo es colaborar más estrechamente en la protección y conservación de los monumentos de Uzbekistán, y hacerlo de una manera que implique a las comunidades locales y a los expertos.

Aunque es probable que ciertos debates persistan, muchos parecen estar de acuerdo en ciertas cuestiones. Se está presionando para que los trabajos de restauración sean históricamente precisos y atiendan a las necesidades de la población local y de los turistas; para que se protejan los materiales originales, en lugar de sustituirlos; y para que se conserve la historia y la cultura uzbeka que queda fuera de la tradicional fantasía de la "Ruta de la Seda".

Patrick Kenny escribe sobre China, Asia Central y Oriente Medio. Sígalo en Instagram y Twitter.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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