¿Ganarán las liebres americanas la carrera entre la evolución y el cambio climático?

Un nuevo estudio descubre «puntos calientes» donde los animales que se vuelven blancos en invierno podrían vivir en un mundo menos con menos nieve.

Publicado 23 feb. 2018 13:14 CET
¿Ganarán las liebres americanas la carrera entre la evolución y el cambio climático?

Es un hecho en el mundo de la moda que, cuanto más frío hace, más accesorios de invierno necesitas. Aunque algunos animales tienen dos abrigos: uno para el verano, que combine con el suelo desnudo, y otro para el invierno para que combine con la nieve.

Pero ¿y si no hubiera nieve y no pudieras quitarte ese abrigo?

En un nuevo estudio publicado en Science, un equipo de científicos examinó en 60 países a 21 especies que se deshacían de su pelaje marrón y se volvían blancas para combinar con la nieve. A medida que el cambio climático global da lugar a menos nieve, muchos de estos animales se vuelven blancos cuando no hay nieve, lo que los hace más vulnerables.

Pero el estudio descubrió algunos posibles refugios para estas criaturas: las regiones geográficas que albergan especies que cambian de color con ambos tipos de pelaje (por ejemplo, un bosque lleno de liebres americanas, algunas marrones y otras blancas).

Protegiendo dichas zonas, los humanos podrían ayudar a las especies a transmitir sus genes de pelaje oscuro y burlar así al cambio climático.

Abrigos de invierno

Algunas especies que lucen camuflaje estacional son la liebre americana, el zorro polar y los lagópodos.

Su habilidad para cambiar de color es «un rasgo que ha desarrollado la evolución para que los animales sobrevivan al cambio climático en tiempos remotos», afirma el autor principal del estudio L. Scott Mills, biólogo de vida silvestre en la Universidad de Montana.

Las liebres americanas, por ejemplo, antes se extendían hasta Carolina del Norte, pero ahora solo llegan hasta Virginia Occidental debido a la disminución de la nieve, un patrón que los investigadores han detectado en otras especies que cambian de color, según la coautora Jennifer Feltner, candidata a doctora por la Universidad de Montana.

La cantidad de luz solar en un día provoca que las liebres cambien su pelaje, independientemente de que haya o no nieve. Al ser visibles sin su camuflaje blanco, estas liebres son presa fácil para los depredadores.

Una liebre americana salta por el paisaje nevado con su pelaje de invierno.
Fotografía de ROBBIE GEORGE, NATIONAL GEOGRAPHIC CREATIVE

«No combinar [con tu entorno] te mata», afirma Mills, y las liebres tienen muchos depredadores. De hecho, según Feltner, sus compañeros de laboratorio las han apodado «las hamburguesas con queso del bosque», porque están el menú de todos, de búhos a pumas.

Las liebres tampoco son conscientes de que no están ocultas y no cambian su comportamiento tras perder su camuflaje, según Mills, lo que probablemente sea un rasgo de todas estas especies que cambian de color.

La de los lagópodos es una historia distinta. Mills explica que, como las aves dependen de su color para atraer a sus parejas, los lagópodos macho que se adoptan un plumaje blanco se quedan así, nieve o no, hasta aparearse.

Después «encuentran un charco de lodo o incluso de heces y se revuelcan y se vuelven marrones», recuperando su camuflaje tras usar su visible color para atraer a las hembras, afirma Mills.

Las perdices nivales o lagópodos alpinos lucen su plumaje invernal en el parque nacional de Sarek, Suecia.
Fotografía de ERLEND HAARBERG, NATIONAL GEOGRAPHIC CREATIVE

Promover la evolución

Mills propone que, como el cambio climático ocurre tan rápido, «las mismas fuerzas selectivas que provocaron los cambios invernales marrones y blancos podrían ser una herramienta para la conservación».

Por ejemplo, los puntos calientes que identificó el equipo —entre ellos muchas partes del norte de Norteamérica y Eurasia, como el Pacífico noroeste— son los principales candidatos para ser protegidos y por lo tanto darían a estas especies que cambian de color la oportunidad de recuperarse.

«La evolución es más rápida en poblaciones grandes y conectadas entre sí», afirma Mills.

Un zorro polar acecha en la costa de Churchill, Manitoba.
Fotografía de MATTHIAS BREITER, NATIONAL GEOGRAPHIC CREATIVE

Mantener las poblaciones de animales blancos y marrones conectadas les permitiría «transmitir los genes de pelaje más oscuro y protector a las poblaciones blancas cercanas para ayudarlas a que se adapten a medida que la nieve es menos frecuente».

Favorecer poblaciones de gran tamaño y la conexión natural en estos paisajes «debería ser nuestro primer y mayor esfuerzo», añade Mills.

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