Grandes simios reciben una vacuna contra la COVID-19 para animales en un zoo estadounidense

Orangutanes y bonobos del zoológico de San Diego, en California, han recibido una vacuna de coronavirus después de que algunos gorilas del zoo dieran positivo en enero.

Publicado 3 mar 2021 11:27 CET
Fotografía del gorila Frank en el zoo de San Diego

Frank, un gorila de 12 años que vive en el San Diego Zoo Safari Park, fotografiado tras recuperarse del coronavirus. Cuando su grupo de ocho gorilas occidentales de llanura enfermó en enero, el personal del zoo recibió vacunas anticoronavíricas experimentales de la empresa de farmacéutica veterinaria Zoetis para administrárselas a otros grandes simios a su cargo, entre ellos bonobos y orangutanes.

Fotografía de BRENT STIRTON

Una orangutana llamada Karen, la primera del mundo que fue operada a corazón abierto en 1994, ha vuelto a hacer historia: figura entre los primeros grandes simios que han recibido una vacuna contra la COVID-19.

En febrero, Karen, otros tres orangutanes y cinco bonobos del Zoo de San Diego recibieron dos dosis de una vacuna experimental para animales desarrollada por una empresa farmacéutica veterinaria, cuenta Nadine Lamberski, directora de conservación y salud de fauna en la San Diego Zoo Wildlife Alliance.

«Esto no es lo normal. A lo largo de mi carrera, no he tenido acceso a una vacuna experimental tan pronto y nunca había deseado tanto utilizar una», afirma.

Nadine Lamberski, directora de salud de fauna en la San Diego Zoo Wildlife Alliance, fotografiada frente al hábitat de los gorilas. Tras un mes arrollador cuidando de los primeros primates no humanos del mundo que dieron positivo en coronavirus, decidió vacunar a los otros grandes simios del centro. «A lo largo de mi carrera, no he tenido acceso a una vacuna experimental tan pronto y nunca había deseado tanto utilizar una», afirma.

Fotografía de BRENT STIRTON

Este hito ha sido causado por otro: en enero, un grupo de ocho gorilas del San Diego Zoo Safari Park se convirtieron en los primeros grandes simios que dieron positivo en el nuevo coronavirus en todo el mundo. Winston, un espalda plateada de 49 años, contrajo una cardiopatía y una neumonía, pero tras un tratamiento experimental con anticuerpos está recuperándose, y los demás también.

A nivel mundial, se han confirmado infecciones en tigres, leones, visones, leopardos de las nieves, pumas, un hurón, perros y gatos domésticos, pero el hecho de que los grandes simios sean susceptibles al virus SARS-CoV-2 preocupa especialmente a los científicos. Quedan menos de 5000 gorilas en el medio natural y, como viven en grupos familiares estrechos, los investigadores temen que la infección se propague rápidamente si uno contrae el virus y que amenace a poblaciones ya precarias.

Tras más de un año de pandemia, se sabe poco sobre cómo afecta el virus a los animales. En muchos casos, la comunidad veterinaria solo cuenta con conjuntos de datos limitados y debe aprender de casos individuales y brotes esporádicos en unas cuantas especies.

Después de que el primer perro diera positivo en el virus, en febrero del 2020 en Hong Kong, la empresa farmacéutica veterinaria Zoetis empezó a desarrollar una vacuna anticoronavírica para perros y gatos. Para octubre, estaban seguros de que era segura y eficaz en ambas especies. Lamberski ya estaba en contacto con Zoetis para seguir el desarrollo de la vacuna cuando el grupo de gorilas del parque de safari dio positivo en enero.

Aunque la vacuna solo se había probado en perros y gatos, decidió que valía la pena correr el riesgo. Entre el parque de safari y el zoo, su equipo y ella cuidan de 13 gorilas, ocho bonobos y cinco orangutanes, todos potencialmente vulnerables. Además, pasan gran parte del tiempo en espacios cerrados donde es más probable que se propague la enfermedad. En febrero, mientras los distraían de las agujas con comida, nueve de los grandes simios del Zoo de San Diego se convirtieron en los primeros primates no humanos que han recibido una vacuna contra la COVID-19 en Estados Unidos.

Lamberski afirma que los simios no han tenido reacciones adversas y se encuentran bien. La sangre extraída a la orangutana Karen y a uno de los bonobos pronto revelará si han desarrollado anticuerpos, cuya presencia indicaría que la vacuna podría haber funcionado. Pronto administrarán tres dosis sobrantes a los bonobos y a uno de los gorilas del zoo que no contrajo el virus. (El grupo vive separado en el parque de safari.)

Sopesando los riesgos

Nadie sabía si la vacuna funcionaría en simios y no había forma de saber si tendrían o no una reacción adversa. Aunque las vacunas siempre entrañan algún riesgo en cualquier especie, Lamberski dice que «no es como si cogiéramos una vacuna aleatoriamente y se la diéramos a una nueva especie. Se piensa y se investiga mucho; cuál es el riesgo de hacerlo y cuál es el riesgo de no hacerlo. Nuestro lema es, por encima de todo, no hacer daño».

Es habitual administrar una vacuna probada y desarrollada para una especie a otra, señalan Lamberski y Mahesh Kumar, vicepresidente de biología global en Zoetis. Eso se debe a que las vacunas se fabrican para un patógeno específico, no una especie en concreto. «Normalmente, utilizamos vacunas diseñadas con perros y gatos en leones y tigres», afirma Lamberski, y los simios del zoo reciben las vacunas humanas contra la gripe y el sarampión.

Lo que hace que una vacuna sea apta para una especie en particular se reduce a las pruebas de seguridad. Lo que la hace eficaz se reduce a los adyuvantes añadidos. Los adyuvantes, las sustancias que ayudan al cuerpo a producir anticuerpos contra un virus, son fundamentales para que el cuerpo acepte la vacuna y varían según la especie.

Kumar afirma que esta vacuna experimental funciona de forma similar a la vacuna para humanos de Novavax, cuyos ensayos están en las últimas fases. En lugar de utilizar un virus vivo, emplea proteínas de la espícula sintéticas para desencadenar los mismos anticuerpos que suscitaría el virus vivo.

Los datos de Zoetis demuestran que los gatos y los perros de los ensayos tenían respuestas inmunitarias significativas a la vacuna, aunque se desconoce si es suficiente para prevenir la infección. Kumar señala que se necesitan más estudios.

Christina Lood, portavoz de Zoetis, afirma que otros zoos estadounidenses también han solicitado dosis de la vacuna para sus grandes simios y la empresa prevé que dispondrá de más para junio. Lamberski dice que, a medida que se administre la vacuna a más simios y haya más datos, sabremos más sobre su eficacia en simios. Su equipo está compartiendo lo que ha aprendido hasta la fecha con otros veterinarios de zoos de Estados Unidos, así como con el equipo veterinario del Zoo de Praga, en la República Checa, donde un gorila y dos leones dieron positivo en COVID-19 a principios de esta semana.

Zoetis también está realizando ensayos de su vacuna en visones y planea solicitar la autorización comercial cuando los finalice. (Unos 12 000 visones han muerto de COVID-19 solo en las granjas peleteras de Estados Unidos y se cree que han transmitido el virus a humanos en algunos casos).

La recuperación de los gorilas

En primavera, tras esperar los 60 a 90 días recomendados después de la infección, la San Diego Zoo Wildlife Alliance espera vacunar al grupo de gorilas del parque de safari. Lamberski afirma que, a la larga, se plantearán vacunar también a los grandes felinos.

Dice que sospecha que los gorilas contrajeron el virus de un empleado que previamente había dado positivo en el virus. Todos los miembros del grupo mostraron síntomas tanto leves (goteo nasal y tos esporádica) como preocupantes (tos constante, apetito reducido y letargo).

Dos miembros del grupo de gorilas se relajan en su hábitat, sanos y mostrados de nuevo al público. El equipo de Lamberski planea darles una vacuna experimental esta primavera.

Fotografía de Brent Stirton

«Saltaron las alarmas de inmediato. Hablamos de un grupo de ocho animales», afirma. Su equipo contactó con colegas que trataban a pacientes humanos para intentar averiguar qué opciones tenían. «Tienes que plantearte cada supuesto, desde no intervenir y dejar que siga su curso, hasta qué pasaría si hubiera que intubar y ventilar a un animal».

Con Winston, el espalda plateada que desarrolló neumonía y cardiopatías, entre ellas arritmia grave, no está claro si el virus exacerbó una enfermedad preexistente (las cardiopatías son habituales en gorilas geriátricos) o si causó sus síntomas. Sea como fuere, Lamberski estaba preocupada. «Es él quien mantiene al grupo unido», afirma. «Su pérdida sería significativa».

Tras tratarlo con anticuerpos monoclonales —que no se sacaron de la cadena de suministro médica humana—, ha mejorado, pero no está claro hasta qué punto lo ha ayudado este tratamiento. «¡Bienvenidos a la medicina veterinaria zoológica!», dice Lamberski. «Esta es nuestra vida. Nunca sabemos si hemos ayudado al animal o si simplemente ha mejorado».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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