Las ballenas jorobadas no pueden tragarse a un humano: te explicamos por qué

A pesar de las noticias infrecuentes de personas que acaban en la boca de una ballena, es algo rarísimo, y tragarse a un humano es físicamente imposible para todas salvo una especie.

Publicado 16 jun 2021 11:30 CEST, Actualizado 22 jun 2021 10:19 CEST
Ballena jorobada

Una ballena jorobada se alimenta en las aguas de Cape Cod. En la denominada alimentación con redes de burbujas, las ballenas colaboran para desorientar a sus presas emitiendo burbujas en espiral alrededor de un banco de peces. A medida que este anillo de burbujas empuja a los peces hacia la superficie, otras jorobadas aguardan para engullirlos.

Fotografía de Brian Skerry, Nat Geo Image Collection

El viernes, un buceador que pescaba langostas fue noticia cuando describió cómo se salvó milagrosamente de ser «tragado» por una ballena jorobada en la costa de Cape Cod, en Massachusetts, Estados Unidos. Michael Packard contó al Cape Cod Times que sintió un empujón y «lo siguiente que recuerdo es que estaba completamente a oscuras». Recuerda que se resistió dentro de la boca de la ballena durante unos 30 segundos hasta que esta salió a la superficie y lo escupió.

Aunque un humano cabe fácilmente en la enorme boca de una ballena jorobada —que puede llegar a medir unos tres metros— es científicamente imposible que la ballena se trague a un humano una vez dentro, según explica Nicola Hodgins de Whale and Dolphin Conservation, una organización sin ánimo de lucro del Reino Unido.

La garganta de una ballena jorobada tiene el tamaño aproximado de un puño humano y solo puede extenderse unos 38 centímetros de diámetro para que quepan alimentos más grandes. 

En el caso de Packard, dice, es probable que fuera «envuelto, no tragado» hasta que la ballena se dio cuenta de su error y lo escupió de inmediato. Es probable que fuera une experiencia traumática tanto para Packard como para la ballena, que solo intentaba comer peces.

«[Packard] estaba en el lugar y el momento equivocados», dice Hodgins.

No es la primera vez que los humanos supuestamente han acabado en la boca de una ballena: en 2020, unos kayakistas se quedaron atrapados en la boca de una ballena jorobada que estaba alimentándose en California, así como un turoperador en el puerto de Port Elizabeth, Sudáfrica, en 2019. Y la historia más famosa probablemente sea la de la Biblia, en la que Jonás fue tragado por una ballena para salvarlo de ahogarse. Incluso el padre de Pinocho, Geppetto, es tragado por una ballena en el cuento infantil clásico.

La idea de que las ballenas se tragan a los humanos ha formado parte de la mitología desde hace ya tiempo, hasta tal punto que mucha gente cree que es cierta. Con todo, es científicamente imposible para todas salvo una especie de ballena —el cachalote— tragarse algo tan grande como una persona.

¿Qué les gusta comer a las ballenas?

En la rara ocasión en que un humano acaba dentro de la boca de una ballena, es casi sin duda un accidente, en parte porque los humanos no son el alimento de las ballenas.

Los odontocetos, como los cachalotes, tienen dientes y se alimentan de presas como calamares y peces. Por su parte, los misticetos o ballenas barbadas —como la jorobada, la azul, la gris y la minke— tienen unas barbas especiales en la boca en lugar de dientes y comen presas diminutas como plancton, kril y pececillos.

Estas barbas están hechas de una proteína fuerte pero flexible llamada queratina —igual que el pelo y las uñas de los humanos— y se disponen en placas, como un peine. Cuando se alimenta, una ballena da un enorme trago de agua marina y utiliza las barbas a modo de colador para retener la comida en la boca y expulsar el agua entre los huecos.

De las 90 especies de ballenas conocidas en la Tierra, los cachalotes son la única cuyas gargantas son lo bastante grandes para, técnicamente, tragarse a un humano. Los mamíferos de 20 metros tienen esófagos grandes para alimentarse de presas más grandes como calamares gigantes, que a veces se tragan enteros. De hecho, se han descubierto calamares colosales —que pueden alcanzar 14 metros de largo— dentro de estómagos de cachalotes.

Aunque es físicamente posible, las probabilidades de que un cachalote se trague a un humano son ínfimas, en parte porque los encuentros son rarísimos.

La mayoría de la gente «nunca tendrá la oportunidad de ver un cachalote en toda su vida», afirma Rob Deaville del Programa de Investigación de Varamientos de Cetáceos de la Sociedad Zoológica de Londres. Aunque los cachalotes se distribuyen ampliamente por todo el mundo, estos animales viven principalmente en mar abierto y pasan bastante tiempo a profundidades superiores a 3000 metros.

Los peligros para las ballenas

Así que no es necesario que cunda el pánico la próxima vez que estés nadando en el mar, sobre todo porque las ballenas no son agresivas hacia los humanos. Más bien, dice Deaville, son las ballenas las que deberían tenernos miedo por la «gran variedad de presiones y amenazas creadas por el hombre que hay ahí fuera».

Los humanos pueden perjudicar a las ballenas a través de la caza, la contaminación, la destrucción de hábitat, las redes de pesca y las colisiones con barcos, entre otras cosas. Los comportamientos irresponsables por parte de los turistas —como acercarse demasiado— también pueden ser perturbadores para las ballenas.

Si alguna vez ves a uno de estos gentiles gigantes, los expertos recomiendan seguir las pautas de observación de vida silvestre de forma responsable, como dar suficiente espacio a los animales, observar desde la distancia (con prismáticos si es posible) y evitar cualquier acción que las asuste, las sobresalte o las aterre.

En lo que respecta a Packard, contó al Cape Cod Times que planeaba volver a bucear tan pronto se le curaran las lesiones, que incluían daños a los tejidos blandos, pero ningún hueso roto.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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