Las extrañas costumbres parentales de los calamares y la búsqueda del hogar familiar

Un estudio descubre que los calamares ovalados se implican en el cuidado parental, una práctica más común en vertebrados monógamos como los pájaros.

Publicado 6 sept 2021 15:16 CEST, Actualizado 8 sept 2021 11:11 CEST
Calamares ovalados

Una pareja de calamares ovalados atiende a sus huevos puestos a lo largo de una línea de boyas en el estrecho indonesio de Lembeh.

Fotografía de Ryan Rossotto, Nat Geo Image Collection

Los calamares no tienen fama de ser progenitores muy dedicados, especialmente los machos que tienen a aparearse y salir pitando. Por eso los científicos se sorprendieron cuando descubrieron lo que podría ser la primera evidencia de cierto cuidado paternal en un pequeño y brillante calamar que vive en los arrecifes de coral de todo el mundo y conocido como calamar ovalado o calamar de arrecifes (Sepioteuthis lessoniana).

Los machos de esta especie compiten ferozmente por las hembras, y una vez un macho grande se ha apareado con una hembra, normalmente se queda cerca para evitar que otros machos se apareen con ella. Cuando la hembra está lista para poner los huevos fertilizados, buscará una hendidura en el coral, protegida de las corrientes y los depredadores, y pondrá los huevos en el mismo sitio varias veces. El macho continuará de guardia por el lugar durante un tiempo después del final de la puesta y, después, seguirá con su vida, posiblemente en búsqueda de otras hembras con las que aparearse.

Pero en recientes inmersiones en las aguas egipcias del Mar Rojo, el biólogo portugués Eduardo Sampaio, explorador de National Geographic, observó algo extraño: un macho dominante que ya se había apareado con una hembra espantaría a sus rivales moviendo sus tentáculos y luciendo rallas blancas y negras en su piel. Después dejaría brevemente a su pareja sin vigilancia, nadaba dentro de una ranura que podría servir para poner los huevos y saldría unos segundos más tarde.

“No estábamos seguros de lo que hacían. Es algo que no habíamos visto nunca", dice Sampaio, un estudiante de doctorado en la Universidad de Lisboa (Portugal) y en el Instituto de Comportamiento Animal Max Planck de Alemania.

Cuando le describió este comportamiento a Samantha Cheng, científica de la biodiversidad del Museo de Historia Natural Americana de Nueva York (Estados Unidos), le dijo que, en 2013, había registrado las mismas acciones entre los calamares ovalados machos en Indonesia. Aun así, no se había descrito este comportamiento en la literatura científica en relación a ningún calamar, pulpo u otro cefalópodo.

En un nuevo estudio publicado en la revista  Ecology, Sampaio y Cheng detallan este comportamiento y explican su teoría de es un ejemplo de cuidado parental, algo que nunca se había visto en un calamar. "El sondeo de ubicaciones", en el que un macho investiga posibles nidos antes de que la hembra ponga los huevos, es algo común en especies monógamas, pero el cuidado parental de cualquier tipo entre los cefalópodos es extremadamente raro.

Aunque los científicos todavía no entienden del todo el fenómeno, este descubrimiento podría cambiar el conocimiento de los científicos sobre la reproducción de los calamares. Demuestra que las dinámicas entre machos y hembras de calamar son "mucho más complejas de los que pensábamos. Tenemos tanto más que aprender", dice Sampaio.

Los calamares machos se comprometen con sus genes

Los científicos compararon las imágenes grabadas por Cheng en Indonesia y las de Sampaio en Egipto y pudieron concluir que el sondeo de localización era intencionado, no una ocurrencia al azar. También notaron que, en algunos casos, mientras la hembra se quedaba sin vigilancia, otros machos aprovechaban para aparearse con ella.

Pero ¿por qué abandonaría el macho a su pareja? Incluso una breve ausencia da una oportunidad a otros macho para aparearse con la hembra. Dejar a la hembra amenaza su éxito reproductivo, por lo que los investigadores pensaron que debía haber una buena razón para ello.

Dado que los investigadores no han podido observar realmente lo que ocurre en la ranura, el macho podría estar "limpiando la zona, asegurándose de que tiene un buen sustrato a los que adherir los huevos, mirando a ver si hay otro macho, o un depredador, acechando, o que es un lugar seguro para los huevos", dice Sampaio. 

Todo esto apunta a que los machos de calamares de los arrecifes tienen un compromiso mayor en su descendencia genética de lo que se pensaba.

Entre los calamares, en entre los cefalópodos en general, las hembras son normalmente las que se ocupan de los huevos hasta que eclosionan, limpiándolos con sus tentáculos y aportándoles oxígeno aumentando la corriente de agua a su alrededor con sus aletas y tentáculos. Los machos no juegan ningún papel. En muchas especies, las hembras mueran una vez los huevos eclosionan. 

El español experto en cefalópodos Fernando Ángel Fernández-Álvarez, investigador postdoctoral en el Consejo de Investigación Irlandés y la Universidad Nacional de Irlanda de Galway, también se muestra sorprendido por este descubrimiento.

"Nunca he visto nada parecido en cefalópodos", dice Fernández-Álvarez, que no estuvo involucrado en los estudios pero que cree que el hallazgo tiene fundamento; "estos machos [dominantes] no suelen alejarse mucho de las hembras porque otro macho se podría aparear con ella".

El "¿Y ahora qué?" de los calamares

Para Fernández-Álvarez, el nuevo estudio subraya la importancia de estudiar más a los cefalópodos en estado salvaje.

"La mayoría de lo que sabemos del comportamiento de esta especie viene de los estudios en acuarios", dice, y podría ser que esos ecosistemas artificiales sean demasiado simples para que los animales hagan un sondeo de localización.

Ahora, Sampaio y Cheng están poniéndose en contacto con otros científicos para comprobar si los calamares ovalados de otros sitios del mundo comparten este comportamiento de apareamiento.

"El mayor reto a la hora de estudiar especies que viven en un área tan extendida es tener una muestra amplia y representativa. Al unir fuerzas con otros científicos, podríamos conseguir tiempo y recursos para colaborar en un estudio global", dice Cheng.

Pese a lo que se pueda encontrar, no hay duda que el calamar, y posiblemente otros cefalópodos, tienen unas costumbres de apareamiento más sofisticadas de los que nunca imaginamos.

"Cuanto más aprendemos del calamar", dice Sampaio; "más nos sorprendemos de sus complejidades y peculiaridades".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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