Los casos de colaboración humano-animal para buscar comida son escasos y están desapareciendo

Pájaros indicadores, delfines y, antaño, lobos: se han registrado muy pocos casos en los que humanos y animales cooperen para encontrar comida, y un nuevo estudio ayuda a explicar por qué.

Por Melanie Haiken
Publicado 18 ene 2024, 15:58 CET, Actualizado 5 feb 2024, 10:05 CET
Un investigador libera un pájaro indicador en Mozambique

Un investigador libera un mielero mayor en Mozambique. Estas aves mantienen una relación mutuamente beneficiosa con los humanos que recolectan miel silvestre en África Oriental. Es uno de los pocos casos de colaboración entre animales salvajes y personas.

Fotografía de Thomas Peschak

Buscar miel silvestre es una tarea complicada. Los nidos de abejas son difíciles de encontrar y sus habitantes no dudarán en picar a los forasteros para defenderse. Pero en una rara colaboración milenaria, los cazadores de miel africanos reciben ayuda de un pequeño pájaro pardo llamado indicador grande (Indicator indicator). Este animal guía al cazador de miel hasta el nido, normalmente escondido en las ramas o huecos de un árbol, y entonces el cazador de miel utiliza humo o herramientas para someter a las abejas y sacar la miel. Como recompensa, el asistente aviar obtiene la cera de abeja, un alimento básico de su dieta.

Las colaboraciones de este tipo entre humanos y animales salvajes son extremadamente raras, con sólo unos pocos ejemplos documentados en todo el mundo (y que están desapareciendo rápidamente). La caza de la miel con guías, antaño muy extendida por todo el continente, sólo es practicada ahora por unos pocos grupos étnicos de África Oriental, sobre todo en zonas rurales de Mozambique, Tanzania y Kenia.

Los pájaros indicadores ayudan a los cazadores de miel a encontrar nidos de abejas y, como recompensa, reciben cera de abejas, un alimento básico de su dieta.

Fotografía de Thomas Peschak

La comunidad científica lleva mucho tiempo fascinada por la insólita relación entre el ser humano y la miel. Ahora, un reciente estudio publicado en Science demuestra que la relación es aún más estrecha de lo que se pensaba: los pájaros indicadores pueden aprender y reaccionar a las señales vocales específicas que utilizan las distintas comunidades de cazadores de miel.

"Sabemos que hay un proceso de aprendizaje en el lado humano. Sabemos que la gente aprende diferentes señales para comunicarse con las aves por el hecho de haber crecido en una determinada cultura humana que lo hace de una determinada manera", dice el coautor Brian Wood, profesor asociado de la Universidad de California en Estados Unidos y explorador de National Geographic; "queríamos saber si también hay un proceso de aprendizaje en el lado de las aves de la relación".

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Una comunicación compleja entre humanos y animales

Caminando por la naturaleza con los cazadores de miel, los investigadores reprodujeron llamadas pregrabadas de guías melíferas utilizadas por dos comunidades distintas de África oriental junto con un sonido de control, y observaron con qué frecuencia se acercaba una guía melífera.

"Hay entre dos y tres veces más probabilidades de que las aves respondan a la señal de un cazador de miel local", afirma Wood, que realizó el estudio con la autora principal, Claire Spottiswoode, investigadora de la Universidad de Ciudad del Cabo (Sudádrica) y la Universidad de Cambridge (Reino Unido), y directora del Human Honeyguide Project.

Según Mauricio Cantor, de la Universidad Estatal de Oregón (EE. UU.), experto en mutualismo que no participó en el estudio, la investigación ofrece una visión crítica de la compleja comunicación que existe en las relaciones entre humanos y animales.

"Puedes preguntarle a los humanos y te dirán que los pájaros les responden a través de su propia percepción. Pero no sabemos si los pájaros responden o no a determinadas llamadas", afirma Cantor, que también es explorador de National Geographic; "este estudio es tan elegante que prueba cómo las aves reconocen y reaccionan a las señales precisas de una forma muy sencilla y clara".

Cantor estudia la cooperación entre los pescadores artesanales del sur de Brasil y los delfines mulares de Lahille, que señalan la presencia de bancos migratorios de salmonetes zambulléndose, saltando o dando palmadas con la cola o la cabeza en el agua, y luego acorralan a los peces hacia la orilla, donde esperan las redes de los pescadores. Cantor descubrió que los pescadores que se asociaban con delfines capturaban casi cuatro veces más salmonetes, mientras que los delfines comían mejor y vivían más tiempo.

"Los humanos son excelentes en el uso de herramientas como las redes para capturar la mayoría de los peces, pero no son muy buenos detectando los peces en el agua turbia", dice Cantor; "los delfines usan la ecolocalización para poder rastrear a los peces bajo el agua, y son buenos arreando a los peces hacia los humanos".

En Myanmar, los delfines del Irrawaddy de agua dulce mantienen una asociación similar con los humanos, que a menudo los llaman a su servicio golpeando palos contra los costados de sus embarcaciones.

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¿Por qué hay tan pocos casos de cooperación entre humanos y animales?

Pero si estos casos de cooperación benefician a todos los implicados, ¿por qué son tan raros? "Para que los humanos y los animales unan sus fuerzas de este modo, tienen que darse unos cuantos elementos", afirma Cantor, entre ellos un recurso lo bastante abundante como para que humanos y animales no compitan entre sí, y habilidades de caza complementarias. Por lo general, el ingrediente que falta es una comunicación eficaz. "¿Tenemos el mismo objetivo? ¿Y cómo vamos a coordinarnos para hacerlo juntos? ¿Y cuándo es el momento de salir?", dice; "pueden hacer falta mucho ensayo y error para que las poblaciones de humanos y animales coevolucionen en un sistema así".

Históricamente, el mutualismo puede haber estado más extendido cuando las personas dependían de la búsqueda de comida, la caza y la pesca. Existen registros de orcas que ayudaban a balleneros aborígenes e inmigrantes escoceses en el siglo XIX a capturar jorobadas y otras especies en el sureste de Australia, por lo que eran recompensadas con una parte de la carne.

En Norteamérica, los indígenas cazaban en cooperación con los lobos, según las investigaciones del biólogo evolutivo Raymond Pierotti, de la Universidad de Kansas (EE. UU.). Esta relación de interdependencia, que posiblemente se remonta al Paleolítico, pudo contribuir a la domesticación de los perros cuando los cazadores optaron por asociarse con lobos más sociables y menos agresivos.

Según un artículo de Spottiswoode, Cantor, Pierotti, Wood y sus colegas publicado en 2022, con el abandono de la caza y la búsqueda de alimentos por parte de los humanos, cada vez es más importante salvaguardar las colaboraciones que quedan entre humanos y animales salvajes.

Los lobos fueron prácticamente eliminados de los Estados Unidos contiguos a través de la caza, lo que llevó a la desaparición de la relación de caza lobo-humano, mientras que la matanza de ballenas (incluida la matanza intencionada de varias orcas cooperadoras por colonos europeos) contribuyó al fin de la cooperación orca-humano en Australia. Los delfines del Irrawaddy son ahora menos de 80, lo que amenaza las relaciones de pesca entre delfines y humanos en Myanmar. Y el auge de la pesca industrial, el aumento del tráfico marítimo y la contaminación de las vías fluviales en Brasil han dejado sólo dos aldeas que cooperan en la pesca del mújol con los delfines de Lahille. Además, los métodos modernos de caza y pesca, como las armas de fuego y las embarcaciones motorizadas, han reducido la necesidad de que las personas cooperen con los animales, y el mayor riesgo de lesiones para los posibles socios animales les ha disuadido de participar.

En lo que respecta a los pájaros indicadores y los cazadores de miel, también influyen la economía, los cambios en el uso del suelo, el crecimiento demográfico y otros factores. Según Wood, el auge de la apicultura y los edulcorantes alternativos baratos y fáciles de conseguir ha provocado un descenso de la demanda de miel silvestre. "Y las zonas silvestres que pueden albergar colonias de abejas están cada vez más fuera del alcance de las comunidades locales, por lo que la gente se está quedando fuera de sus zonas tradicionales de forrajeo", afirma.

Por último, los conocimientos esenciales para la caza, la pesca y la búsqueda de alimentos en cooperación están desapareciendo a medida que las nuevas generaciones se alejan de estas prácticas, que requieren mucho trabajo, y a menudo de los medios de subsistencia rurales.

Según los investigadores, la pérdida de estas tradiciones tiene repercusiones que van mucho más allá de las comunidades locales que las practican. "Hay algo casi mítico en ser guiado por el bosque por un animal salvaje, por un pájaro", afirma Wood. "Nos permite vislumbrar un tipo de relación completamente diferente entre los humanos y otras especies, y un reconocimiento de posibilidades más amplias de cómo los humanos pueden abrirse camino en el mundo".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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