¿Por qué cambia la altura del Everest?

Un antiguo choque geológico dio lugar a la cordillera del Himalaya, una colisión que continúa en la actualidad.

Publicado 15 dic. 2020 11:18 CET
Everest

Los primeros rayos de sol matutinos brillan sobre el pico del Everest.

Fotografía de Edson Vandeira, National Geographic Image Collection

Los escaladores que alcanzan la cima del Everest quizá no lo sepan, pero bajo el manto de nieve hay una extensión de rocas grises jaspeadas que antes yacían en el fondo del océano.

Las rocas llegaron a este insólito lugar, a casi 9000 metros sobre el nivel del mar, gracias a la lenta marcha de las placas tectónicas, unas losas de roca sólida que componen la capa externa y fracturada de nuestro planeta. Estas placas compiten constantemente por su posición, modificando la amplia gama de formaciones visibles en la superficie. En algunos lugares, las placas se separan creando valles en la tierra. En otras, colisionan, alzando las montañas hacia los cielos.

El Everest, ubicado en la frontera entre el Tíbet y Nepal, se formó debido a un violento choque tectónico entre las placas tectónicas índica y euroasiática hace decenas de millones de años. La colisión arrugó el paisaje, elevando montañas a lo largo de unos 2400 kilómetros, una cordillera que ahora conocemos como el Himalaya. Aunque aún quedan muchos misterios sobre los pasos exactos que siguió este choque continental, la colisión continúa hasta la actualidad, que es en parte el motivo por el que la altura del Everest sigue cambiando.

El nacimiento de una cordillera

La historia del Himalaya comienza hace unos 200 millones de años, cuando el supercontinente Pangea empezó a dividirse. La placa índica se soltó y se desplazó al norte hacia la masa continental que ahora conocemos como Asia. La placa índica avanzó a gran velocidad, geológicamente hablando, moviéndose casi nueve metros o más cada siglo.

En aquella época, el vasto océano Tetis llenaba la separación entre la India y Eurasia, pero a medida que la placa índica se desplazaba hacia el norte, el océano empezó a cerrarse. La placa sumergida, compuesta de corteza oceánica densa, se introdujo bajo el límite meridional de las rocas más boyantes de la placa continental euroasiática, creando una zona de subducción. El lento hundimiento de la placa oceánica en el manto raspó una capa gruesa de sedimentos del fondo del mar y los apiló en el borde de la placa euroasiática. Más adelante, esta capa arenosa se comprimiría para formar roca y acabaría en lo alto de los picos montañosos.

Hace unos 50 millones de años, la velocidad de la placa índica descendió precipitadamente, un cambio que muchos científicos interpretaron como las primeras fases de la colisión de la placa con Eurasia. Otras evidencias halladas en sedimentos marinos sugieren que la franja final del océano Tetis se cerró hace entre 50 y 60 millones de años.

A diferencia de una placa oceánica, que es fría y densa, la placa continental índica es gruesa y boyante. Así que, a medida que los continentes se comprimían y la India se introducía bajo Asia, la superficie cedió y la corteza se engrosó, formando lo que finalmente se convertiría en la imponente cordillera del Himalaya. O, al menos, esa es la versión más aceptada de la historia.

Pero a medida que los científicos analizan cada recodo, grieta y roca de este sistema, han surgido muchos misterios. El estudio de los antiguos patrones magnéticos de la roca permite a los investigadores cartografiar la posición de un continente a lo largo del tiempo y los trabajos recientes que han empleado este método han revelado que, cuando supuestamente tuvo lugar la colisión que formó las montañas, hace unos 55 millones de años, la India habría estado muy al sur de Eurasia. Esto dejaría un misterioso hueco entre los dos continentes.

¿Colisionó inicialmente la placa índica con una masa continental desaparecida que se encontraba entre dos bloques continentales más grandes? ¿Podría el extremo septentrional de la placa índica haberse extendido mucho más lejos de lo pensado? ¿Por qué se movía tan rápido la placa índica antes del impacto? Estas son algunas de las muchas incógnitas que los científicos tratan de desentrañar.

La vista desde el campamento base norte del Everest muestra la ruta a los campamentos más altos de camino a la cima de la montaña.

Fotografía de Renan Ozturk, National Geographic

Crecimiento y decrecimiento continuos

Independientemente de cuándo comenzara, la colisión que formó el Everest continúa hoy en día. La India se desplaza hacia el norte unos cuatro centímetros cada año y los científicos estiman que el impacto con Eurasia podría hacer que las montañas alcancen alturas superiores, con una elevación media estimada en unos 10 milímetros al año en las secciones noroccidentales de la cordillera y de casi un milímetro al año en el Everest.

El crecimiento puede producirse a trompicones, provocado por cambios más violentos en el paisaje. A medida que la India se introduce bajo Eurasia, no siempre lo hace con suavidad. Cuando la tierra se comprime, se acumula la presión hasta alcanzar un punto crítico. Los bloques de tierra pueden moverse de forma repentina, sacudiendo el suelo en un terremoto.

Con todo, la montaña no crece necesariamente durante los terremotos. Dependiendo de cómo y dónde se desplace el suelo, los temblores pueden hacer que la montaña crezca o mengüe en cantidades pequeñas. Esto podría haber pasado durante el terremoto de 2015 en Nepal, según datos por satélite.

Asimismo, mientras las rocas se elevan hacia los cielos, la erosión actúa contra la progresión ascendente. El viento y el agua liman poco a poco la superficie, arrastrando los sedimentos a los arroyos que fluyen montaña abajo. En el Himalaya, gran parte del sedimento circula por los ríos Ganges y Brahmaputra. La arena sale del agua a medida que la pendiente disminuye al pie de la montaña en el mayor delta fluvial del mundo, formando la tierra que yace bajo la mayor parte de Bangladés y el estado indio de Bengala Occidental.

Aunque la erosión y la gravedad mantienen a raya estas montañas imponentes, las placas tectónicas mantienen su danza geológica y el Everest seguirá siguiendo su ritmo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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