Así se ha entrenado Japón durante décadas para ser resiliente a los terremotos

El país se ha ganado la reputación de ser una de las naciones más preparadas para las catástrofes del mundo, especialmente los temblores de tierra.

El Tokyo Skytree, uno de los rascacielos más reconocibles de la capital, ha sido construido para resistir incluso grandes terremotos.

Fotografía de Zhang Xiaoyu Xinhua, eyevine, Redux
Por Colleen Hagerty
Publicado 5 ene 2024, 14:11 CET

Días después de que un fuerte terremoto sacudiera la costa occidental de Japón el 1 de enero de 2024, la difícil búsqueda de supervivientes sigue en marcha. El seísmo de magnitud 7,6 frente a la costa de la península de Noto produjo las sacudidas más fuertes que la región había experimentado en décadas, provocando una orden de evacuación por tsunami para casi 100 000 personas. Aunque la evaluación de los daños aún no ha concluido, los primeros informes estiman que cientos de casas quedaron destruidas por el seísmo y los incendios subsiguientes, y hasta el momento se han confirmado más de 80 muertes.

Sin embargo, la sismóloga Lucy Jones cree que la intensidad y la ubicación en alta mar de este terremoto podrían haber causado una devastación mucho mayor si el país hubiera estado menos preparado. En X, Jones alabó los "estrictos y aplicados códigos de construcción" de Japón, que según ella hicieron que los daños fueran "mucho menores de lo que podrían haber sido".

Japón es uno de los países con mayor actividad sísmica del mundo. Su ubicación entre cuatro placas tectónicas significa que los terremotos son una certeza. Aunque a menudo pasan desapercibidos para la gente que camina por encima de ellos, los temblores sísmicos son cotidianos en un país que, según el Consorcio EarthScope, experimenta unos 1500 terremotos perceptibles cada año. Teniendo en cuenta este riesgo, encontrar formas de vivir con los seísmos forma parte de la estructura física y social de las comunidades japonesas.

(Relacionado: Terremotos: ¿por qué tiembla la Tierra?)

Adaptación a los grandes terremotos

Según Keith Porter, ingeniero jefe del Instituto para la Reducción de Pérdidas Catastróficas de Canadá, la mejor manera de prepararse para los grandes terremotos suele ser una tarea ardua, basada en los conocimientos adquiridos en catástrofes anteriores. En Japón, las normas sísmicas para la construcción se introdujeron por primera vez después de que un terremoto de magnitud 7,9 en 1923 matara a más de 140 000 personas y redujera a escombros cientos de miles de estructuras. Estas primeras normativas se centraron en reforzar las nuevas estructuras que se construían en las zonas urbanas, añadiendo supervisión a la construcción de edificios de madera y hormigón.

El código sísmico ha sufrido una serie de cambios significativos en las décadas posteriores, sobre todo a través de la Ley de Normas de Edificación de 1950 y la Nueva Enmienda de Normas de Edificación Sismorresistente de 1981. Además de establecer las especificaciones de construcción, estas leyes fijaron las expectativas sobre el comportamiento de los edificios en caso de terremoto. La Ley de 1950 estableció una norma según la cual se esperaba que los edificios resistieran terremotos de hasta una magnitud 7 sin problemas graves. La enmienda de 1981 es un poco más específica en cuanto a los daños que pueden producirse, y establece que cuando se produce un seísmo de magnitud 7, el edificio sólo debe sufrir daños menores, pero seguir funcionando como de costumbre. Para terremotos más fuertes, la ley japonesa dice que el edificio simplemente no debe derrumbarse. 

En otras palabras, cuando se trata de resistir grandes terremotos como el del primer día de 2024, "el edificio se considera un éxito si no se derrumba ni mata a nadie, aunque los daños sean tan grandes que no puedan repararse económicamente", explica Porter. La norma en estadounidense es similar, añade, y se centra más en salvar vidas que en la integridad estructural a largo plazo. Aunque se trata de una prioridad clara, Porter afirma que la aceptación de grados de daño puede, en última instancia, acarrear costes más elevados y más problemas de mantenimiento en el futuro. En España, la Norma de Construcción Sismoresistente (NCSE-02) señala que su objeto es "evitar la pérdida de vidas humanas y el coste económico que puedan ocasionar los futuros terremotos", además el CTE

Varias personas se agachan tras un terremoto en los Estudios Universal de Japón, en Osaka. La legislación japonesa exige que los nuevos edificios cumplan ciertos requisitos para resistir terremotos, y la preparación ante catástrofes es una forma de vida.

Fotografía de Kyodo News, AP

Diseñando para las sacudidas

En Japón existen diversas técnicas para cumplir estas normas, y la elección de una u otra suele depender del tipo de estructura (como un rascacielos o una vivienda unifamiliar) y del presupuesto disponible, entre otras consideraciones. A nivel básico, los edificios se fortifican con vigas, pilares y muros más gruesos para resistir mejor las sacudidas.

También hay técnicas que ayudan a separar los edificios del movimiento del suelo. Un método popular consiste en instalar almohadillas de material absorbente, como el caucho, en la base de los cimientos de un edificio, para amortiguar el impacto del movimiento en la propia estructura. Otro método, el sistema de aislamiento de la base, consiste no sólo en colocar estas almohadillas en la base, sino en construir toda la estructura sobre un grueso acolchado para que haya una capa completa de separación entre la unidad y la tierra en movimiento.

Porter señala que muchos de los edificios japoneses más antiguos son construcciones tradicionales de estructura de madera de postes y vigas, que "tienden a ser muy frágiles" y vulnerables a los daños causados por los terremotos. Tras otro terremoto mortal en 1995, Japón empezó a centrarse en adaptar la arquitectura antigua para que fuera más resistente a los seísmos.

Por supuesto, nada de esto es infalible. Dependiendo de la ubicación del edificio, surgen problemas específicos, por ejemplo si está en una zona de licuefacción, en la que el suelo ya no puede soportar el peso de las estructuras. Y luego están las consecuencias secundarias que suelen seguir a los grandes terremotos, como incendios o daños por tsunamis.

Por eso la seguridad de los edificios es sólo una parte del enfoque japonés de la resistencia a los terremotos.

Los bomberos realizan una búsqueda en la ciudad de Suzu, donde un fuerte terremoto sacudió la costa occidental el primer día de 2024.

Fotografía de The Yomiuri Shimbun, AP Images

Tras el terremoto del día de Año Nuevo, el profesor de la Universidad de Tokio Toshitaka Katada declaró a Associated Press que cree que "probablemente no haya ningún pueblo en la Tierra que esté tan preparado para los desastres como los japoneses", dadas las medidas de preparación que se consideran rutinarias en el país, como los planes de evacuación y los simulacros. Los centros de evacuación, a menudo escuelas u otros lugares de reunión de la comunidad, están equipados con suministros de emergencia, y a los residentes se les dice que tengan también suministros de emergencia disponibles en sus casas. El país también cuenta con un sólido sistema de alerta, que se activó tanto para el terremoto de esta semana como para la amenaza de tsunami.

Según el científico social James D. Goltz, investigador invitado y miembro del Instituto de Investigación para la Prevención de Desastres de la Universidad de Kioto, este es otro ejemplo de cómo la experiencia adquirida en catástrofes anteriores ha ayudado a configurar este sistema de emergencia. Tras el Gran Terremoto del Este de Japón de 2011, un seísmo de magnitud 9 que desencadenó un tsunami mortal, Goltz afirma que se ha hecho un "verdadero hincapié en la educación" y en el papel no solo de las "estrategias de mitigación duras", como la mejora de las infraestructuras, sino también de las "estrategias de mitigación blandas", como la mejora de las alertas y la identificación de centros seguros frente a tsunamis.

Koichi Kusunoki, profesor del Instituto de Investigación de Terremotos de la Universidad de Tokio, afirma que él y sus colegas están realizando estudios de campo a lo largo de la península de Noto, lo que ofrece la oportunidad de comprender mejor los efectos del gran terremoto. Como han demostrado catástrofes anteriores, esta investigación puede ser el primer paso para comprender cómo los residentes pueden estar más seguros la próxima vez que la tierra empiece a temblar.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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