¿Para qué hemos enviado fósiles humanos antiguos al espacio?

Los huesos fosilizados de dos antiguos antepasados humanos viajaban a bordo del tercer vuelo espacial comercial de Virgin Galactic en una celebración del descubrimiento.

Por Erin Blakemore
Publicado 11 sept 2023, 11:40 CEST
El V.S.S. Unity de Virgin Galactic durante un vuelo espacial visto desde el suelo.

Los fósiles de dos de las primeras especies humanas (Australopithecus sediba y Homo naledi) fueron lanzados a una órbita inferior a bordo del V.S.S. Unity de Virgin Galactic el 8 de septiembre de 2023. Visto aquí durante un vuelo espacial anterior, este fue el tercer viaje comercial de la empresa al espacio.

Fotografía de Gene Blevins, AFP, Getty Images

El tercer vuelo espacial comercial de Virgin Galactic ya ha finalizado con éxito su misión de llegar al espacio. Con una diferencia: esta vez no sólo transportaba un cargamento de ricos inversores en busca del sabor de la microgravedad. A bordo también viajaban dos pasajeros muy diferentes: los fósiles de antiguos antepasados humanos descubiertos en la cuna de la humanidad.

En homenaje a la larga sed de exploración de la humanidad, un conjunto de huesos fosilizados de dos especies antiguas, Australopithecus sediba y Homo naledi, han sido puestos en órbita en la nave espacial de Virgin Galactic, V.S.S. Unity. Viajaron junto a tres astronautas privados, además de dos pilotos y un instructor de astronautas, todos catapultados al borde del espacio con un cohete que los impulsó brevemente a la microgravedad y a un apogeo de unos 90 0000 metros sobre la superficie de la Tierra antes de regresar al lugar de lanzamiento en Truth or Consequences, Nuevo México (Estados Unidos).

El explorador residente de National Geographic Lee Berger (izquierda) ha sido fundamental en la historia de las dos primeras especies humanas a bordo del vuelo de Virgin Galactic. Su hijo, Matthew (derecha), descubrió el fósil de Australopithecus sediba en Sudáfrica en 2008, cuando solo tenía 9 años.

Fotografía de Brent Stirton, Getty Images, Nat Geo Image Collection

Era la primera vez que el fósil de un antepasado humano viajaba al espacio. Pero, ¿por qué enviar fósiles al espacio? El empresario y filántropo Timothy Nash, que llevó los fósiles en el bolsillo durante el vuelo, explica a National Geographic que se trata de una oportunidad para reflexionar sobre el espíritu emprendedor de nuestros primeros antepasados.

"Estas primeras especies y parientes cercanos estaban realmente todos en un viaje de descubrimiento y exploración; a medida que evolucionaban salían del entorno en el que se encontraban, y poco a poco comenzaron a poblar el mundo".

Ambas especies de homínidos son relativamente nuevas en el registro científico. Lee Berger, paleoantropólogo y Explorador Residente de National Geographic, ha desempeñado un papel fundamental en la investigación de ambas especies: su hijo Matthew descubrió la clavícula fosilizada de Australopithecus sediba en Sudáfrica en 2008, mientras que Berger y un equipo de "astronautas subterráneos" descubrieron el Homo naledi en otra cueva sudafricana en 2013.

Aunque ambas especies están clasificadas como homínidos, una "tribu" zoológica de la que hoy sólo sobrevive el Homo sapiens, aún se debate sobre sus capacidades, su vida y su posición en nuestro árbol genealógico.

Aunque Berger y sus colegas sostienen que el Australopithecus sediba podría ser un antepasado humano directo, otros científicos creen que es poco probable debido al momento en que existió la especie y a su morfología. El Australopithecus sediba vivió hace unos 1,98 millones de años, unos 800 000 años antes del primer Homo sapiens conocido.

Un esqueleto compuesto de Homo naledi rodeado de algunos de los cientos de otros especímenes que Berger y su equipo encontraron en la cueva Rising Star en 2013. Un hueso del pulgar de este esqueleto fue seleccionado para el viaje a la suborbita de Virgin Galactic.

Fotografía de Robert Clark, Nat Geo Image Collection

El Homo naledi está más cerca de los humanos en el árbol genealógico, con una antigüedad estimada entre 236 000 y 335 000 años. Berger y su equipo afirman que las pruebas sugieren que el Homo naledi realizaba actividades similares a las humanas, como enterrar a sus muertos y crear arte, un precursor de la innovación humana moderna.

"Estas especies contribuyeron a lo que muchos consideran el mayor logro humano de todos los tiempos: [ir al] espacio", afirma Berger.

Sin embargo, las capacidades de los primeros homínidos siguen siendo objeto de acalorados debates y persisten los interrogantes sobre cómo los humanos evolucionaron desde criaturas de cerebro pequeño y aspecto primate hasta su forma moderna. Aun así, Berger afirma que la decisión de lanzar estos especímenes a la subórbita es una forma de honrar las profundas raíces de la ciencia y la innovación, que "casi siempre están en África, desde la invención del fuego hasta la creación de símbolos y arte y la elaboración de significados".

Las preguntas sobre las raíces de la humanidad intrigan desde hace tiempo a Nash, que se interesa desde hace tiempo por la evolución humana. Mucho antes de que el multimillonario se convirtiera en turista espacial, compró una gran franja de terreno en Sudáfrica conocida como la Cuna de la Humanidad. Esta tierra, que alberga la mayor concentración de restos ancestrales humanos del mundo (incluida la cueva donde se encontró el Australopithecus sediba), es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1999.

Nash compró el terreno para crear una reserva natural privada y dice estar tan comprometido con la protección de los lugares donde yacen los primeros antepasados de los humanos que tiene tatuado en el hombro a "Karabo", el niño cuya clavícula llevará al espacio.

También tiene otro tatuaje: el logotipo de Virgin Galactic. Nash fue uno de los cien primeros inversores de la empresa, y esperó pacientemente su turno para atravesar la atmósfera en un vuelo espacial comercial de una hora de duración que le llevaría, a él y a los fósiles, a velocidad Mach 3 y al espacio suborbital.

Este esqueleto de un Australopithecus sediba macho juvenil fue descubierto en la cueva sudafricana de Malapa en 2008. Una sección de la clavícula fue elegida para volar a bordo de la misión Virgin Galactic.

Fotografía de Brent Stirton, Getty Images, Nat Geo Image Collection

Para Nash, la idea de contemplar tanto la Tierra como la negrura del espacio ha suscitado reflexiones sobre lo lejos que ha llegado la humanidad. "Creo que va a ser la experiencia de mi vida", declaró a National Geographic antes del viaje. En cuanto al peligro de llevar fósiles únicos a la órbita subatómica con los vuelos espaciales comerciales aún en pañales, dice que merece la pena correr el riesgo. "Son sólo una parte muy pequeña del registro fósil, y han sido muy bien estudiados. Explorar implica riesgos. El avance humano exige riesgos".

Aun así, para estar seguros, planeó transportar los fósiles en un tubo de fibra de carbono que Berger vigilaría hasta una ceremonia poco después del despegue.

"Son dos de las cosas mejor estudiadas y reproducidas de nuestras colecciones", dice Berger, que cita la abundante documentación de los fósiles como una de las razones por las que fueron seleccionados para el vuelo espacial.

Otra es su resonancia. Berger dice que seleccionó la clavícula del Australopithecus sediba porque es la que descubrió su hijo, que entonces tenía 9 años, y que descubrió una especie de homínido desconocida hasta entonces. "Quiero que los niños sepan que hay cosas que se pueden descubrir y que los niños pueden contribuir enormemente", afirma.

La inclusión de un hueso del pulgar de Homo naledi, probablemente de una hembra, es también "particularmente conmovedora", dice Berger. "Es posible que tallaran símbolos significativos en la pared de la cueva, hicieran fuego y enterraran a los muertos", explica. "Adentrarse en lugares peligrosos, cuidar de tus seres queridos, los símbolos, preguntarse por nuestra propia mortalidad, la creación del fuego: todas estas cosas son necesarias para construir una nave espacial".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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