Historia

Arqueólogos españoles descubren una letrina de hienas de un millón de años de antigüedad

Una serie de muestras de heces fosilizadas preservan una intrigante información acerca de las condiciones y los hábitos de animales que vivieron hace un millón de años. Jueves, 9 Noviembre

Por Shaena Montanari

Los arqueólogos que trabajan en dos antiguos asentamientos humanos en España han descubierto recientemente un tesoro oculto de huesos, contenido dentro de montones de heces fosilizadas de hiena.

Estos excrementos de hace un millón de años forman parte de dos letrinas de hienas, zonas en las que estos carnívoros trituradores de huesos acumulaban sus desechos para marcar su territorio y mantener el resto de su hábitat limpio.

Las heces fosilizadas estaban llenas de fragmentos óseos, hongos y trozos de materia vegetal, incluyendo polen de árboles y de pastos. Los contenidos, junto con el tamaño y la textura de las muestras, ofrecen pistas acerca de las condiciones medioambientales en estos asentamientos hace cientos de miles de años.

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Por ejemplo, la apariencia de estas muestras de heces conservadas —o coprolitos en jerga paleontológica— pueden indicarnos si el paisaje era húmedo o seco, según explica el paleontólogo Martín Ezcurra, del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia en Buenos Aires (Argentina), quien no ha participado en este estudio.

En ocasiones «observamos grietas de desecación en la superficie», afirma. «Eso significa que fueron depositadas en un entorno de condiciones secas». Sin embargo, la mayoría de los coprolitos recién descubiertos no presentan grietas y, si se tienen en cuenta los tipos de polen que se encontraron en su interior, podríamos encontrarnos ante un entorno húmedo.

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Unas muestras de un millón de años

Las heces antiguas se encuentran con frecuencia en el registro fósil. Una de las muestras más grandes encontradas procede de un Tyrannosaurus rex. Los científicos también han examinado coprolitos de Neandertales en busca de pruebas sobre las complejas dietas de estos parientes humanos.

Aunque resulta muy inusual que los paleontólogos hayan tenido la suerte de hallar tal abundancia de coprolitos en forma de letrina fosilizada.

Antonio Pineda, un estudiante de grado en el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social  en Tarragona estaba excavando en el yacimiento en busca de herramientas de piedra y de rastros de antiguos humanos cuando encontró un montón de coprolitos de hiena.

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«Decidimos parar nuestra excavación y estudiar las letrinas de hiena», explica. Como informan en la edición de agosto de la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, él y su equipo encontraron decenas de coprolitos de hiena en acumulaciones separadas en dos yacimientos arqueológicos españoles: la Gran Dolina y la Mina. Ambos lugares representan entornos que existieron entre 800.000 o un millón de años atrás.

Las hienas modernas, como otros carnívoros como los tejones y las nutrias, crean letrinas como parte de un comportamiento social rutinario. El equipo del estudio pudo determinar fácilmente que las hienas eran las responsables de las letrinas en España, ya que estos carnívoros se encuentran entre los pocos mamíferos que se alimentan con regularidad de los huesos de sus presas.

En los entornos modernos, las heces de hiena son de un color blanco brillante debido al calcio que contienen los huesos que ingieren. En efecto, cuando Pineda y su equipo examinaron la composición química de los coprolitos, encontraron concentraciones muy altas de calcio y fósforo.

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Más sorpresas en el interior

Algunos coprolitos también contenían fragmentos óseos, que podrán ser identificados como pertenecientes a alguna de las especies que consumían y nos darán indicios sobre los otros animales que vivían en esa zona en aquel momento.

A su vez, algunos de estos animales de presa llevaban material microscópico que se ha preservado en las heces y proporciona pruebas medioambientales adicionales.

«Si la hiena se come a un ciervo y el ciervo ha comido algo de vegetación, la hiena también ingiere el polen del ciervo», explica Pineda. Señala que, por ejemplo, hay mucho polen de pino en estos coprolitos de un millón de años.

La localización de las letrinas también nos desvela los patrones de comportamiento de estas hienas. El estudio de Pineda revela que una de las letrinas era probablemente una llanura de inundación abierta, mientras que otra se encontraba en una cueva. Se sabe que las hienas modernas utilizan ambos tipos de localización para sus letrinas, y probablemente prefieren una cueva protegida, si disponen de ella.

El estudio en el futuro de las letrinas de hiena podría revelar más información misteriosa acerca de las poblaciones animales antiguas, añade Ezcurra.

«En las letrinas comunales que hemos estudiado, hay coprolitos de varios tamaños, lo que significa que ha sido utilizado por animales de diversas edades», explica. «Puede proporcionar información acerca de la dinámica y la composición de las poblaciones».

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