Los avances en la igualdad de la mujer en España desde 1975

Aún con mucho camino por delante, recorrer la historia de nuestras últimas décadas se traduce en la necesidad de recordar uno de los aspectos más importantes en el cambio de la sociedad española: el reconocimiento de los derechos de las mujeres.

Por Cristina Crespo Garay
Publicado 8 mar 2022, 15:24 CET
Manifestación convocada por Ángeles López de Ayala, principal precursora de la Sociedad progresiva femenina, en 1910.

Manifestación convocada por Ángeles López de Ayala, principal precursora de la Sociedad progresiva femenina, en 1910.

Fotografía de Wikimédia Commons

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es una fecha marcada en el calendario por las Naciones Unidas desde 1975 como un conmemorativo de la lucha por la igualdad de género que tiene sus revolucionarias raíces a principios del siglo XX, ya que las líderes del movimiento socialista que ansiaban conseguir la igualdad para las mujeres comenzaron a gestar este día hace más de un siglo.

“Nunca antes, a lo largo de la historia, ha habido, ni posiblemente habrá, una época de cambios tan extraordinarios para las mujeres como el siglo XX”, declara un portavoz del departamento de historia de la Universidade da Coruña.

“Desde la perspectiva de estos primeros lustros del siglo XXI, cualquier balance que nos propongamos hacer sobre la evolución del papel social de la mujer en los últimos años tiene que empezar reconociendo que el cambio ha sido espectacular, un cambio mayor cuanto más largo sea el período de tiempo que se analice, hasta el punto de que se ha dicho que la Revolución de la Mujer ha constituido uno de los fenómenos más importantes del siglo XX”.

El progreso de las últimas décadas en nuestro país, que además han coincidido con el tránsito a la democracia, corrobora una fuerte transformación, agudizada por la circunstancia de que el retraso que padecíamos era mayor que el de nuestros países vecinos.

“Uno de los aspectos más destacables en el cambio de la sociedad española desde los últimos 30 años es el papel que las mujeres desempeñan en la sociedad”, coincide la escritora Matilde Alonso en su obra La transformación cultural en la España contemporánea y el papel de la mujer en la sociedad española.

“Si bien es cierto que se arrastran aún comportamientos característicos de épocas pasadas, sobre todo en las mujeres de más edad y que corresponden a generaciones que vivieron el franquismo en su vida adulta o que recibieron su educación bajo ese período”.

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Ya en 1909, el movimiento obrero y la presión por el sufragio femenino estaban cobrando impulso en Estados Unidos. Sin embargo, en el siglo XIX, diferentes autoras señalaron que el movimiento sufragista en España no tuvo el impulso que tuvo en Estados Unidos o en Gran Bretaña y tampoco se dieron a la par.

La escritora española Josefa Amar y Borbón sitúa el inicio del feminismo español en la Institución Libre de Enseñanza, a través de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer que se creó en 1870 con la colaboración de Concepción Arenal Ponte, periodista, poeta, autora y experta en derecho pionera del feminismo español.

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La razón de este retraso no tiene su origen en los 40 años de la dictadura de Franco, sino que se arrastra desde mucho tiempo antes, si comparamos con otros países industrializados donde las mujeres habían conseguido cotas de libertad que no se daban en España.

La mujer antes de la dictadura

A finales del siglo XIX fue cuando se gestaron en nuestro país las primeras organizaciones que se sumarían a la lucha de Estados Unidos para avanzar en las libertades y la igualdad de derechos.

Entre las primeras está la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona fundada por Ángeles López de Ayala, que en 1897 dio paso a la Sociedad Progresiva Femenina, año en el que también se creó la Asociación General Femenina de Valencia y la Federación Malagueña de Sociedades de Resistencia. En 1918 nace oficialmente la Asociación Nacional de Mujeres Españolas.

Las guerras mundiales, de 1914 a 1919 y sobre todo de 1940 a 1945, provocaron la incorporación masiva de mujeres al trabajo, sustituyendo a los hombres que estaban en el frente, lo que fue el inicio de una revolución femenina que continúa hoy en día.

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La primera vez que las mujeres españolas votaron y concurrieron en las mismas condiciones de igualdad ante las urnas que los hombres fue el 19 de noviembre de 1933 tras la aprobación de la Constitución de la Segunda República en 1931 que estableció sobre la base del principio general de igualdad ante la ley los mismos derechos electorales para mujeres y hombres.

Tiempo de Silencio

Sin embargo, el camino hacia la igualdad en España ha estado muy influenciado por la dictadura, llamado Tiempo de Silencio por el escritor Martín Santos. Estos años marcaron un código de moralidad cuyos valores sociales y legales establecían estrictos estándares de conducta sexual para las mujeres – que no establecían para los hombres -. También se restringieron las oportunidades de realizar carreras profesionales para las mujeres y se potenció el papel como esposas y madres. Se prohibió el divorcio, la anticoncepción y el aborto.

Los avances de la igualdad de género como derecho fundamental son el resultado de la lucha del movimiento de las mujeres de esas organizaciones feministas que se enfrentaron a la España franquista, momento en el que se restringieron duramente los derechos de las mujeres.

Durante el franquismo la ley había discriminado a las mujeres casadas de forma especialmente grave, ya que necesitaban un permiso marital para realizar cualquier actividad económica, incluido el tener un empleo, propiedades o viajar fuera del país.

Vuelta a la casilla de salida

Las reformas de este sistema comenzaron un poco antes de la muerte de Franco y continuaron tras la vuelta a un sistema democrático, durante la Transición. En este momento, se vivió un proceso gradual en la recuperación de esos derechos: el permiso marital fue abolido en 1975, las leyes contra el adulterio canceladas en 1978, el divorcio fue legalizado en 1981 y una primera despanalización del aborto en 1985.

“La aprobación de la Constitución [1978] fue la aportación más importante de esta etapa. Aunque no recogió todas las demandas, la existencia del movimiento de mujeres tuvo muchas repercusiones en las instituciones. Se crearon grupos de estudio sobre la mujer en los sindicatos, las universidades, los medios de comunicación…”, afirma la experta.

Durante esta etapa, además de abolir las leyes antidemocráticas que se habían instaurado en España, el cambio en el estatus de las mujeres fue especialmente significativo: a finales de la década de 1970, el 22 por ciento de las mujeres españolas había entrado al mercado laboral, mientras que para el año 1984 la cifra era de un 33 por ciento.

Sin embargo, las mujeres aún representaban menos de un tercio de la fuerza laboral global y en algunos sectores se aproximaba a una décima parte. Para el año 1983, el 46 por ciento de las matriculas universitarias eran de mujeres, cifra que comenzaba a ir en la línea del resto de Europa.

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“El periodo de la Transición fue un marco político propicio para el movimiento feminista español pues el interés que el tema de la mujer despierta hace que los partidos políticos creen organizaciones de mujeres”, afirma. “En los años siguientes experimentó un gran crecimiento y surgieron grupos en todas las regiones, se abrieron bares, librerías, editoriales y grupos de estudios feministas, se promovieron charlas en sindicatos, asociaciones de vecinos, universidades, centros culturales y demás organizaciones ciudadanas”.

La cronología del avance

Según estos datos, tras la vuelta a la democracia, se sucedieron una serie de mejoras importantes. La primera de ellas se dio en 1976, cuando fue aprobada la Ley de Reforma Laboral, que incluía mejoras para la conciliación de maternidad y trabajo. Al año siguiente se produjo la firma de los Pactos de Moncloa en relación a los derechos de las mujeres que establecieron la despenalización del adulterio y de la utilización de anticonceptivos.

“Entre otras muchas cosas, se aprobó una ley de divorcio, la igualdad de los cónyuges en el matrimonio y la igualdad de derechos entre los niños y niñas dentro y fuera de matrimonio, igualdad entre los sexos y eliminación de todas las formas de discriminación con ser la base de las normas relativas a los derechos fundamentales y libertades”, afirma Alonso.

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Con la aprobación de la Constitución Española en 1978 equiparó, en su artículo 14, la igualdad del hombre y la mujer ante la ley. No fue hasta 5 años más tardes cuando se creó el Instituto de la Mujer, y en 1985 finalmente se despenalizó el aborto en los casos en los que suponga un riesgo grave para la salud física o psíquica de la mujer embarazada, en caso de violación o malformación.

A pesar de los logros, otros avances en materia de igualdad llevaron, y aún llevan, otro ritmo. Por ejemplo, no fue hasta un caso de 1987 cuando el Tribunal Supremo de España sostuvo que una víctima de violación no tenía que probar que había luchado para verificar la verdad de su denuncia. Hasta este importante caso judicial, la víctima debía demostrar que no había tentado el ser atacada.

Un paso más cerca

“Resulta evidente que durante los 25 o 30 últimos años se han dado pasos de gigante para conseguir equilibrar la situación de los derechos femeninos, pero también es evidente que quedan muchas cosas que solucionar”.

Durante el siglo XXI se han aprobado leyes como la Ley Integral contra la Violencia de Género en 2004 o la Ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres en 2007. Pero aún a día de hoy queda mucho camino por recorrer.

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A nivel legislativo, aún se mantiene la discriminación entre hombres y mujeres en la sucesión de la corona. La brecha salarial continúa en cifras entre un 13 por ciento en el sector público y un 19 por ciento en el privado. La violencia de género sigue presente día a día en nuestro país y los estereotipos en la representación en los medios de comunicación o la televisión persisten en gran medida.

Tras las elecciones legislativas de abril de 2019, el Congreso español es el más paritario de toda Europa con 164 diputadas -26 más que la anterior legislatura- un 46,8% de representación femenina, según Eurostat.

“A pesar de todos estos excelentes resultados, aun queda un largo camino por recorrer para lograr la total integración y la plena igualdad con el hombre”, asegura la experta. “Hay cosas inminentes que resolver, como las diferencias salariales realizando el mismo trabajo, más paro femenino que masculino, el cuidado de niños y ancianos que son solo unos pocos ejemplos. En general, se aprecian aún ciertas barreras sociales que dificultan la completa realización de las mujeres en el triple ámbito, familiar, social y profesional.”

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